Archipiélago, Jacek Yerka
11/15/2009 10:56:00 PM |
Julio Cortázar y Aurora Bernandez



A medida que la vida pasa, y te despiertas un día tras otro en la misma cama, y desayunas el mismo café con leche, las mismas tostadas, -el mismo dibujo de mermelada en las tostadas-, y te lavas los mismos dientes y vas al mismo trabajo y te sientas en la misma mesa y deseas las mismas cosas que nunca haces, los días se van oxidando, palideciendo. Y a las personas se les ven las costuras y las caricias, cuando las hay, se vuelven solo eso. Caricias.


En realidad, tan solo tienes que ver, que la leche que tomas cada mañana, quizá provenga de una vaca gorda, gorda, de algún pueblo perdido y que su dueño la llama Lucerito. Piensa también, en el milagro cotidiano y enigmático, del agua recorriendo kilómetros y kilómetros, dentro de tuberías llenas de otras aguas que van a caer en otras casas. Pero no esta de la que hablamos, que cae, sin que podamos saber muy bien porque, en nuestra cocina, y que podemos cambiar en agua caliente, además.


Piensa, también, que ahí fuera, entre cuerpos y hierros, cristales y coches y dinero y tiendas, se esconde, seguro, varias personas normales, pero que esperan el momento de conocerte para transformarse y ser personas importantes. Personas, que te al conocerlas te harán sentir que la no existe la rutina y que eso del óxido de los días es una ilusión, y que en realidad los días están llenos de resultados nuevos, de apariciones increíbles y que nos son ajenas si solo vivimos el día a día.

11/15/2009 05:37:00 PM |
Vieira da Silva

Mira, no somos tontos. Ya sabemos lo que vas a hacer y no nos vamos a quedar de brazos cruzados. Si, si, es a ti. Ya sé que es la primera vez que te hablamos, pero tampoco tienes que poner esa cara de asombro. Somos tu pelo, tu cabello. Bueno, en realidad yo soy solo uno, pero hablo en nombre de todos. De todos los que quedan, claro.


No es por echar cosas en cara, pero ya que nos hemos decidido a comunicarnos contigo por fin, lo vamos a decir. Nosotros ya sabíamos que aquel gorro de lana en invierno, aunque fuera muy bonito, no te iba bien para el cabello, y por esa estúpida elección, murieron muchos compañeros. Fue un invierno duro ese.


Luego estuvo la época en la que usabas ese peine malvado, con aquellas cerdas tan juntas que cada vez que lo pasabas perdíamos a tres o cuatro. ¿Pero qué pasa, no te dabas cuenta o qué? Bueno, como ves, ante estos ataques indiscriminados e injustificados que nos hiciste, no dijimos nada. Nos plantamos en la cabeza con más fuerza, pero cada vez éramos menos y los que quedábamos, mucho más finos. Somos pelos resistentes al fin y al cabo y no nos vamos a rendir. Aún creemos que podemos ganar a la calvicie y estamos preparados para hacerla frente. Tienes que confiar en nosotros.


Por eso, y este es el motivo fundamental de esta comunicación humano-capilar, no vamos a tolerar que te pongas una peluca. No nos rendimos tan fácilmente, ¿Sabes?, y si crees que con unos cuantos pelos perfectos (eso se creen ellos) se va a solucionar todo, vas listo. Simplemente no lo vamos a permitir. Llevamos mucho tiempo viviendo contigo, ¡toda una vida!, y ahora no nos puedes traicionar con esos pelos de mentira. De hecho, si aún sigues pensando que vas a comprarte ese maldito peluquín rastrero, estamos dispuestos a luchar.


No te digo que vayamos a pelear contra ellos, ellos son más y más fuertes, pero hemos acordado en la asamblea, que si al final no nos haces caso, vamos a hacer un suicidio colectivo masivo. Así te dejaremos calvo para siempre. Para que puedas ponerte sin problemas, esa peluca idiota en tu cabeza desierta.

11/14/2009 01:40:00 PM |

Entraron en la habitación, y al llegar casi al fondo de la oscuridad, él y ella se despetalaron juntos, arrojando, ambos, pedazos muertos al suelo.

Cuando se sintieron livianos y encendidos, se tropezaron en un suelo negro y blando, como de yerba entrelazada y firme. Ahí cayeron lentamente y se conectaron, se unieron, se encontraron y se unieron.

Las piezas encajaban con pequeños sonidos escondidos. Los besos, los brazos, el pelo, los pelos. Todo eso se unía y se mezclaba en un movimiento apurado de sentimientos y dedos.

A él se le trasplantó la cabellera de ella. A ella, una barba dura y negra. Ambos se confundieron, se sorprendieron en el negro de la pieza, el negro de la habitación que lo bañaba todo y lo ocultaba o lo mostraba.

Ese fuego de carne y movimientos apurados y dirigidos, seguía escarbándose. Aleatorios y dirigidos por la pasión, ellos aún se despetalaban. Querían llegar hasta el fondo. Hasta esos besos que llegaban de repente de una boca que no se podía ver. Sumar piezas del otro, de aquel otro que era también yo en la oscuridad.

11/12/2009 11:45:00 PM |


¿Me podría explicar señor Martínez, porque narices viene usted vestido como un vagabundo a la oficina?



Mire señor director, con todos sus respetos debo decirle que si vengo así vestido a la oficina es debido a una causa de fuerza mayor que me propongo explicarle a continuación.


Esta mañana, me he levantado a la misma hora de siempre. Antes de ir a desayunar, he ido al baño para afeitarme y darme una ducha. Como llevábamos una semana de vacaciones, me había dejado algo de barba y necesitaba afeitarme para volver a la oficina, como es normal. Mire usted, yo tengo una manera de afeitarme que lo mismo es algo extraña, pero es algo que llevo haciendo desde que tengo 16 años.


Empiezo a afeitarme las patillas hasta que las dejo perfectas, sin un pelo que salga de la línea que quiero. Después, empiezo a ir hacia el centro hasta que no queda nada. Pero lo que me ha pasado hoy es algo inaudito. Cuando estaba a punto de acabar, he notado como mi maquinilla ha empezado a sonar raro y de repente se ha parado. He intentado arreglarla, pero no ha habido manera. Cuando me he mirado al espejo, me he dado cuenta de que lo único que me quedaba por afeitar era un pequeño bigotito hitleriano que no había ya manera de quitar. He empezado a buscar en los cajones alguna cuchilla de mi mujer o algo parecido, pero nada. No he encontrado algo que me pudiera valer. Al final me he dado por vencido, y mientras me duchaba pensaba que no pasaría nada grave porque fuera un día así a la oficina.


Cuando he salido del baño y he llegado a la cocina para dar los buenos días a mi mujer, esta se me ha quedado mirando.


- ¿Ya estás haciendo el idiota de nuevo? Eres como un niño pequeño. Parece que nunca vas a madurar.


En ese momento ha entrado mi hija pequeña, y cuando la he dado un beso, me ha dicho “papa tonto, pincha” y se ha sentado enfadada. Viendo la situación, he preferido salir cuanto antes de casa.


Al meterme en el ascensor, he visto dentro a Felipe, el del segundo B, socialista de toda la vida que me ha mirado con una cara de odio que no podía aguantar. Yo le quería explicar que la maquinilla no funcionaba, pero bueno, al final he pensado que era peor y me he quedado callado mirándome los zapatos hasta que hemos llegado al portal.


Al salir a la calle he visto en la acera de enfrente a Tobías, muy buen amigo mío que hacía tiempo que no veía. Al saludarle he debido levantar el brazo de una manera extraña, porque algunas personas han empezado a llamarme fascista.


Cuando me he metido en el metro las cosas han ido peor. Debe ser que al tratarse de un espacio pequeño y concentrado, el odio se va retroalimentando y al final casi me pegan entre una viejecita republicana, varios estudiantes y un hombre serio y formal que quería desahogarse.


He tenido que salir tres paradas antes, porque de verdad temía que me fueran a hacer algo. Al subir las escaleras para intentar salir a la superficie, he escuchado los gritos de los que me intentaban atrapar, ¡nazi, asesino, vergüenza te debía dar!


De la gente que entraba al metro, ha habido algunos que se han unido al grupo anterior y ahí he empezado a correr. Por primera vez en el día he sentido pánico.


Aquella gente que me perseguía debe ser que no tenían nada que hacer, porque han estado un buen rato detrás de mí. Incluso la anciana republicana. De no ser por aquel vagabundo que vi pidiendo una limosna, no sé que habría sido de mí. Al verlo se me ocurrió algo y me metí en un parque.


Había sacado algo de ventaja a mis captores, y tuve tiempo suficiente para cambiar mi apariencia. Me rompí la chaqueta y los pantalones, me manché entero con un charco de barro que había ahí cerca y cogí un poco de arena blanca y me la eché en la cara. Por último cogí una ramita caída y la utilicé como bastón.


Cuando aquella panda de energúmenos llegó a mí, no me reconocieron. Me preguntaron si había visto a un nazi por aquí cerca corriendo. Yo, sonriendo, les dije que no con la cabeza.


Salí del parque y la gente se paraba a mirarme. Algunos me decían, ¡A mí también me encantó El gran dictador! y yo sonreía agradecido. La gente se mostraba amable conmigo y me recordaba sentimientos que había tenido al ver películas de Chaplin.


Sabía que debía ir a casa a cambiarme, pero ya casi eran las nueve y estaba al lado del trabajo. Por eso he venido así a la oficina. Lo siento, le prometo que será la última vez.

11/09/2009 12:40:00 PM |

Cuando los astronautas llegaron a la luna y se encontraron aquellos paisajes de plástico y cartón, la NASA se tuvo que inventar que la misión a la luna había sido un montaje.
11/06/2009 11:15:00 AM |
Magritte, El falso espejo

Los visitantes llegan al museo y se meten en la tienda como locos. Ahí hacen fotos, admiran precios y compran postales en serie sin parar. En las salas de al lado, un Bacon se desangra y llena el suelo de la sala de órganos y asco. En la siguiente sala, un Caravaggio ilumina él solo la sala. Los del museo están contentos porque llevan más de 7 años sin cambiar las bombillas. En la última, un Dalí llora ríos de hormigas que llegan hasta un Bernini que, dando un paso más, se hace real lleno de carne y nervios.

El problema es que ya nadie los mira, y todos, desde el bruto Bacon al exacto Dalí esperan tiempos mejores.

11/01/2009 07:38:00 PM |
Chema Madoz

La verdad es que el verano se iba a salvar con unos cuantos días de fiesta en el sur, al lado de Cádiz. Yo había estado currando todo el mes de Julio para conseguir algo de pasta, pero los planes que había pensado se habían ido jodiendo y al final nos juntamos cuatro amigos, cogimos la furgoneta de uno de ellos y nos fuimos a pasar unos días a la playita.
Llegamos a finales de Agosto, y la zona aún estaba hasta arriba de gente. Al final nos fuimos al lado de Cádiz, al Puerto de Santa María.
Era viernes y las calles reventaban de guiris y tías buenas. Aparcamos la furgo en las afueras y nos fuimos al centro a comer pescaíto y tomar unas birras. Con el calor que hacía nos pegó un mareo importante, pero no nos importó demasiado y seguimos de fiesta. Al poco tiempo nos arrimamos a unas italianas que andaban por ahí de fiesta y como estaba ya casi anocheciendo nos fuimos a la furgo a pillar la bebida y nos fuimos a la playa en furgo los cuatro colegas y las tres italianas que habíamos conocido.
Nos fuimos a una playa que se llama Los Caños y ahí nos plantamos para beber un poco más. Cuando la cosa se fue animando con la birra, sacamos el ron, el whisky y los porros y las italianas fliparon. Poco a poco me fui arrimando a una de ellas, Francesca se llamaba, creo y acabamos hasta arriba de todo follando como locos en la playa.
Todo fue de puta madre hasta que por la mañana, cuando despertamos, vimos que habían empezado a llegar a la playa, los cadáveres de los inmigrantes muertos la noche pasada.

10/25/2009 04:38:00 PM |

Egon Schiele: Embrace lovers


Una pareja se abraza en una cama doble bajo unas mantas. El hombre, poco a poco suelta sus brazos y se deja caer sobre el pecho de ella. Parece dormido.

La mujer alarga un brazo hasta la mesilla, coge una moneda, levanta el pelo de la nuca de su amante con cierta desgana, e introduce la moneda por la ranura. El hombre, tras un par de segundos, vuelve a abrazarse a la mujer. Más fuerte que antes.


10/23/2009 07:33:00 PM |
Friedrich: El caminante sobre el mar de nubes

Esa mañana el pueblo de Lottefors en Suecia, amaneció envuelto y revuelto en una espesa niebla. Nadie pudo salir ni pudo entrar en todo el día en el pueblo. Nadie supo que pasó, pero al día siguiente todas las mujeres, incluso las más ancianas, quedaron fecundadas. Nueve meses más o menos más tarde, las mujeres de Lottefors inundaron el hospital con un montón de niños semidioses.

10/20/2009 05:29:00 PM |

Serie de TV Oliver y Benji


Jugamos cada recreo al fútbol en el patio y lo pasamos muy bien. A mi me gusta porque puedo jugar con Antonio y Jesús, que son mis amigos. Yo soy defensa y una vez, el año pasado, metí un gol. Algunas veces no es tan bueno porque me caigo y me hago daño en la rodilla que me duele al principio, pero luego no tanto y luego se hace costra y ya está bien.
Nosotros, somos de la clase de 1B y somos muy buenos porque tenemos a Carlos en nuestro equipo que es buenísimo y mete muchos goles. A veces, nos pasa la pelota y podemos jugar también. A mi me gustaría jugar más, pero Carlos es buenísimo.
Hoy hemos jugado con los de primero A, que son buenos, pero no tanto. Carlos ha ido con la pelota desde la defensa, y de repente cuatro niños del A se le han echado encima y no había manera de que pudiera seguir y al final se la han quitado y han metido gol. La verdad es que debería haberla pasado. A veces es un chupón.
Después, los otros niños ya empezaban a ir a las clases porque estaba a punto de sonar el timbre y nosotros íbamos empate a tres. Carlos tenía el balón en un lado, en el centro del campo, y no la quería pasar porque quería ganar él solo. A mi eso me da mucha rabia porque estaba Antonio solo a su lado y no le hacía ni caso aunque le gritaba “pasa” todo el rato.
No se que me ha pasado. De repente he notado que mis pies me quedaban más y más lejos, que mi cabeza subía y subía hasta que llegaba a medir como mi padre o un poco más, y a los lados tenía unos brazos largos y fuertes.
Me ha dado mucha rabia que Carlos siguiera chupando, sin pasar a nadie, y he ido hacia él y le he pegado un empujón que no veas. Se ha puesto a llorar y se ha ido a clase corriendo. Yo he pasado el balón a Antonio que ha seguido un rato solo y ha marcado por la escuadra. Un golazo. Lo malo es que no se si ha sido de verdad o ha sido solo un sueño.