Islas divergentes

23 de septiembre de 2012

Señor de Madrid


Yo crecí con la fuerza de mis muertos
con la fuerza de mi montaña,
de mi oscura torre de huesos.

Señor de Madrid que estiras la barbilla y estudias los laberintos
no conoces la profundidad de mi mano
no sabes que yo fui el que descubrió América en el pueblo de al lado
el que ganó la batalla
el que no se cansó de pasear siempre
el mismo camino.

Señor de Madrid que inventaste el coche
y te salieron tres cucarachas de la ropa,
Señor de Madrid que abriste la nevera y se te pudrió el campo
el atardecer,
los rabilargos de la tarde.

¿De qué barrio eres? me preguntas,
¿De qué marca?
¿De qué ruido?
¿De qué polución, de qué semáforo, de qué parada de parados de metro?

Y yo te digo, Señor de Madrid,
que soy de tierra, que soy de pan,
que soy de manzana, que soy de mañana
y que tengo mi columna de muertos llena de esperanza,
llena de ciempiés que no terminan
nunca
de beber su sangre

Mi sangre.  

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