Islas divergentes

6 de julio de 2011

Esperanza


Waterhouse, The lady of Shalott

La vida estaba en sus piernitas
en sus coletas rubias.
Todo era tan suave
que olerla fuerte habría sido demasiado
para mis pobres pulmones de niño. 

La esperanza estaba ahí
revuelta
pero cuando corría,
cuando huía preciosa de las clases y los niños,
algo único se escapaba
caía
de su piel de animalillo enjaulado.

Tuve que romper la puerta
del baño de las niñas tantas veces
para descubrir que ya no estaba
que se había ido
escondida
detrás de los cigarros
en el corazón de la noche.

Poco a poco la esperanza
el nudo en la garganta y las miradas
se fueron perdiendo en mi carne
como un rutinario veneno
que no deja mancha.

Al fin me acostumbré a tratarlas
a rastrear lo único
pero ya era tarde.

Me rasgué la piel tantas veces
intentando hallar el mapa
la mísera pista
el abrupto encontronazo
de nuevo
entre el valle y mis ojos.

Noté la brisa algunas noches
pero la cama
(crítico e implacable animal nocturno)
con impecable furia
solo dejaba huesos y legañas rotas
cuando bajaba la marea.

La esperanza seguirá escondida en el fondo del bosque
cerraduras
que nunca podré abrir.

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