Islas divergentes

24 de febrero de 2011

Lo inolvidable de una entrevista con Eduardo Berti





Antes de leer un libro siempre miro la foto del autor. Si no la encuentro, el libro ya me cae mal, como si me estuviese escondiendo algo. Pero el libro de cuentos de Eduardo Berti (Buenos Aires 1964) Lo inolvidable tiene foto. Y la foto me intriga. Un autor argentino, con cara amable, de buena gente, y con unos caracteres chinos en la pared del fondo. Este autor tiene algo que contarme.Y lo que encuentro es un libro que busca. Un libro que, a través de unos certeros y variados relatos, perfila algo esencial, inolvidable. Y esto inolvidable no lo encontramos en historias lejanas, fantásticas, lo encontramos, por ejemplo, en padres e hijos, en mendigos, en trabajadores solitarios o en viejos directores de cine. Personajes de la calle, normales, sin estridencias, pero que ocultan algo eterno, valioso.

En primer lugar Eduardo, quería preguntarte, recordando el cuento fantasmas, ¿De dónde nacen tus cuentos? ¿Qué tipo de oscuridad es la propicia para que puedan aparecer?

Los cuentos nacen de varias maneras: una anécdota que me han contado, un episodio que veo en la calle (y que completo con mi imaginación o con algo que acaso no merezca ser tildado de imaginación…), una información que leo en un libro o una revista, un hecho autobiográfico, una situación que se me ocurre de cabo a rabo o, con frecuencia, variaciones en torno a elementos o acciones concretas: es decir, cuando juego con hipótesis del estilo “qué habría pasado si en vez de ocurrir A o de tomarse la opción A, hubiese ocurrido B o se hubiese tomado la opción B”. Ahora bien, yo siento que los temas son los que me escogen a mí. Que hay ciertos argumentos que se imponen, mientras que hay otros que no encienden ni propician la escritura. Sé que puede sonar algo trillado, pero esto último es lo que ocurre en mi caso.

Once cuentos en once años, ¿crees que, aparte de un aspecto común que les da unidad y les hace compañeros, encuentras diferencias de estilo o de recursos utilizados en los cuentos escritos hace más tiempo y los más nuevos?

Cada relato ha tenido un proceso distinto. Hay uno que fue inspirado por algo que leí en un cuaderno de notas de Somerset Maugham, hay otros que fueron inspirados por diferentes experiencias de mi vida personal o profesional (como redactor en un diario, como guionista de cine, como periodista un tiempo especializado en música popular) y otros que nacieron a partir de una idea, una imagen, una intuición. Son once cuentos de atmósferas y formatos diferentes, pero atravesados por temas comunes: la lectura, el miedo al olvido, el misterio de la memoria y otras obsesiones.

Sobre el cuento formas de olvido, ¿Crees que te puede pasar como a Romueldo Avella? ¿Temes que en algún momento se acabe la inspiración?

Creo que todos los que escribimos o nos consagramos a alguna actividad artística (componer canciones, pintar cuadros, hacer películas) tenemos la misma fantasia o el mismo temor. Como en el fondo no terminamos de entender de dónde viene eso que muchos denominan inspiración, sentimos que es algo que no depende tanto de nosotros como de alguna voluntad que nos excede. Es una idea un poco romántica, lo sé. Y yo trato de no plegarme a ella porque no creo en la inspiración como un rayo divino que baja del cielo y golpea benévolamente en nuestra nuca. No creo que la inspiración sea lo que dispara el trabajo y el acto de escribir; pienso que es al revés, que hay que sentarse a escribir, con tenacidad y con paciencia, y que el trabajo nos otorga a veces el premio de la “inspiración”.

¿Crees que tus anteriores libros de textos breves, Los pájaros (publicado en Argentina en 1994 y reeditado por páginas de espuma en 2003 ), La vida imposible(Emecé editores) o Los pequeños espejos (Meet) tienen un estilo más espectacular, más alejado de lo cotidiano y posible?

La verdad que no pienso de esta manera. Creo que mis libros de cuentos comparten un cierto juego con los límites, a menudo muy delgados o difusos, entre lo real y lo “fantástico” o insólito o extraño. Son cuentos que están, me parece, con un pie en lo cotidiano y otro pie en lo inusual o “inolvidable”, lo irrepetible o singular… Se trata, claro está, de un coqueteo con lo fantástico que no es el fantástico clásico de ciertos cuentos gótico o romántico. La diferencia, como apuntaron antes que yo muchos teóricos, que este “neo-fantástico” apela a un uso intelectual (no tanto “emocional”) de lo “extraño”: como metáfora, como ironía, como reflexión narrativa de los fantasmas, temores y deseos del hombre contemporáneo.

Unos pendientes tan idénticos a los falsos que por un instante pensó que eran una copia sin valor de los que ahora faltaban. ¿Cree que, al igual que las perlas del cuento La mentira o la verdad, cada vez es más dificil distinguir lo auténtico de la copia, la verdad de la mentira o lo inolvidable de lo desechable?

Lo falso está más divulgado, tal vez, porque la tecnología se democratizó. Cualquiera puede hacer hoy, por ejemplo una foto muy bien trucada en su casa; antes, una fotografía era una prueba casi inapelable… Era muy costoso y muy raro trucar bien una foto, enseguida se advertía. Pero la copia y la falsificación existieron siempre en el terreno del arte, como reflexiona Orson Welles enF for Fake. Lo mismo que la impostura, como nos cuenta Bram Stoker en su libro Famosos impostores. Lo que cambian son los métodos, claro.

Francisco Garzón Céspedes dice que “hacen falta muchos relatos para construir un relato”, ¿Para construir este libro de relatos, qué autores ha tenido que leer y releer Eduardo Berti?

A lo mejor tendría que responder que todos los que leí, ni uno más ni uno menos. Tal vez sea como aquel cuento de Ray Bradbury en el que un hombre viaja al pasado y, pese a que los organizadores del viaje en el tiempo le dicen que no se aparte nunca de la pasarela suspendida y que no toque nada de lo que hay alradedor, por accidente él pisa o rompe una hoja (creo recordar) y, de regreso, advierte pequeños cambios en el mundo cotidiano. Me tienta fantasear que si hubiese leído un libro de más u uno de menos, habría pequeñas diferencias en estos relatos que acabo de publicar. Sé que la idea es un poco fantasiosa y bastante exagerada, pero supongo que puede aplicarse, eso sí, con los libros y autores que fueron decisivos para mí. En ese sentido, no habría escrito lo mismo de no haber leído, supongo (y me ciño al terreno del cuento, en esta lista), a Virgilio Piñera, a Felisberto Hernández, a Roald Dahl, al mismo Bradbury, a Maupassant, a Cortázar, a Borges, a Bioy, a Silvina Ocampo, a Kipling, a Hawthorne, a Horacio Quiroga, a Kafka, a Chejov, a Dino Buzzati, a Italo Calvino… Podría seguir un buen rato, pero no te quiero aburrir con intereses personales…

Lo reconozco es una pregunta típica pero querría conocer tu respuesta, ¿Cuándo te diste cuenta que querías, que necesitabas ser escritor?

Aunque resulte curioso, no recuerdo que en un momento determinado yo tomase la “decisión” de ser escritor o de escribir cuentos y novelas. Es algo que empecé a hacer con naturalidad a los 6 ó 7 años de edad, cuando iba de visita, sobre todo los los fines de semana, a la casa de mis dos tías profesoras de literatura, las que aparecen (sublimadas, modificadas) como personajes de mi última novela: La sombra del púgil. A una de estas, la tía más joven, le robaba su máquina de escribir Olivetti, que me resultaba más ágil que la inmensa Remington que mi padre tenía en casa y que él me prestaba muy a regañadientes. Muchos años más tarde, muertas mis dos tías, encontré algunas de las cosas que había escrito de niño y quedé perplejo al ver que un brevísimo texto de infancia se parecía mucho a uno de mis primeros cuentos.


Últimamente, con la publicación de algunas antologías sobre cuentistas españoles, como por ejemplo La banda de los corazones sucios de la editorial Baladí, o la extensa antología organizada por Andrés Neuman para Páginas de espuma,Pequeñas resistencias, ¿crees que el cuento como género está ganando importancia en el panorama español?

Creo que sí. Que está recuperando importancia y protagonismo, por fin, luego de que muchos lo consideraran, erróneamente, como un género “menor” o de “aprendizaje (como el cineasta que se “ejercita” haciendo cortometrajes). Pero esto no ocurre sólo en España. Cuando publiqué en Argentina mi primer libro de cuentos (Los pájaros) un periodista me dijo: “Ahora que publicaste cuentos y aprendiste a escribir, pasarás por supuesto a escribir novelas”.

Si es así, ¿Crees que se debe a un aumento de la calidad, a una mayor implicación con el género de algunas editoriales, o que se trata, por sorprendente que parezca, de una mayor demanda por parte del público?

A las tres cosas, pienso. Y principalmente a que hay de nuevo espacios (fuera del clásico espacio del libro impreso) para que se escriban y lean cuentos: tanto en internet como en diversas revistas. No hay que olvidar que el boom del cuento desde la época de Poe y Dickens hasta los comienzos del siglo XX (en EE UU, en Francia, en Inglaterra) se produjo, entre otras razones, porque explotaron las revistas (no sólo las estrictamente literarias) y desde allí se les pedían cuentos a los escritores.

Hace unos años iniciaste una nueva editorial, La Campañía, con presencia en España y Argentina, ¿Qué espacio cree quepuede cubrir esta nueva aventura tanto en el mercado argentino como en el español?, ¿En qué se diferencia su propuesta?

Hay dos principios básicos a la hora de elegir nuestros libros: por un lado, obras “oscuras” o poco conocidas de autores que nos parecen fundamentales; por otro lado, libros que nos parecen fundamentales o muy valiosos pero que pertenecen a autores “oscuros” o poco conocidos. El primer caso es el de “La desdichada”, de Ivan Turgueniev, por ejemplo; el segundo caso es el de los cuentos breves de Jacques Sternberg, por ejemplo, o de los cuentos de William Goyen. En ambos casos, tratamos de suplir una carencia: la ausencia de esos textos o autores en las librerías.

Por último querría preguntarte por tus próximos planes, por los nuevos caminos que piensas recorrer.

Terminé de escribir una nueva novela hace pocos meses. La estoy reescribiendo, puliendo, corrigiendo. Supongo que estará lista para mediados o fines de año. Mientras tanto, sigo escribiendo cuentos y empecé a escribir, a tientas aún, otra novela. Veremos qué pasa…

  • Lo inolvidable

  • Autor: Eduardo Berti
  • Editorial: Páginas de Espuma
  • 128 páginas

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