Islas divergentes

22 de octubre de 2010

Crítica de Ni uno menos, de Zhang Yimou en KOULT.ES

(Enlace en koult.es)

Mientras volaban cohetes y fuegos artificiales por un Pekín pletórico y maquillado temporalmente por el furor olímpico, Zhang Yimou, el organizador del acto, recolector de pequeños éxitos, triunfaba por primera vez a escala mundial. Y es que lo que Yimou había hecho anteriormente para conseguir ser el encargado de la ceremonia de los JJ.OO, eran obras íntimas, cuidadas, humanas.

Seguramente al lector o al cinéfilo le suenen La casa de las dagas voladoras o Hero, películas grandilocuentes, pero también con cierto cuidado de las relaciones entre los personajes y, en definitiva, películas hechas a lo grande, con presupuesto, y con capacidad para generar un espectáculo. Las peleas por los aires y los relatos históricos de la China épica, conmueven y entretienen a partes iguales, pero Yimou es un artesano de los sentimientos.

Mucho antes de los actos de Pekín de dos mil ocho, y antes también de los efectos especiales de Las dagas…, Yimou había creado historias como Vivir, El camino a casa, La linterna roja y, sobre todo, Ni uno menos. Y es que Ni uno menos es una película especial, sin duda. Está hecha con pasión contenida, pasión cuidada y reflejada al máximo en una actriz como la copa de un pino (Wei Minzhi).

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La película, como la mayoría de las películas de Yimou, se desarrolla en una aldea en las montañas de la China pobre, las antípodas de la entonces futura y casi incomprensible China olímpica. Por orden del alcalde, una niña de trece años, (Wei Minzhi y que, al igual que la mayoría de actores, no era actriz profesional al hacer la película), debe sustituir un mes al maestro para dar clase a los niños del pueblo, pero no solo eso. El maestro, temiendo que los niños abandonen la escuela para buscar trabajo o para ayudar a sus padres le promete a Wei que por cada niño que se quede en el aula le dará diez yuan. El revoltoso Zhang Huike, contradiciendo la voluntad del maestro, se va a la ciudad a ganarse la vida provocando que la sacrificada Wei luche por hacerle volver al aula.

Para los que creemos que la educación debe ser un mecanismo de cambio, un trabajo vocacional y esencial para una sociedad que pretende ser cada vez mejor, la lucha mostrada por Wei en esta película es digna de admiración. Cuando la educación actual pretende ser la sala de espera para acceder a empresas deshumanizadas y sin ningún tipo de trato humano, películas como esta hacen que el aciago futuro que nos presentaba Pink Floyd con Another brick in the wall, tenga una vía de escape, aunque sea en una aldea pobre y perdida en la lejana China.

2 comentarios:

José Ramón Lorenzo Manso dijo...

Maravillosa película, y si no has visto "El camino a casa" te la recomiendo, con ella descubrí a este director de cine y quedé maravillado.
Un saludo y perdón por esta intromisión de un desconocido.

Jorge García Torrego dijo...

Hola José Ramón,
si, esa película también es preciosa...la historia de los padres, en esa escuela tan llena de vida... Muchas gracias por el comentario y estás bienvenido a escribir todos los que quieras.