Islas divergentes

Descuido

Los valores personales, Magritte



Una señora acuna un teléfono;




“Ay cariño, deja de llorar


Donde va a parar,


Mucho mejor


Un teléfono de metal”




El niño en el jardín,


Juega con un ternero rojo,


Un alacrán


Le enseña a sumar.

No era pintor

Premonición de la guerra civil, Salvador Dalí



Ya en el colegio, Ramón, el pintor, hacía dibujos extraños. Fueron pasando los años y mientras sus compañeros de clase se dedicaban a la abogacía, la tauromaquia o a la ingeniería industrial, Ramón seguía pintando aquellos seres extraños y tristes.

Pasaron los años, y no se pudo dedicar a la pintura profesionalmente porque nadie lo apreciaba. Así, viéndose sin oficio, se hizo panadero. Mientras se hacía el pan o en su casa, Ramón dibujaba aquellos rostros tristes, secos, enjutos, que a nadie le gustaban. Pasaron los años y un día llegó algo terrible. La guerra. Ese día Ramón salió a la calle y se quedó paralizado. Ramón no era pintor, Ramón era profeta.

Soledad


Golconde, Magritte

Estoy solo,
rodeado de champús, cremas,
frías cucharas.
Tras la ventana
melenas,
de finas antenas
me amenazan,
me limitan
y me ofrecen el partido.

Los botones,
(refugio de pulgares y
vientos huídos),
se esconden
y lloran
trozos de hilo
y sangre.