Islas divergentes

5 de noviembre de 2010

Chéjov comentado


Si Alan Finkielkraut criticaba en su libro La derrota del pensamiento la relativización de la crítica cultural y abogaba, de alguna manera, por la vuelta a la valoración, a lo bueno y malo, a lo bello y a lo feo, lo que presenta Chéjov comentado es una iniciativa que intenta paliar esta confusión tan posmoderna.Porque lo que el posmodernismo ha conseguido, aunque nos pese, es un eclecticismo tan abrumador que para separar la paja del grano necesitas demasiada paciencia. Y nadie te ayuda. El peso real de los críticos en la posmodernidad es ínfimo. Todo está bien. Y si no está bien, es que es demasiado innovador y aún no ha encontrado su sitio. Y si algo es definitivamente malo pero lo queremos vender de todos modos, le ponemos luces y lo pasamos por televisión. Por mucho que nos empeñemos y parafraseando a Finkielkraut, un par de botas no puede equivaler a Shakespeare. Ni a Chéjov tampoco. Ni un par de botas ni un Dan Brown.


El libro que presenta la joven editorial Nevsky Prospects en el 150 aniversario del autor pretende -sin hacerlo a propósito, por supuesto- hacer esta distinción. Diferenciar lo bueno y lo malo. Así de claro. Las obras ejemplares, clásicas, del resto. Y para ello ha escogido bien. En este caso se han seleccionado dieciséis cuentos en los que, como dice su editor y prologuista Sergi Bellver, “Chéjov coloca un espejo ante el lector y le deja la última palabra“. Nevsky Prospects no publica cualquier cosa. Publica autores rusos, sí, pero autores rusos que son maestros.Pushkin es un maestro, Dostoievski es un maestro, Bogdanov es un maestro subido a una estrella roja y, por supuesto, Chéjov también es un maestro. De hecho es el maestro del relato. Puede sonar orgulloso y altivo decir que las obras de Nevsky están por encima de otras muchas, pero es así. Los matices y las diferentes lecturas que ofrecen son inapelables en esta comparación.


Pero Chéjov, que ha sido tantas veces publicado (y tan bien, por cierto) no está solo en esta aventura. Tras la “Malevichiana” y sobria portada del diseñador, Zuri Negrín, los mejores cuentistas contemporáneos españoles (salvo el gran Medardo Fraile, el único ausente de renombre) acompañan al autor ruso, lo critican y comentan.


No saben qué lujo es leer Casa con mezzanina y, a continuación, detenerse en el comentario, la crítica, del gran Eloy Tizón, por ejemplo. Puede que no hayas visto algún detalle, que se te haya escapado alguno de los sentidos que tienen los cuentos del autor ruso, y entonces viene una estrella de la literatura actual de nuestro país y te echa una mano. Como alguien que sabe ayudar y no abrumar a alguien que sabe, pero no tanto. Tenemos que reconocer la valía, el talento. Y estos escritores son, sin lugar a dudas, talentosos: Jon Bilbao, Matías Candeira, Luis Alberto de Cuenca, Oscar Esquivias, Ignacio Ferrando, Hipólito Navarro, Víctor García Antón, Eduardo Halfon, Juan Carlos Márquez, Ricardo Menéndez Salmón, Elvira Navarro, Salvador Luis, Marta Rebón, Care Santos, el ya mencionado Eloy Tizón y Paul Viejo.


Los cuentos de Chéjov hablan de vida, de muerte, de amor. Lo hace sin prisa, dejándose caer en los temas y la trama, sin que te des cuenta. Así el relato cala, llega sin hacer ruido y se hace cercano y cálido, porque Chéjov habla de personas, de sentimientos. Pese a llevar el falso estigma de la misogínia en su espalda, el autor ruso tiene una humanidad imperecedera, universal, clásica. Sus postulados siguen vigentes, sus anhelos reconocidos por cualquier artista o persona sensible.


En definitiva, un libro de cuentos muy recomendable para quien no haya leído nunca a Chéjov y muy recomendable también para quién si lo ha hecho porque descubrirá, con dieciséis ayudas inmejorables, nuevos caminos para recorrer las frías estepas rusas y la condición humana.


El enlace en koult.es:


http://www.koult.es/2010/11/chejov-comentado/



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