Recomendaciones que me hago para dejar de utilizar compulsivamente el móvil

Después de pasar 5 días sin móvil, y con la suficiente distancia (aunque poca) para darme cuenta de que el móvil domina mi tiempo, de que su imperio de notificaciones y llamadas de atención monopolizan mi vida (o casi), aquí van mis recomendaciones para usar el móvil:



Chunlong Sun
  1. Usar el móvil, consultarlo, solo en caso de necesidad. No por pasatiempo. Mejor un libro o un cuaderno.
  2. No usarlo si estoy acompañado. Si es un caso necesario (como esperar una llamada o similar), pedir disculpas.
  3. Sacarlo del bolsillo, hacer lo que tengo que hacer, y volver a guardarlo. No quedarme divagando por las aplicaciones. 
  4. Pasar de ver qué hace la gente en redes sociales, eso lo haré en el ordenador y no compulsivamente.
  5. Si no lo uso, mantenerlo apagado/sin volumen. No hay urgencias, o si las hay pasan mucho menos a menudo de lo que pensamos y en realidad no son tan urgentes. 
  6. No usar el móvil como despertador. 
  7. No usar el móvil nada más despertar.
  8. No usar el móvil antes de ir a dormir. 
  9. No tener aplicaciones de redes sociales. 
  10. No usarlo mientras ando por la calle.  
 

las lenguas son un mapa

 
                                    Joseph-Lorusso

Alquimia de piel y negrura, palimpsesto del ayer y del mañana somos,sendero fuera de las calles y sus grises, hacemos la plegaria para evocar al mito, ancla y tallo del mundo vegetal que compartimos. 
Por tu calor estoy ciego, porque mis ojos no ven los esquinazos de lo necesario, de lo que hay que hacer, de sus estrategias, solo en tu cuerpo puedo moverme libre, sin moratones ni aguantar el aire. Porque debo en tu cuerpo no, en tu deseo no, en mi deseo te encuentro.
Porque estamos en la pecera de la habitación y desde aquí el mundo se sujeta, se ampara, se hace habitable. Porque seremos el camino al margen, su residuo, su temperatura que no cumpla las estadísticas sigo vivo. Porque el deber me ahoga yo debo acudir a ti, traquea, sistema respiratorio funcional, branquia donde hago las paces con el vivir, donde la pausa me alimenta.

cuando baje la sacudida de la sangre


les amants reguliers


cuando baje la sacudida de la sangre, 
en el espacio del aterrizaje de los mamíferos sobre el colchón, voltearé tu día y buscaré tu cordillera de vértebras y remolinos en tu espalda,

engranaje de cerrojos abiertos,

playa donde descansan las olas de tu marea negra sacudida por el viento

y el deseo.



Porque será tu espalda y no tu pecho de sorpresa constante y vibración sin lucha,

ni tampoco será tu cara, la que negocia con el viento la temperatura de los trópicos,

tampoco tu ombligo, acequia sagrada donde descanso la mejilla en las tardes de suerte.

No,

será tu espalda,

desde el faro del espasmo que es tu nuca hasta el punto de interrogación yo me posaré desnudo, fiel y devoto a tu geografía de marejada e isobaras de terraza y cerveza.

Será tu espalda el telar donde cerraré mis ojos,

será tu espalda el telar que me librará del frío.  

olvidado tu cuerpo sobre mi cuerpo,



olvidado tu cuerpo sobre mi cuerpo,
ancla en la memoria será la silueta del calor que hiciste sobre mí
como una periferia de lo amado,
una costra,
un recuerdo deshecho en las manos,
aquellas manos que dejaste en mi piel,
y fueron raíz y brasa.

Y así arrastro el cuerpo y su peso de cicatrices,
duelo entre pasado que no se apaga y futuro que no reverdece,
así camino tu recuerdo,
tu mejor letra, la imposible,
y lamo este archipiélago de daño que un día,
ya casi deshecho,
fue mi única patria.

Extremoduro






allí donde nos encontramos, donde huimos del pueblo, en tu cd hermoso y rayado, hoguera desconocida donde escapar del mundo presente de instituto y patria gris, oh volcán ignoto y cuerdas vocales de daño y humo, letra de maleza y animales vivos y frenéticos. 


En tu pureza de fuego los ojos alimentados de esperanza, Extremoduro y kalimotxo y quién soy, hasta dónde llega este agujero en el muro, este camino que parte el camino en dos, el camino del orden y el camino del misterio y el juego, pero también camino del peligro. Desde los 33 años te invoco, oh ilusión de la lengua fresca, oh ilusión de lo no vivido, oh ilusión del no daño, de la pureza como patria. 


Dije adiós al sofá, al calor, y dije sí a lo extraño, a aquello que me separa y me dice salta y grita y busca,qué hiciste de mí, Robe, profeta de la inmundicia y de lo sagrado, de la pureza del corazón en la sartén y los pies siempre en huida. 


Dónde se escondió aquel que seguía las líneas del suelo y no se atrevía,somos y soy lo que pudimos ser, los cimientos mordidos, las ventanas partidas y en la azotea cultivo un flequillo nuevo, uno de vértigo y mirada sin cansancio y vuelvo a tu cedé y grito y grito, pero no vuelvo a entonces. 


En el paro, en los atascos, en lo repetido, en la mugre de los días acumulados en las esquinas, en la ansiedad más pesada que el plomo, allí doy al play y de nuevo 15 años, busco trabajo, alterno los dos mundos pero qué hiciste de mí, Robe, qué fruta es esta que enseña las carnes del emperador, qué borrachera, dónde acaba esta pregunta sin parar, cuántos más están buscando cobijo y aleteo, dónde están los compañeros, por qué las noches se han quedado tan vacías, dónde quedaron los altares del misterio. 


Gracias




Riñones machacados debajo del surco del delantal y limaduras sagradas de tiempo en la encimera. Abuelas, madres, tías, hermanas, hijas, todas dentro del chapoteo y repetición de milagros cercanos y repetidos. 

Puñados de judías, lluvia de lentejas con chorizo, sacar a bailar el aceite con aquel tomate a punto de reventar. Especialistas en el juego de las ofertas del supermercado. Encontrar el camino para apagar el fuego del hambre de la casa, combinación de palabras de la tierra para hablar a los hijos. 

Dicen que no existe el machismo, pero su alta cocina es un hombre saliendo en televisión, un hombre campeón del mundo, campeón de olores y vinos y carnes. Campeón, pero fueron su madre y su abuela las que se lo enseñaron todo. Un hombre, siempre un hombre, pero poblado de mujeres, gelatina endeble sin ellas. 

Alta cocina es la paella de mi abuela, impresionismo de sabores y colores, museo y templo donde su arte elástico alimenta a cinco o a quince, donde siempre hay sillas de más, donde ojalá no acaben los domingos del calendario.