Los no lugares y sus correspondientes divagaciones HOMOGENEIZACIÓN
Quizá fue después de la segunda guerra Mundial, o quizá después. Lo que es evidente es que desde la segunda mitad del s. XX, ha habido en el otrora denominado bloque capitalista, una homogeneización y una mutación de los sectores estratégicos de la cultura y la sociedad. Ambos son derivados, en última instancia, de los patrones capitalistas globales. El único enemigo verdaderamente relevante en este tiempo, fue el comunismo soviético. La URSS, junto a sus países satélites y afines, hizo de presa frente a este desborde de capital e influencia en la cultura global. Pero una vez derrotado el “enemigo rojo”, la industrialización, el beneficio, y la producción en masa pudieron expandirse a su antojo por encima de naciones, personas y culturas. Grandes multinacionales apuntalaron definitivamente sus imperios en esta época, para, desde entonces, no dejar de expandirse geográfica y potencialmente hasta llegar a sus máximos en los últimos años. Y lo que queda, entonces, de esta mencionada expansión mundial, es una homogeneización mundial sin precedentes en contextos cotidianos de la mayoría de la población mundial. El antropólogo francés Marc Augé, acuñó el término hace años para denominar a estos espacios que no son “lugares de transitoriedad que no tienen suficiente importancia para ser considerados como lugares”. RAPIDEZ Y VIRTUALIDAD
Otra de las causas, aparte de la homogenización, es la creciente virtualización de la sociedad y de su capacidad de transporte. Al igual que mencionamos anteriormente, la expansión del modelo capitalista a nivel mundial hizo que las sociedades se igualares y tomaran características comunes. Una de estas características más relevantes, al menos para este estudio, es la capacidad de movilidad de las clases medias. A finales del siglo pasado, se pudo apreciar ya claramente, que los adelantos tecnológicos podían ser disfrutados por todos. Esto hizo que no solo una élite de personas adineradas pudiera moverse con facilidad. A partir de este momento, personas de recursos medianos, iban a poder moverse fácilmente a través de su coche, su autobús, y sobre todo el avión.Este fenómeno, hizo que se crearan zonas intermedias despobladas y desangeladas. Zonas de paso. Y ahí es cuando surgen, verdaderamente, los no-lugares de Marc Augé. Son producto del movimiento constante y generalizado a nivel mundial. *Elementos:La hegemonía capitalista occidental ha provocado una homogeneización de buena parte de los contextos de los países desarrollados. Ejemplos de esta homogeneización son:- Aeropuertos.
- McDonalds y Burger King.
- Bolsas de plástico.
- Pizza y pasta.
- Autopistas.
- Hoteles y hostales.
- Calles principales de las ciudades más grandes.
Pero no solo el entorno urbanístico-utilitario es homogéneo. También lo son útiles diversos como las bolsas de plástico, pizza y pasta, y la alta tecnología. *Paradoja de las cafeterías:
Pese a encontrarse en todo el mundo, y pese a que tienen características similares a los no-lugares antes mencionados, las cafeterías no son, en ningún caso, lugares comunes. Los cafés tienen historia, claro que si. Cada metro y silla de cualquier café, ha sido experimentado por el trato humano, y por ello, se han humanizado. Quizá en esta aclaración podemos ver una de las deficiencias de los no-lugares. La relación existente entre estos no- lugares y las personas es que apenas se da este contacto humano que hemos mencionado que si que existe en las cafeterías. Las situaciones en los no-lugares no permiten que los lugares se humanicen. Todo es express, rápido y volátil. Todavía no hemos tenido tiempo de crear un aeropuerto o un Mc Donald literario. Todo llegará.Y es por esa razón que los cafés tienen vida. Las tazas humeantes, y el reposo necesario para poder abordarlas hacen que tengamos que levantar la mirada y esperar. Puede pasar que pretendamos ser demasiado “express”, demasiado rápidos en el arte de beber te o café y por eso, cuando intentamos beber antes de tiempo, la enorme sabiduría almacenada de los cafés, hace que nos quememos y tengamos que esperar. Y al quemarnos, y tener que esperar, nos damos cuenta que este proceso, este enhebrar movimientos lentos y delicados, hace que definitivamente en las cafeterías hay vida, y en las autopistas no, por ejemplo, por mucho que Cortázar haya intentado convertirlas en otra cosa, algo así como un monstruo relleno de personas enlatadas, en coches, pero no, aún no hay humanidad pese a Cortázar. Para reflejar un poco mejor lo que quiero decir, voy a valerme de una genial enumeración de los cafés que el escritor Enrique Vila-Matas conoció en París, “el Café de la Paix, por ejemplo, junto a la Ópera, donde un día un extraño vecino de mesa intentó convencerme de que a mi físico le sentaría bien una chaqueta idéntica a la que lucía Yves Montand en su última película; el Café de Flore, donde trabé una fugaz conversación con Roland Barthes, que me contó que, después de treinta años de ser cliente del bar, la cajera del local le había visto por la televisión y se había enterado de que era escritor y le había pedido un libro dedicado y él había decidido –puesto que ella le había visto en algo tan visual como la televisión- regalarle L´empire de signes, el único libro de los suyos que estaba profusamente ilustrado; el Café Blaise, donde me hizo efecto un LSD de notable potencia y por muy poco no fui asesinado por una novia muy malvada; el Café Aux Deux Magots, donde sin venir a cuento el arquitecto Ricardo Bofill me dijo no sé cuántas veces que era muy fácil destacar en Barcelona pero muy difícil -< como lo estoy logrando yo en estos momentos >, repetía todo el rato – triunfar en París; el Café La Closerie des Lilas, donde adquirí la costumbre de sentarme en la mesa en otro tiempo habitual de Hemingway y es escaparme siempre sin pagar; el Café Bonaparte, donde en compañía de Marie-France (travesti a lo Marilyn Monroe que estaba rodando conmigo Tam-Tam, una película underground de Adolfo Arrieta) vi con asombro cómo un loco furioso entraba con un martillo en el local y elegía al azar a uno de los clientes para asestarle un contundente golpe en el cráneo que le dejó tieso y muerto; el café que está cerca del cruce entre la rue du Bac y el boulevard Saint-Germain, donde Perec recomendaba sentarse para observar la calle con un esmero un poco sistemático y anotar lo que viéramos, lo que nos llamara la atención, obligándonos a nosotros mismos a escribir 1>. Con esta perorata quiero mostrar cómo este tipo de experiencias solo se pueden experimentar en un contexto de historia, de vida, como es el bar y las cafeterías. *Telefonía móvil VS Cartas
Entonces el móvil, teléfono móvil o celular, es un elemento vacío y pertenece, por tanto, al paisaje general y más completo del universo de los no-lugares. Un móvil no te comunica con nadie ni con nada, sólo con el casi nada o el casi nadie, de alguien.Podemos decir, por tanto, que el teléfono móvil deshumaniza lo humano que compone toda voz. Que la voz de tu amada aparezca por el audífono de tu celular, no supone, en ningún caso, un milagro en suspenso, un florecer sostenido. Y no sucede esto, no se da esa poética relación, porque las capacidades de un teléfono móvil abarcan casi el límite de las posibilidades y no dejan espacio para la magia, el desconcierto y la espera. La incertidumbre y la probabilidad no tienen cabida, y por tanto tampoco lo tienen los milagros en suspenso. La ausencia de tecnología, o al menos, las versiones menos desarrolladas de la tecnología, suelen dar resultados más imprecisos, pero también, y como consecuencia directa de ser tecnología obsoleta, también son resultados más vitales y milagrosos. ¿Podemos comparar el sonido predefinido y enlatado de una llamada perdida con el primer contacto de tus dedos con una carta recién recibida?Quien diga que si, miente, o no ha recibido una carta en su vida.Y si alguien, en estos tiempos que corren, no ha recibido nunca una carta en su vida, no ha podido construir la imagen de los dedos de la mano de la persona emisora escribiendo en ese mismo lugar de papel que uno puede tocar, sentir las hendiduras del bolígrafo. *Casas VS Hoteles
Solo necesito situar al lector en la disyuntiva ensoñación entre las dos camas. La tu casa y las de un hotel. ¿Se puede comparar la cama donde descansabas tus carreras y lloros de la niñez con una cama cualquiera, con sábanas, mantas y almohadas que han sido lavadas y usadas por cualquiera, en una ciudad cualquiera, en una ciudad cualquiera con rascacielos, coches y calles cualesquiera?Pero el lector puede fabular y preguntarse ¿Pero si esa cama es una cama cualquiera de un hotel de lujo con 5 estrellas? Yo le puedo responder ¿Hay un lujo mayor que volver, aunque sea en sueños, durante un corto periodo de tiempo, a la niñez? Esta riqueza no necesita estrellas. *Dinero VS Cosas encontradas o dadas
En primer lugar, quiero hacer la diferenciación dentro del concepto dinero. Y para ello, quiero diferenciar entre billetes y monedas. Las monedas: Estas tienen un peso y una presencia material histórica y temporal que las exime de ser catalogadas del lado de los billetes, las tarjetas de crédito y el dinero virtual producido por la especulación y que domina la escena global. Creo que esta diferencia que reside entre monedas y billetes reside en el sentido original y casi mítico que le fue otorgado en el pasado a los metales. Hubo un momento en la historia en que, debido a su escasez, su dureza, y a cierto brillo embriagador, los metales ganaron la partida a las conchas o a la madera, y fueron, desde entonces, representantes y portadores de la riqueza. Por esta razón las monedas son diferentes. Ahora bien, con los billetes no pasa lo mismo porque quizá su riqueza material es igual a 0. Por lo general sus diseños no tienen gran valor artístico. Además, en ellos casi no queda tiempo para escribir o para dibujar, y el que esto se haga, no aumenta su valor monetario, aunque debería. Los billetes circulan por el orbe sin rumbo fijo y siempre estamos intentando desprendernos de ellos (del billete concreto, no del conjunto de ellos) a cambio de otra cosa, por lo que no deben sentirse muy bien, ni queridos, ni tampoco que pertenecen a ningún sitio. Sin embargo, si que pertenecen. A diferencia de otros no-objetos o no-lugares, pertenecen a un tiempo y aun espacio concreto. Cada moneda corresponde a un país (o a varios países, EU), y a un tiempo concreto, que en muchos casos justifica su validez. *Ascensores VS escaleras
Los ascensores son cajas. Habitualmente de metal y en la mayoría de los casos, también modernos y pequeños. Quedan pocos ascensores antiguos porque todo el mundo sabe que son peligrosos. Hay muchas historias diferentes de gente que se ha quedado atrapada en ellos y por eso siempre los cambian en cuanto sale un nuevo modelo al mercado, lo cual hay que decirlo, le quita cierto encanto que podría tener el mecanismo de transporte. Lo que es cierto, es que cuando entras en un ascensor, el tiempo y el espacio quedan fuera hasta que se abren de nuevo las puertas. Como una máquina del tiempo y el espacio vertical. Entras en un lugar, y tras unos segundos, apareces más arriba o más abajo. Es casi como un microondas, pero en con la capacidad de transportar objetos en vez de calentarlos.Si se diera el caso de que una persona se desmayara dentro de uno, y que al recobrar el conocimiento no pudiera recordar, no tendría manera de poder saber donde se encuentra y porqué está ahí. Los ascensores son una prisión de corta duración. Y por eso, cuando alguien se queda atrapado dentro de uno lo pasa tan mal. Porque súbitamente le ha sido privada la libertad. Como si se tratara de un preso.Hay algo positivo con los ascensores y es que no te cansas al usarlos. Esto es una ventaja respecto a la escalera, pero todo el mundo sabe que hacer ejercicio es bueno para la salud y por eso, si no subimos las escaleras de nuestros edificios, ¿Dónde podremos hacer ejercicio sino aquí, con estas vidas llenas de coches, metros y rutinas que no nos dejan tiempo para nada?También hay que decir de las escaleras que, aparte de su positiva contribución a la forma física de quien las camina, también son portadoras de historias y un contacto entre la gente que están alrededor de ellas. Cuando subes o bajas por ellas, vas viendo cuán alto o cuán bajo estarás o estabas y por eso te permite estar presente físicamente en las cosas que pasan. No como en los ascensores. Las escaleras, además, tienen historia. Las escaleras que diseñó Miguel Ángel en Roma, las que bajó ese pobre carrito de bebe en el acorazado Potemkhin, o la escalera que describió Cortázar en su relato “Instrucciones para subir una escalera”. Historia social VS No-historia económica liberal
En el período poshistórico no habrá arte ni filosofía, sólo la perpetua conservación del museo de la historia humana. Lo que siento dentro de mí, y que veo en otros alrededor mío, es una fuerte nostalgia de laépoca en que existía la historia.Francis Fukuyama, El fin de la historiaEn este mundo en el que vivimos, según Fukuyama “poshistórico”, la ideología, la cultura y lo social no hacen otra cosa que extinguirse poco a poco. En el siglo XX, la mayoría de los países del mundo tenían como objetivo nacional una mejora o un desarrollo de aspectos sociales, espirituales y también económicos. Las democracias europeas, y el resto de países, aparte del progreso técnico-industrial-económico, pretendían alcanzar un estatus de potencia como nación, que responde más al sentimiento patriótico nacionalista que al económico. Los nacionalismos exacerbados, fueron derrocados en su totalidad en la segunda guerra mundial, siendo así “reducados” en la vía única del desarrollo materialista económico. Esta tensión entre naciones que perseguían lo espiritual y lo económico, y EEUU que perseguía el desarrollo económico y técnico, duró hasta finales del siglo pasado, cuando el comunismo, el padre de las utopías, se rompió en mil pedazos haciendo inviable cualquier tipo de sueño. EEUU entró en escena y estableció una nueva carrera materialista que derrocaría poco a poco al resto de naciones para establecerse al fin como hegemónica y provocar así el fin de la historia. De esta manera, ahora asistimos a esta deriva social mientras disponemos de un rico mundo hegemónico global donde el desarrollo material y técnico florecen por doquier. ¿Cómo podemos despertarnos de esta ensoñación, si ni siquiera tenemos conciencia ideológica? No podemos. El entorno es apolítico y sin ideología. El entorno, como todo lo demás, ha sido creado en un orden de cosas diferentes a las del pasado. Ya no podemos establecer utopías, porque ya nadie ni nada tiene sentimientos ideológicos. Claro que aún quedan brotes y más aún con la recién crisis capitalista, pero esto solo hace que seamos más conscientes que necesitamos hacer algo. Debemos incorporar a esta situación “sin sentimientos”, un enfoque humano. Tenemos que reactivar de nuevo la historia, porque no habrá cambios si no lo hacemos. No podremos tener utopías, y no podremos quedar fijados en un momento temporal, porque ahora, esta época actual, se ha convertido en un espacio en el cual el tiempo es una especie de niebla donde no hay ni antes ni después, tan solo mercado, progreso técnico y materialismo histórico Hegeliano consumado en su máxima potencia.
La economía liberal, en su afán de expansión y explosión, ha generado, como hemos analizado anteriormente, zonas geográficas donde la historia, (básicamente el pasado y su revisión), y la ideología, (que si bien mira hacia delante, es proyección al futuro) no tienen cabida. Líneas de literatura sobre los no-lugares
-Si cada vez somos más globales, más iguales, y cada vez más comunicados, reconectados y enchufados, ¿Por qué sigo solo y triste?-Nos levantamos con plástico y cables, desayunamos metal y cristal, en el trabajo nos pagan nada y papel. Al llegar la tarde, llega el naranja, la casa, el amor. Y así, finalmente somos personas, para, pese a todo, seguir viviendo. -Desde hace un tiempo nuestras ciudades, nuestras vidas, están llenas de muerte. Muerte en el asfalto, muerte en los cristales y en los coches. Sobre todo en los coches. Por supuesto que aún hay personas, seres humanos incluso, pero tengo mis dudas. El monstruo que está en las calles y camina a nuestro lado, que lo vemos pasar orgulloso y confiado, está muerto, muerto. Se mueren personas todos los días, y sigue muerto el monstruo rodeado de hormigón, y plástico. Hubo tiempos pasados en que un perro rabioso y vivo, nos perseguía por aquellas calles vivas entre niebla. Ahora ese perro, rabioso y vivo, se deja humillar con la idiotez de su dueño. Ahora, también hay árboles, claro, pero estos solo sujetan su esqueleto muerto. Antes, estos árboles daban vida y frutas lustrosas que ya no existen y que pretenden cambiar por frutas muertas y enormes, llenas de plástico y traídas de lejos, demasiado lejos, donde aún hay vida. Maneras tontas de esperar, de Nata Ruiz Poveda
Instrucciones inútiles para esperar en los no-lugares.
Todo vienen siendo remedios tristes,
Tazas de café,
Las maneras de esperar más tontas del Mundo
Vienen siendo vasos medio llenos
Como consuelos infalibles, o elixires de la felicidad,
Una puertita por la que se libera la nostalgia;
Todo acaba por ser un laberinto,
Un cansancio acumulado entre calles y puentes
Que separan las cosas;
Y creo recordar que dí todo lo que tuve, pero a veces
Los ríos metafísicos no son suficiente
Y lo único que queda es abrir las manos,
Dejar caer las cartas que escribí, encender un cigarrillo,
Por si así, por si acaso,
Y todo es un andén terrible de estación,
Y la felicidad es un juguete roto,
Una pista, una huella:
Las maneras de esperar más tontas del Mundo.
JUEVES 24 DE FEBRERO DE 2011
DE TODOS LOS OBJETOS, de Bertolt Brecht
De todos los objetos, los que más amo son los usados.
Las vasijas de cobre con abolladuras y bordes aplastados,
los cuchillos y tenedores cuyos mangos de madera
han sido cogidos por muchas manos.
Estas son las formas que me parecen más nobles.
Esas losas en torno a viejas casas,
desgastadas de haber sido pisadas tantas veces,
esas losas entre las que crece la hierba,
me parecen objetos felices.
Impregnados del uso de muchos,
a menudo transformados, han ido perfeccionando
sus formas y se han hecho preciosos
porque han sido apreciados muchas veces.
Me gustan incluso los fragmentos de esculturas
con los brazos cortados. Vivieron
también para mí. Cayeron porque fueron trasladadas;
si las derribaron, fue porque no estaban muy altas.
Las construcciones casi en ruinas
parecen todavía proyectos sin acabar, grandiosos; sus bellas medidas
pueden ya imaginarse, pero aún necesitan
de nuestra comprensión. Y, además,
ya sirvieron, ya fueron superadas incluso. Todas estas cosas
me hacen feliz.
1 VILA-MATAS, Enrique: “París no se acaba nunca”, Anagrama, Barcelona, 2003, p.37-38.
Aeropuertos.
McDonalds y Burger King.
Bolsas de plástico.
Pizza y pasta.
Autopistas.
Hoteles y hostales.
Calles principales de las ciudades más grandes.
Todo vienen siendo remedios tristes,
Tazas de café,
Las maneras de esperar más tontas del Mundo
Vienen siendo vasos medio llenos
Como consuelos infalibles, o elixires de la felicidad,
Una puertita por la que se libera la nostalgia;
Todo acaba por ser un laberinto,
Un cansancio acumulado entre calles y puentes
Que separan las cosas;
Y creo recordar que dí todo lo que tuve, pero a veces
Los ríos metafísicos no son suficiente
Y lo único que queda es abrir las manos,
Dejar caer las cartas que escribí, encender un cigarrillo,
Por si así, por si acaso,
Y todo es un andén terrible de estación,
Y la felicidad es un juguete roto,
Una pista, una huella:
Las maneras de esperar más tontas del Mundo.
DE TODOS LOS OBJETOS,
Las vasijas de cobre con abolladuras y bordes aplastados,
los cuchillos y tenedores cuyos mangos de madera
han sido cogidos por muchas manos.
Estas son las formas que me parecen más nobles.
Esas losas en torno a viejas casas,
desgastadas de haber sido pisadas tantas veces,
esas losas entre las que crece la hierba,
me parecen objetos felices.
Impregnados del uso de muchos,
a menudo transformados, han ido perfeccionando
sus formas y se han hecho preciosos
porque han sido apreciados muchas veces.
Me gustan incluso los fragmentos de esculturas
con los brazos cortados. Vivieron
también para mí. Cayeron porque fueron trasladadas;
si las derribaron, fue porque no estaban muy altas.
Las construcciones casi en ruinas
parecen todavía proyectos sin acabar, grandiosos; sus bellas medidas
pueden ya imaginarse, pero aún necesitan
de nuestra comprensión. Y, además,
ya sirvieron, ya fueron superadas incluso. Todas estas cosas
me hacen feliz.
1 VILA-MATAS, Enrique: “París no se acaba nunca”, Anagrama, Barcelona, 2003, p.37-38.
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