Islas divergentes

12 de octubre de 2010

Cacharrería



(perdón por el vídeo pero quería ilustrar de todas maneras y no me dejaba cargar imágenes...)


La vi en el metro, tras un diario gratuito, y me llamó la atención. Las llamas naranjas que aparecían en la portada, conjuntaban muy bien con sus ojos grises de humo espeso. Era pequeña, delgadita, y de vez en cuando sacaba la cabeza de la publicidad que leía para ver el nombre de la parada.

En uno de esos vistazos me descubrió mirándola y cayó rendida. Eso creo yo. Bueno, luego el resto es lo de siempre, unas miradas, unas palabras tímidas, torpes, y al rato acabamos en mi piso. Yo tendría que haber ido a trabajar, pero no lo pensé. Ya iría al día siguiente. De todos modos, tenía toda la vida para hacerlo.

Tania, que era como se llamaba ella, no hablaba demasiado. La mayoría de las palabras tontas que dijimos antes, fueron en realidad mías. Ella asintió a todo. Incluso cuando le pregunté la hora. La mayoría del tiempo se tocaba las rastas o se recolocaba alguno de sus piercing.

Como yo tenía bastante curiosidad por esta chica, la llevé directamente a la habitación. No creía que le interesaría el resto del pisto. Bueno, el baño si, pero la consideraba lo suficientemente no estúpida como para encontrar un baño en un piso de treinta metros cuadrados.

Cuando abrí la puerta de la habitación, me di cuenta que no había hecho la cama. Bueno, eso que nos ahorramos, dijo ella entre dientes. Luego me empujó violentamente a la cama, aparentemente en un acto de pasión porque se pasó un poco y me caí al suelo por el otro lado. Me subí inmediatamente y me metí entre las sábanas. Ahora viene lo mejor, pensé.

Tania, mirándome creo que sensualmente, se empezó a desnudar. Lo primero, dejó el periódico gratuito en la única silla del piso. Te lo regalo, dijo. Muchas gracias. Luego se quitó el abrigo, las botas de cordones atados con nudos marineros que su tío Orland, noruego le enseñó cuando era una cría. Lo siento, se disculpó, pero es que son los únicos que se hacer. Luego me despertó, y me dijo que seguía con el striptease, estriste, o lo que fuera eso.

Se desenroscó los dos piercing rosas que tenía en las aletas de la nariz, la cadena de titanio que tenía en sus labios (superiores), los siete aros de la oreja izquierda, los cuatro de la derecha, tres anillos de la mano izquierda y uno solo en la derecha, ¿Y por qué uno solo?, le pregunté, es que estoy casada. Luego las lentillas de color humo que me mostraron sus ojos verdaderos. Eran de color azul tormenta, preciosos. Se quitó las pestañas de mentira, el piercing de la lengua, dos pulseras de cuero de la mano izquierda, una de hilo peruano de la derecha, los calcetines, los pantalones, el jersey con las mangas recortadas, una tuerca y dos muelles que tenía en las rastas, la camiseta con la imagen del Che, claro, el sujetador, los cuatro piercing que tenía en el ombligo, uno encima del otro, un colgante con la hoja de marihuana, el de la virgen de su pueblo, la cadena que un día le regaló su marido, las bragas culotte, el tanga, y por fin, bendito sea Dios, se quedó desnuda.

Yo había empezado a leer la montaña mágica de Tomas Mann y la había terminado. Ahora leía el Quijote y estaba a punto de acabar, pero cuando la vi desnuda, puse el recuerdapágina y lo dejé en la mesilla. Era espectacular el montón de cosas a su lado. La miré de arriba abajo, y me llevé una desilusión. Era blanca y preciosa, pero al fin y al cabo, era como todas las demás. Solo carne.

Después de las expectativas que tenía pensé que esta no sería una persona como el resto. Pero lo era. Aún así, y para darme morbo, le pedí que por favor se volviera a poner los piercing y los muelles de las rastas, pero me dijo que ella era muy natural y que para hacer el amor tenía que estar completamente desnuda. Se enfadó, se vistió mientras yo me terminaba el Quijote y escribía este cuento, y cuando estuvo vestida de nuevo se fue dando un portazo que sonó a reproche y chatarra.


3 comentarios:

Ange dijo...

Realmente cuando nos quitamos la ropa no solo queda al desnudo el cuerpo...

Jorge García Torrego dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Jorge García Torrego dijo...

Quedamos nosotros. Eso que no es carne ni pelos, (Además de la cacharrería, claro). Gracias Ángela..., :D