Islas divergentes

18 de diciembre de 2012

Mover la bola



Porque no tenemos un Dwight Howard que rompa la defensa de púas y policías del gobierno. Solo somos tiradores solos que nos escondemos en canchas en el bosque donde jugamos solos, con nuestra pelota y nuestra hipoteca embarazada a cuestas. Pero somos muchos. Tirando y fallando, tirando y hueso y aro, y perdiendo el día, los amigos, las oportunidades, siempre perdiendo. 
Cómo ganaremos el partido si no hay quien se deje la piel contra el ogro de la zona, nadie contra la bestia hambrienta de personales e impuestos, y nosotros con hambre, cero de doce y no ganamos el partido, sudor de lunes y lesiones y nadie, nadie llora de lágrimas de victoria.

Pero somos tantos, que no nos hace falta Howard que saque mineral en la zona. Es cuestión de mover la bola hasta que le salgan pelusas cansadas de la boca a todos los estrujadores de tableros, a los que imponen la triste regla que no deja jugar a la pelota en los bosques, a los besos en los baños sagrados de la risa y que solo quieren jugar ellos, y ellos, y ellos y para nadie más la pelota porque se enfadan, cogen su puta pelota, y nos suben los impuestos, nos aprietan la vida y nos ganan, nos ganan, nos rematan el partido. 

No tenemos miedo. Apretamos los puños y no, se nos desatan los tobillos pero no, no vamos a dejar que ganen los ogros de la zona. Somos muchos para tocar el tambor amarillo de la victoria y nadie podrá parar el mate en la cara de la necesidad y el deseo. 

No hay comentarios: