Islas divergentes

8 de marzo, día de la mujer trabajora



¿Qué estamos celebrando?
Mujeres trabajadoras que no son nada más que eso, trabajo.
Mujeres sepultadas en talleres manchados de olvido, los pulgares llenos de agujas y callos.

Mujeres trabajadoras como muebles de cocina, que importan menos que el mando a distancia, pero que también son apretadas.

Mujeres como dianas del miedo de sus maridos,
percheros donde aparcar los hijos gritones que también son su trabajo, sus horas extra.

Mujeres que son bombas de relojería con sus cosas, con sus embarazos,
estorbo cuando Cristiano Ronaldo apunta a gol en la tele de casa,  
mujeres que cuidan a sus padres con las manos gastadas e invisibles. 

Mujeres enfermeras, conductoras, profesoras, cocineras, psicólogas que no saben nada y miran a su marido para que le pregunte al mecánico qué le pasa a su coche.

Mujeres con falda y tacones que se rompen los tobillos en oficinas como junglas,
donde nunca llegan al estante más alto aunque se pongan de puntillas,
mujeres limpias, sin pelos, peinadas, afeitadas, maquilladas, ocultas tras el barro de lo cosmético.

Mujeres que van a clase sin que lo sepan sus maridos.
Mujeres silenciosas como cimientos de la casa.
Mujeres que nunca beben vino,
que hablan bajito en el trueno de su marido,
mujeres que tienen hijos y no saben por qué, en qué lugar ponerlos de la casa.

8 de marzo no es un día isla, es un día pantano que dura todo el año.

Mujeres como animales de carga, de trabajo a todas horas,
ordenando la ropa de sus hijos en sueños,
cuentan las gotas de café que le gustan a su marido en el café con leche,
mujeres trabajando el doble, trabajando el triple, mujeres locas por no aceptar cumplidos, por no aceptar el molde,
por no saber que están provocando y que es suya la culpa.  

Mujer como sinónimo de follar,  
mujer cordero que se deja manchar y penetrar y colonizar.
Mujer mía, mujer tuya,
mujer de todos, del que la quiera, del que llegue primero y ponga el cerco de los celos.
Mujer detrás del hombre, debajo, al margen de las cosas importantes ellas también mueren en el día de la mujer trabajadora,
pero mueren poco, en silencio

algo habrían hecho.





Sílvia Pérez Cruz lo vuelve a hacer (Teatro Apolo. 2/3/2016. Natural y potente como la ternura de los tigres)


los ojos de Sílvia Pérez Cruz son territorio independiente de la tierra,
girasoles envenenados por telarañas dulces de la noche.

Ojos simples como rocas negras de mar,
anticipo de su voz donde salta al vacío. Y lo llena. 
Vuelve con manos llenas, sonriendo,
camino abierto en la cuerda de la garganta.

Su mirada es un boceto de gato, un vuelo horizontal de cometas,
sale en las revistas pero guarda el secreto bajo su pelo,
escondido y tímido ante la lupa que busca estirar murmullos,
como los niños vergonzosos del primer beso.

Vestida de rojo como las promesas, 
como las heridas que no cierran, 

natural y potente como la ternura de los tigres ella juega con el mundo y lo hace posible.