Islas divergentes

Luz




Ya llegan las contracciones. La señora Flora siente su interior romperse y no puede hacer otra cosa que contraerse y apretarse la tripa por encima del jersey. Su marido, Pedro, va de un lado a otro de la casa intentando encontrar ayuda para su esposa. Hace dos minutos que Flora ha sentido las contracciones y él llamó justo después a la ambulancia. Están de camino. En su intento de ayudarla, ha traído a la cama toallas, una botella de agua, servilletas, trapos y a sus dos hijos pequeños que miran a su madre aterrorizados.

El instante es importante, pero a la vez trágico. Es evidente que una nueva vida va a nacer, pero el coste puede ser demasiado grande. Pedro vuelve a intentar acomodar, por decimoquinta vez, un poco mejor a su mujer en la cama. No lo consigue. Flora le aparta la mano con un movimiento casi demoniaco. Flora grita y grita y solo quiere sacar ese fuego de su cuerpo. Pedro empieza a pensar si no habría sido mejor llevarla al médico, haber tenido que soportar un viaje largo de diez minutos auxiliando a su mujer y tener que haber dejado a los hijos en casa de… El caso es que da igual. Lo hecho hecho está, y ya no se pueden cambiar las cosas. Seguro que la ambulancia está a punto de llegar.

Flora nota como su cuerpo duele y reclama un esfuerzo titánico de su parte. Los otros dos partos no fueron así de duros. Este viene fuerte. Se agarra a las sábanas y vuelve a gritar. Parece que ahí viene. Siente que aquí viene.

Llama a su marido y le dice que va a tener que ayudarla. Lo primero, que lleve a los niños a la habitación, son demasiado pequeños y no harán otra cosa que asustarse y molestar. Lo segundo, que llame a esa puta ambulancia de nuevo que va a dar a luz, joder.

Lo tercero, y último, que venga a ayudarla, que traiga más agua, gasas, y unas tijeras.

Aquí viene. Las órdenes de Flora se cortan en ese momento y un golpe dentro de su bajo vientre le avisa que va a dar a luz. Ya está aquí.

Su pelo está empapado, y dibujos serpenteantes se forman en su frente. Pedro intenta ayudarla y calmarla, pero es imposible. Parece que la dilatación ha llegado a su punto máximo. Está al límite. Flora empuja, hace fuerza y siente como sus manos, sus brazos, sus pechos, y cada parte de su cuerpo empuja e intenta sacar a este nuevo ser al mundo. Sus fuerzas están al límite. Justo a punto de tropezar con un precipicio que representa el desmayo y el dejarse llevar. Sigue tentando a sus fuerzas, obstinada. Pedro la ayuda, empuja con ella, la intenta calmar y está con ella. No la ha dejado sola.

Parece que ya sale, ya sale, está saliendo, una superficie blanca ensangrentada aparece y Pedro y María cambian un poco su semblante y se miran por un segundo, no, menos de un segundo, porque aún no ha acabado, y primero hay que terminar de dar a luz, de empujar y de sufrir, y Flora, solo ella, es la que empuja, y es ella la que va a dar a luz, y es ella la que lo está haciendo, y aprieta todo su cuerpo y, por fin, ya está fuera. Ya lo ha hecho. Ya ha dado a luz.
Pedro no lo cree. Se siente afortunado. En los otros dos partos no pudo estar presente por culpa del trabajo, y ahora puede coger a su hijo en brazos y acunarlo y sentirlo cerca.

Busca entre las mantas, y recoge una bola blanca ensangrentada. ¿Qué es esto? Se da cuenta que tiene pliegues, que está arrugado. No es un niño, desde luego que no.

¡¿Pero qué es esto?! Lo abre poco a poco y al hacerlo se da cuenta de que dentro de él hay letras que dicen cosas. Instintivamente empieza a leer. Es un poema, parece:

Pasar la vida contigo
ha sido
es
y será un insulto
a cada alma,
que lucha y se mueve
para seguir viviendo.

Me estoy quemando
de mala manera
enlatada de cocina,
cama
llevo tu sombra en las cadenas.

La sangre me hará partir
buscar entre caminos pasados,
parados y resecos
huir,
y ponerte las cadenas
a ti,
carcelero de esencias que no sabe
hacer un huevo frito.

P.D-Te dejo. Por si no lo has entendido.

2 comentarios:

Claudieta dijo...

Esto me ha gustado mucho.
Vengo de Aires de Libertad.
Te sigo leyendo........muaaaaaa

Jorge García Torrego dijo...

Muchas gracias Claudieta, espero que te sigan gustando.