Islas divergentes

28 de noviembre de 2012

Recital de Elvira Daudet y Rafael Soler en Madrid

Venga, va, a ver quién tiene narices. 
Que se que no os atrevéis porque las palabras raras os muerden los pies y no entendéis bien lo que dicen pero eso no va a pasar esta tarde. Esta tarde, para los cobardicas de la poesía va esta invitación. No es una invitación para ir a un recital mío, que no me atrevo, es para un recital de poetas de verdad: RAFAEL SOLER Y ELVIRA DAUDET. Os digo que si alguna vez habéis visto algo de piel debajo del vestido de la poesía, ESTA es una ocasión para verla desnuda, sugerente, en la voz de estos dos grandes. Yo estaré, y nos podremos ver A LAS 19:30, EN EL PALACIO LONGORIA (SGAE), en C/Fernando VI, Nº4 en el METRO ALONSO MARTÍNEZ. 

Os dejo un poema de Elvira Daudet:

ESPERANZA

Después de la catástrofe, cuando el mar
se tornó una olla de barro sin azules,
el centro estelar de su vida fue borrado
por una aviesa mano,
como si nunca hubiese existido
y sólo fuera un sueño.
Pasó el tiempo. Un día el mar recuperó el azul,
ella el aliento y se creyó sanada.

Nunca se confesó que lo esperaba.
Durante largos años
el sol siguió enviando destellos de esperanza,
una senda de teselas doradas
y un pórtico de lanzas en la alcoba.
Era tierna y esbelta como el trigo;
la vida y los deseos ajenos daban vueltas
en torno a su cintura, sin rendirla.

No admitió que esperaba una sola palabra:
la que su amante, distraído, nunca pronunció
durante aquellos años.
Camelia de cristal no deshojada,
se mantuvo joven y confiada
bañándose en el agua perfumada
con las flores de azahar del limonero,
esperando, sin confesarlo nunca.

Un murmullo de voces en la sombra,
anunciando que el barco que él mandaba
había naufragado,
fue el culpable del trágico suceso.
O tal vez el Destino sustituyó al poeta
para unir al final a los amantes.
El mar depositó sobre la arena
el cuerpo de Esperanza, sin dañarlo.

Elvira Daudet

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