Islas divergentes

9 de enero de 2015

Soy El Jueves

Llevaré unos diez años, más o menos, comprando #Eljueves. Algunas rachas con más intensidad y otras con menos. No podía leer #CharlieHebdo porque, entre otras cosas, no hablo francés con la facilidad que debería. Creo que, por trayectoria, estilo y calidad, son publicaciones similares (teniendo en cuenta las características del público francés y español, muy diferentes) y, por eso,  siento que el asesinato de estas 12 personas significa, de cierta manera, un asesinato a todos aquellos que nos hemos acercado alguna vez a este tipo de publicación irónica/humorística/crítica/democrática en cualquier idioma o cualquier parte del mundo.

No es un ataque a los que mandan, a los que están por encima, a los que imponen y no escuchan, a los que se pliegan a las imposiciones económicas de cualquier tipo que hable inglés y que tenga dos duros. No, no han atacado a los que controlan todo. Tampoco han atacado al rey, ese mismo que hizo cerrar dos veces la revista #Eljueves porque no le gustaba cómo salía en la portada. Sí, dos veces. La primera el 18 de julio de 2007, cuando La Audiencia ordenó retirar todas las revistas (120.000) de los estancos de toda España e investigar el suceso.


La segunda vez, hace menos de un año, en junio de 2014, (aquí toda la historia) y que supuso que la empresa editora de la revista "se bajara los pantalones" ante una portada de la revista y ordenara que la cambiaran por otra en la que salía Pablo Iglesias. Este decisión, como ya sabréis, supuso que la mayoría (y, en muchos casos) los mejores humoristas de esta revista histórica decidieran abandonar el barco del "derecho de cerrada-pernada" que imponían desde altas instancias.



Por ello, y porque #Eljueves también se ha reído de mí, por cultureta, poeta o lo que sea, defiendo la libertad de expresión. No MI libertad de expresión. Defiendo que #Larazón publique aunque, según mi opinión, pocas veces tengan razón. Defiendo que ABC publique o que cualquier programa tipo economía haga burlas a personas públicas que me resulten simpáticas. Defiendo la democracia porque soy demócrata, no porque en ella se diga lo que yo quiero oír, sino porque en ella todo el mundo se puede expresar.

Lo del miércoles no fue un ataque religioso, fue un ataque totalitario. Como totalitario fue Franco, Stalin, Sharon o todas las personas que en una democracia censuran a los que no opinen como ellos.Aquí no nos han puesto bombas, pero también han intentado borrarlos la sonrisa y la crítica.

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