Archipiélago, Jacek Yerka
11/30/2009 07:29:00 PM |
Tazze con cappuccino, por Federico Landi
El café de los escritores está en una pequeña calle en el barrio más antiguo y maltratado de la ciudad. Las casas vecinas sufren de problemas de piel, y sus fachadas se desconchan a jirones hasta el suelo. En realidad todo está abandonado y maltratado. Un lío. En otra época este barrió debió tener encanto. Estos portales y balcones ahora maltratados debieron de esconder algo de luz. Pero ya no. Eso es evidente.

Sin embargo, pese a que el entorno es frío y desolado, una puerta aparece y se abre hacia el café de los escritores. En la ciudad ya casi nadie lo conoce, y para llegar a él hay que perderse al menos tres veces para desembocar en su puerta.

Pero cuando se llega, cuando al fin se consigue llegar, tras esta puerta te recibe un señor muy mayor llamado Miguel, que inmediatamente te atiende y te ofrece el menú.

· Te a la tinta roja,
· café con tinta,
· tinta con leche
· bebidas de elevado porcentaje de tinta (Estos solo los ofrece más tarde de las ocho de la noche. Está prohibido vender hasta entonces).

Se puede elegir, barra y conversación o bien, mesa y degustación de los mejores papeles de la ciudad. Si se elige la primera opción, a este café suelen acudir los paladares más selectos y siempre dan consejos útiles sobre como acariciar una tinta o como agitarla y sacarla de su letargo.
Nunca escatiman en amabilidad y siempre te pasan una mano por el hombro.
La cafetería tiene humos y humores diversos. Ya estés en la barra, o sentado en una mesa, hay un revoloteo de pensamientos que no le dejan en paz a uno. Ya se sabe que la digestión del papel es difícil, pero aquí cuentan con los mejores y eso se nota en la digestión mental.
Si bien se ha elegido mesa y degustación, en unos momentos llega el joven camarero que se llama José y le ofrece el menú de comidas:

· Disponemos de un Guitarrista, reserva de Luis Landero.
· Por otro lado, nos acaba de llegar un Bolaño, muy bien acompañado con unos microcuentos Monterrosianos.
· También tenemos un Demián, muy crujiente y profundo a la salsa de psicología. Este es mi favorito.
· Por último le puedo ofrecer nuestra especialidad de la casa. Se trata de un papel que al saborearlo, suena como cuando la tierra seca traga agua. Es un Don Quijote reluciente y brillante. Estamos orgullosos de él. Es nuestro mejor plato.

El postre, como no, solo es uno. Se trata de un cuaderno en blanco, para que el cliente pueda escribir lo que le dé la real gana.
11/25/2009 06:58:00 PM |


Mira, ya se que te vas asustar y todo eso porque es la primera vez que ves a un gato que habla y además a estas horas. Si no estuviera desesperado no lo haría, de verdad. Para mí también es un trauma esto de hablar con los humanos, porque los gatos tenemos un acento bastante estúpido y parece que no sabemos hablar.


Bueno, vamos al tema. Si te estoy hablando aquí y ahora, es porque estoy enamorado perdidamente de tu gata Luci. Es la gata de mi vida y ya no se que puedo hacer. Como soy un gato de la calle, no deja de despreciarme y mirarme como por encima del lomo. Yo quiero ser su pareja y lamerle las patitas y cuidarla cuando le haga falta, pero ella no me hace ni caso. Yo soy un gato sensible y sufro mucho.


Entiendo que tú eres su dueña y que solo deseas lo mejor para ella, y por eso te digo estas cosas para que intentes convencerla para que reconsidere su postura.


Mira, ya se que te vas asustar y todo eso porque es la primera vez que ves a un gato que habla y además a estas horas. Si no estuviera desesperado no lo haría, de verdad. Para mí también es un trauma esto de hablar con los humanos, porque los gatos tenemos un acento bastante estúpido y parece que no sabemos hablar.

Bueno, vamos al tema. Si te estoy hablando aquí y ahora, es porque estoy enamorado perdidamente de tu gata Luci. Es la gata de mi vida y ya no se que puedo hacer. Como soy un gato de la calle, no deja de despreciarme y mirarme como por encima del lomo. Yo quiero ser su pareja y lamerle las patitas y cuidarla cuando le haga falta, pero ella no me hace ni caso. Yo soy un gato sensible y sufro mucho.

Entiendo que tú eres su dueña y que solo deseas lo mejor para ella, y por eso te digo estas cosas para que intentes convencerla para que reconsidere su postura.

Sé que mi apariencia no es muy atractiva, pero la calle es dura. Llevo en la calle desde que soy cachorro y nunca ha sido fácil. A veces se encuentran cosas buenas en la calle, pero creo que no se puede comparar a la idea de vivir en un hogar con un dueño que te quiera y te cuide.

Por eso, lo que sería ideal es que usted me adoptara. Bueno, bueno, no se ponga a correr. Mira, esto podemos solucionarlo por las buenas, que es lo que yo pretendo, o bien por las malas que es lo que parece que tú quieres. Me puedes llevar a vivir a tu casa. Tres en casa, un macho que os proteja y dos señoritas que tengan todo en orden. Yo me portaría muy bien y no daría ningún problema.

Ahora bien, si usted sigue negándose a aceptar mi propuesta y romper así mis esperanzas y mi corazón, no hay nada que hablar. Mis compinches nos observan desde debajo de aquel coche rojo y en cuanto les diga, pueden aparecer. Pero nadie quiero eso, ¿Verdad?

11/23/2009 09:29:00 PM |


Cuando César nació, era apenas un bloque vertical lleno de materia y peso. Sus padres le querían mucho, y por eso le enseñaron el lenguaje secreto de las palabras y sus secretos. Con este instrumento, a César le fue mejor en la vida; ya podía leer el tubo de pasta de dientes o la marca de sus zapatillas de tela.


Como César no entendía la lógica escurridiza de las marcas y los útiles cotidianos, sus padres le compraron una estantería de madera pintada de blanco y pusieron en ella un libro: “Teo va al circo”.


Llegó la primera noche después del regalo, y César temblaba de curiosidad dentro de sus sábanas de ositos. Su padre llegó ese día, como si de una ceremonia se tratara, tomó con cuidado el libro de Teo y lo acarició con la punta de sus dedos mientras iba a la cama de su hijo. Sabía que aquel libro podía ser el principio de todo, o el fin de nada.


César no podía dejar de mirar los dibujos, las letras. Todo junto preparado para ser desvelado al fin. El padre abrió el libro y le enseñó a su hijo un mundo de papel que lo cambiaría para siempre.


A César no le daba tiempo a leer todas las letras que había en las páginas, pero la voz de su padre le guiaba por esos mundos misteriosos, ocultos y eternos. La carpa del circo, los payasos, los trapecistas, los elefantes, los tigres…Todo era verdad, pero dentro. En la cabeza de César. Entendió cuales eran los elementos principales del circo, pero se quedó con la duda de saber cómo sería el mundo de Teo más allá de la carpa.


Esa noche, después de besar a su padre en la mejilla, se sumergió en el mundo del libro. En su imaginación se levantaron edificios llenos de letras oscuras como escarabajos. En las calles, los coches eran naranjas y redondos como el pelo de Teo y por las aceras andaban vocales en vez de personas. Muchas aes, algunas oes, y casi ninguna u.


Al día siguiente, cuando su madre lo despertó dulcemente, César ya no era el mismo. El bloque macizo de carne, hueso y órganos y glándulas, que había nacido de su madre, pasó a ser otra cosa y se le abrió un túnel. Un túnel eterno dirigido al mundo de Teo. Un medio de transporte a aquellos trapecistas y bestias salvajes, pero también a los edificios letrados y a las vocales andantes.


Nunca se sabe cuáles van a ser las primeras lecturas de un niño, pero lo importante es que estas se complementen, que dejen espacio, para que la personita pueda pensar en lo que queda más allá. En las lagartijas escondidas en grietas del mundo de Teo, en la luna de Teo, en la mama de Teo. Todas esas cosas secretas y no reveladas.


Más adelante leyó libros del barco de vapor, clásicos de los hermanos Grimm o Andersen y algunos otros que se inventaba su padre. En realidad no importaba el autor o el mundo representado. Todos ellos atravesaban el cuerpo del niño por las zonas opacas de carne y vísceras que aún le quedaban y hacían un túnel volátil lleno de recuerdos y mundos.


No pudo evitar, más adelante, leer los libros que le mandaban en la escuela. Pero gracias a este “castigo”, Cervantes, Moratín o Quevedo y sus mundos sugestionados, se acomodaron y encajaron en el cuerpo ya adolescente de César. El creciente interés del joven por el lado oculto de la literatura fue en aumento. No se conformaba con el camino leído, con las aventuras del protagonista, aquellos sufridos amores.



César quería ir más allá. Salirse de la página y de lo enfocado por el escritor. Encontrar tesoros escondidos como grietas en paredes, jóvenes descalzas o lo que recoge un pájaro del suelo. Estas cosas también eran importantes para él.


No se sabe porque, pero quizá llamado e incitado por aquellos mundos que llevaba atravesados en su cuerpo, un día tuvo que coger un bolígrafo, un papel en blanco y atravesarse la piel muerta, la carne muerta, los huesos muertos, la sangre que corre imparable hacia la muerte, e ir más allá. Más allá de los órganos sangrantes e inútiles, y hacerse, por fin y para siempre, caminos de luz.


Túneles habitados por mundos y mundos que ahora César se encarga de imaginar, decorar, y finalmente, escribir.


11/20/2009 04:50:00 PM |
Detalle El rapto de Proserpina, Bernini


Para que no se enteren de que me he marchado, he trabajado mucho. Mientras mi marido roncaba, yo esculpía, moldeaba y finalmente insuflé un poquito de vida. Al fin, una noche quedó preparada mi doble.

Le dije adiós y pude irme, por fin, a vivir mi vida. Ella, ya cansada, me despidió con cara triste.

11/17/2009 11:54:00 PM |
Man Ray

No importa lo que hagamos,


somos personas,


compremos lo que compremos,


somos aún personas,


y todavía


juntamos ideas con pan


naúseas y amores.


Nuestros dedos siguen aún


vivos


y ocultan ríos


almas secretas,


esperanzas bajo tierra.


11/15/2009 10:56:00 PM |
Julio Cortázar y Aurora Bernandez



A medida que la vida pasa, y te despiertas un día tras otro en la misma cama, y desayunas el mismo café con leche, las mismas tostadas, -el mismo dibujo de mermelada en las tostadas-, y te lavas los mismos dientes y vas al mismo trabajo y te sientas en la misma mesa y deseas las mismas cosas que nunca haces, los días se van oxidando, palideciendo. Y a las personas se les ven las costuras y las caricias, cuando las hay, se vuelven solo eso. Caricias.


En realidad, tan solo tienes que ver, que la leche que tomas cada mañana, quizá provenga de una vaca gorda, gorda, de algún pueblo perdido y que su dueño la llama Lucerito. Piensa también, en el milagro cotidiano y enigmático, del agua recorriendo kilómetros y kilómetros, dentro de tuberías llenas de otras aguas que van a caer en otras casas. Pero no esta de la que hablamos, que cae, sin que podamos saber muy bien porque, en nuestra cocina, y que podemos cambiar en agua caliente, además.


Piensa, también, que ahí fuera, entre cuerpos y hierros, cristales y coches y dinero y tiendas, se esconde, seguro, varias personas normales, pero que esperan el momento de conocerte para transformarse y ser personas importantes. Personas, que te al conocerlas te harán sentir que la no existe la rutina y que eso del óxido de los días es una ilusión, y que en realidad los días están llenos de resultados nuevos, de apariciones increíbles y que nos son ajenas si solo vivimos el día a día.

11/15/2009 05:37:00 PM |
Vieira da Silva

Mira, no somos tontos. Ya sabemos lo que vas a hacer y no nos vamos a quedar de brazos cruzados. Si, si, es a ti. Ya sé que es la primera vez que te hablamos, pero tampoco tienes que poner esa cara de asombro. Somos tu pelo, tu cabello. Bueno, en realidad yo soy solo uno, pero hablo en nombre de todos. De todos los que quedan, claro.


No es por echar cosas en cara, pero ya que nos hemos decidido a comunicarnos contigo por fin, lo vamos a decir. Nosotros ya sabíamos que aquel gorro de lana en invierno, aunque fuera muy bonito, no te iba bien para el cabello, y por esa estúpida elección, murieron muchos compañeros. Fue un invierno duro ese.


Luego estuvo la época en la que usabas ese peine malvado, con aquellas cerdas tan juntas que cada vez que lo pasabas perdíamos a tres o cuatro. ¿Pero qué pasa, no te dabas cuenta o qué? Bueno, como ves, ante estos ataques indiscriminados e injustificados que nos hiciste, no dijimos nada. Nos plantamos en la cabeza con más fuerza, pero cada vez éramos menos y los que quedábamos, mucho más finos. Somos pelos resistentes al fin y al cabo y no nos vamos a rendir. Aún creemos que podemos ganar a la calvicie y estamos preparados para hacerla frente. Tienes que confiar en nosotros.


Por eso, y este es el motivo fundamental de esta comunicación humano-capilar, no vamos a tolerar que te pongas una peluca. No nos rendimos tan fácilmente, ¿Sabes?, y si crees que con unos cuantos pelos perfectos (eso se creen ellos) se va a solucionar todo, vas listo. Simplemente no lo vamos a permitir. Llevamos mucho tiempo viviendo contigo, ¡toda una vida!, y ahora no nos puedes traicionar con esos pelos de mentira. De hecho, si aún sigues pensando que vas a comprarte ese maldito peluquín rastrero, estamos dispuestos a luchar.


No te digo que vayamos a pelear contra ellos, ellos son más y más fuertes, pero hemos acordado en la asamblea, que si al final no nos haces caso, vamos a hacer un suicidio colectivo masivo. Así te dejaremos calvo para siempre. Para que puedas ponerte sin problemas, esa peluca idiota en tu cabeza desierta.

11/14/2009 01:40:00 PM |

Entraron en la habitación, y al llegar casi al fondo de la oscuridad, él y ella se despetalaron juntos, arrojando, ambos, pedazos muertos al suelo.

Cuando se sintieron livianos y encendidos, se tropezaron en un suelo negro y blando, como de yerba entrelazada y firme. Ahí cayeron lentamente y se conectaron, se unieron, se encontraron y se unieron.

Las piezas encajaban con pequeños sonidos escondidos. Los besos, los brazos, el pelo, los pelos. Todo eso se unía y se mezclaba en un movimiento apurado de sentimientos y dedos.

A él se le trasplantó la cabellera de ella. A ella, una barba dura y negra. Ambos se confundieron, se sorprendieron en el negro de la pieza, el negro de la habitación que lo bañaba todo y lo ocultaba o lo mostraba.

Ese fuego de carne y movimientos apurados y dirigidos, seguía escarbándose. Aleatorios y dirigidos por la pasión, ellos aún se despetalaban. Querían llegar hasta el fondo. Hasta esos besos que llegaban de repente de una boca que no se podía ver. Sumar piezas del otro, de aquel otro que era también yo en la oscuridad.

11/12/2009 11:45:00 PM |


¿Me podría explicar señor Martínez, porque narices viene usted vestido como un vagabundo a la oficina?



Mire señor director, con todos sus respetos debo decirle que si vengo así vestido a la oficina es debido a una causa de fuerza mayor que me propongo explicarle a continuación.


Esta mañana, me he levantado a la misma hora de siempre. Antes de ir a desayunar, he ido al baño para afeitarme y darme una ducha. Como llevábamos una semana de vacaciones, me había dejado algo de barba y necesitaba afeitarme para volver a la oficina, como es normal. Mire usted, yo tengo una manera de afeitarme que lo mismo es algo extraña, pero es algo que llevo haciendo desde que tengo 16 años.


Empiezo a afeitarme las patillas hasta que las dejo perfectas, sin un pelo que salga de la línea que quiero. Después, empiezo a ir hacia el centro hasta que no queda nada. Pero lo que me ha pasado hoy es algo inaudito. Cuando estaba a punto de acabar, he notado como mi maquinilla ha empezado a sonar raro y de repente se ha parado. He intentado arreglarla, pero no ha habido manera. Cuando me he mirado al espejo, me he dado cuenta de que lo único que me quedaba por afeitar era un pequeño bigotito hitleriano que no había ya manera de quitar. He empezado a buscar en los cajones alguna cuchilla de mi mujer o algo parecido, pero nada. No he encontrado algo que me pudiera valer. Al final me he dado por vencido, y mientras me duchaba pensaba que no pasaría nada grave porque fuera un día así a la oficina.


Cuando he salido del baño y he llegado a la cocina para dar los buenos días a mi mujer, esta se me ha quedado mirando.


- ¿Ya estás haciendo el idiota de nuevo? Eres como un niño pequeño. Parece que nunca vas a madurar.


En ese momento ha entrado mi hija pequeña, y cuando la he dado un beso, me ha dicho “papa tonto, pincha” y se ha sentado enfadada. Viendo la situación, he preferido salir cuanto antes de casa.


Al meterme en el ascensor, he visto dentro a Felipe, el del segundo B, socialista de toda la vida que me ha mirado con una cara de odio que no podía aguantar. Yo le quería explicar que la maquinilla no funcionaba, pero bueno, al final he pensado que era peor y me he quedado callado mirándome los zapatos hasta que hemos llegado al portal.


Al salir a la calle he visto en la acera de enfrente a Tobías, muy buen amigo mío que hacía tiempo que no veía. Al saludarle he debido levantar el brazo de una manera extraña, porque algunas personas han empezado a llamarme fascista.


Cuando me he metido en el metro las cosas han ido peor. Debe ser que al tratarse de un espacio pequeño y concentrado, el odio se va retroalimentando y al final casi me pegan entre una viejecita republicana, varios estudiantes y un hombre serio y formal que quería desahogarse.


He tenido que salir tres paradas antes, porque de verdad temía que me fueran a hacer algo. Al subir las escaleras para intentar salir a la superficie, he escuchado los gritos de los que me intentaban atrapar, ¡nazi, asesino, vergüenza te debía dar!


De la gente que entraba al metro, ha habido algunos que se han unido al grupo anterior y ahí he empezado a correr. Por primera vez en el día he sentido pánico.


Aquella gente que me perseguía debe ser que no tenían nada que hacer, porque han estado un buen rato detrás de mí. Incluso la anciana republicana. De no ser por aquel vagabundo que vi pidiendo una limosna, no sé que habría sido de mí. Al verlo se me ocurrió algo y me metí en un parque.


Había sacado algo de ventaja a mis captores, y tuve tiempo suficiente para cambiar mi apariencia. Me rompí la chaqueta y los pantalones, me manché entero con un charco de barro que había ahí cerca y cogí un poco de arena blanca y me la eché en la cara. Por último cogí una ramita caída y la utilicé como bastón.


Cuando aquella panda de energúmenos llegó a mí, no me reconocieron. Me preguntaron si había visto a un nazi por aquí cerca corriendo. Yo, sonriendo, les dije que no con la cabeza.


Salí del parque y la gente se paraba a mirarme. Algunos me decían, ¡A mí también me encantó El gran dictador! y yo sonreía agradecido. La gente se mostraba amable conmigo y me recordaba sentimientos que había tenido al ver películas de Chaplin.


Sabía que debía ir a casa a cambiarme, pero ya casi eran las nueve y estaba al lado del trabajo. Por eso he venido así a la oficina. Lo siento, le prometo que será la última vez.

11/09/2009 12:40:00 PM |

Cuando los astronautas llegaron a la luna y se encontraron aquellos paisajes de plástico y cartón, la NASA se tuvo que inventar que la misión a la luna había sido un montaje.