21 de mayo de 2016

Presentación de Cercanías junto a Manuel Álvarez Ugarte en Miraflores de la Sierra

Ayer fue un día especial. Ayer nació mi segundo hijo, "Cercanías", y fue sobre el escenario de mi pueblo, Miraflores de la Sierra.
Muchos amigos vinieron a arropar el primer grito del recién nacido, y Manuel Álvarez Ugarte le escribió su primera nana. "Así da lujo nacer", dicen que dijo.
En las butacas una sonrisa brillaba pese a la oscuridad y era ella. De nuevo. La culpable de todo.
Gracias a todos por acercaros a escuchar los primeros latidos de "Cercanías".


Además, Ya se puede encontrar (y comprar) Cercanías en la web de Baile del Sol. Y recordad, gastos de envío gratis para toda España, 5% de descuento, y si compráis un libro, recibiréis dos y, si compráis diez… recibiréis ¡veinte!
*Gracias a Luis Look at the flowers por las fotos. 

4 de mayo de 2016

Presentación de mi libro Cercanías en Miraflores de la Sierra, junto al guitarrista Manuel Álvarez Ugarte

Ya puedo anunciaros que el próximo 20 de mayo estaré en el teatro de Miraflores de la Sierra presentando mi nuevo libro, Cercanías. Estará conmigo, acompañando con su guitarra y su amistad, mi querido Manuel Álvarez Ugarte. Estáis todos invitados. 

Os dejo aquí los siguientes eventos...





19 de abril de 2016

Entrevista en El Rincón de las Letras, en Onda Verde

En la radio comunitaria Onda Verde, en el programa El rincón de las letras, Jorge Díaz Leza y Sol Rubio me entrevistaron hace unas semanas. Además, en la primera parte del programa podréis disfrutar de poemas y relatos del gran escritor argentino Andrés Neuman.  

Aquí os dejo el enlace por si queréis echarle una oreja:



15 de abril de 2016

Relato Sacrificio

Para celebrar que ya es viernes, y que ya hemos llegado a las 90.000 visitas, aquí os dejo un relato que escribí llamado "Sacrificio". Con este relato quiero recordar a todos aquellos profesores republicanos que quisieron cambiar España para hacerla más justa, más habitable, más decente.
SACRIFICIO
La luz de la luna se extiende sigilosa y huidiza por las piedras de la plaza, por las caras de la gente, por sus mejillas hundidas de gente hambrienta y las convierte, por un momento, en calaveras. La plaza está llena, rebosa pobreza y rabia. Son casi las once de la noche en la plaza del pueblo, bajo la enorme torre de la iglesia y su afilada sombra.
En el centro de la multitud un cuerpo está atado, inmóvil a un mástil. Es el cuerpo de Tomás, el profesor de la escuela. En pocos minutos su cuerpo ancho y lleno de vida no podrá distinguirse del palo que lo sostiene. A las once se le va a prender fuego para demostrar a los presentes cuál es la costumbre que se debe aplicar a los que quieren enseñar al resto. Se ensañarían con él. El hereje moriría por fin.
Debajo de él, un espeso montículo de ramas y hierbajos secos lo sujeta y condena. La gente se impacienta. Siempre tan listo, tan orgulloso, tan altivo. Siempre lo sabía todo. Además, cuando volvía de la ciudad se convertía en alguien refinado y pedante que era insoportable. Menos mal que el señor Ferrán consiguió ejecutarlo. Todo el mundo le odiaba.
Atravesando la calle principal que lleva a la Plaza, se acerca el señor Ferrán, el banquero del pueblo, con la antorcha en la mano, poderosa. La luz del fuego rebota en el traje y deslumbra a la gente. Deslumbra a los ancianos con caras rotas y sucias, a jóvenes musculosos y sedientos, a las amas de casa aburridas. Camina orgulloso, sabiendo que va a hacer algo justo, necesario para el pueblo. "No se puede consentir que este hereje del capitalismo siga diciendo sandeces a nuestros futuros compradores", dijo en el juicio.
Si, hubo juicio. En apenas veinte minutos se consideró culpable a Tomás por desobedecer reiteradamente las órdenes de la entidad económica del municipio, y además, enseñó a leer a dos niños textos no imprescindibles que no eran etiquetas de productos. Se le acusó y condenó en un tiempo récord.
El banquero llega al borde de la plaza, mira al maestro un momento, ve su pobreza, su indecencia, su incapacidad económica para adquirir bienes y, sin pensarlo, prende las ramas. Arriba, en el palo, Tomás ni se inmuta. El fuego crece, se multiplica en cientos de caras calientes que lo miran impresionados por su fuerza, por su pureza. El culpable va a morir. Desde la muchedumbre alguien grita: ¡Enseña ahora, hijo de puta!, se escuchan algunas risas desdentadas que se apagan con los primeros gritos de Tomás.
En una casa oscura, con las cortinas bajadas, una familia llora en una mesa pobre, de madera. En otros lugares niños y adultos se acuerdan un segundo de las letras, de cuando rozaban las aes y las bes con sus dedos índices mientras el señor Tomás les enseñaba el mecanismo suave de leer. Nadie hace nada.
Las llamas rozan al profesor que empieza a gritar. Los gritos chocan contra las paredes, contra las sucias orejas. En poco tiempo Tomás se convierte en un bloque negro, irreconocible. La gente siente alivio, tranquilidad. El mal está muerto, negro y seco por el fuego. Ahora son mejores. Ya no tendrán que temblar ante aquellos libros llenos de letras, llenos de ideas y de imágenes. Ya no temblarán cada vez que se abre un libro.