Islas divergentes

10 de noviembre de 2011

Mi madre es un pez


(Texto publicado originalmente en koult.es)




Como dice Rodrigo Fresán en su relato La sustitución de los cuerpos y que forma parte de esta antología familiar de Libros del silencio,tarde o temprano, siempre acabamos descubriendo que los otros nunca son como uno pensaba. Y es verdad, pero con la familia, pasa aún más.
Y por eso, porque la familia sorprende aunque la veamos todos los domingos, aunque nos haya criado, aunque nos haya dado azotes y nos haya enseñado a leer, había que dedicarle una gran antología de relato a este círculo que nos acompaña toda la vida. Y tenía que ser precisamente de relato para que cada autor pudiera crear una familia, un entorno y lo presentara en sociedad.
Sergi Bellver, un tío muy interesante que sabe estar en los sitios adecuados y con los proyectos adecuados (como aquel libro imprescindible que fue Chejov comentado) se dio cuenta de esta extraña cercanía-lejanía familiar y decidió, junto a Juan Soto Ivars, proponer relatos familiares a una selección de escritores bastante adecuada.
El entorno familiar, con sus madres cercanas y crispadas, como cuando se le pasaban las judías al fuego pero lejanas al mismo tiempo, padres que detrás de una supuesta dureza esconden agujeros y hermanos cabrones, es un flotador que nos ayuda y que también nos condena a veces. Un caldo de cultivo perfecto, una excusa fértil y muy bien elegida para esparcir.
Los que cumplen, Fresán, Jabois o Berta Marsé, por ejemplo. Los que no, los que han hecho un relato para cumplir y que me han decepcionado por anteriores libros con un nivel bastante alto son Ortuño y Candeira. Uno, el mexicano, ha hecho un relato plano que no llega, y el otro, una narración que repite (y agota) el recuerdo que tengo de su genial Antes de las jirafasPor otro lado, los que se han salido del tiesto, los que han cogido la propuesta y la han convertido en literatura son unos cuantos. Andrea Jeftanovic es una, medalla de oro por ese relato tan conseguido y Aixa de la Cruz y Paula Lapido la acompañan en un podio de escritoras amazonas. Salvajes y poéticas. Celso Castro también me gusta mucho, con ese tono de niño que rompe y Sergio Lifante escribe bien, tiene un buen relato, pero me deja inquieto. Otro escritor que me llega es Ricardo Menéndez Salmón que consigue atrapar el cansancio del matrimonio (¡casi nada!) y convertirlo en lógico, inevitable (como todos sabemos que en realidad es). Otro que lleva fuera del tiesto un tiempo es Olmos, que ya no sorprende a nadie sobre su calidad literaria pero si sobre sus relatos.
El resto de cuentos me parecen complementarios, no destacan pero acompañan a los textos que ya he mencionado. De alguna manera completan la foto de familia de unas grandes historias y ayudan a valorarlas en su justa medida. Una familia en la que no encaja, lo siento, Eduardo Mendoza. Me parece que su epílogo es demasiado plano, demasiado “esto ya lo he oído yo” y no, no encaja dentro de un libro lleno de historias desubicadas.
En definitiva, este Mi madre es un pez es un buen libro de relatos que no cansa pese a versar sobre un único tema y tener casi cuatrocientas páginas. Un libro con muchos caminos, con muchos discursos, con muchas madres y padres, con muchos recuerdos propios que el propio lector reencontrará en sus páginas.

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