Islas divergentes

2 de agosto de 2010

Inmigración en el siglo XV





-Yo te bendigo en nombre de la Reina Isabel, Castilla…Y algo se movió entre la maleza y apareció alguien.

-Ehh, un momentito, por favor. Buenas tardes, a ver, los papeles.

-¿Pero cómo que los papeles? Yo soy Cristóbal Colón, y he llegado a estas lejanas tierras…

-Me parece muy bien, Cristóbal. Yo me llamo Toparu, y soy agente de inmigración. Encantado. Vamos a ver, me enseña usted su pasaporte y le dice a sus amigos que hagan lo mismo. En segundo lugar, debe usted aparcar las carabelas en otra cala, porque estamos en fiesta y solo está permitido hasta las trece horas.

-Pero es que nosotros venimos a conquistar estas tierras para la gloria de Castilla y de su majestad la Reina Isabel.

-Vamos a ver, que no nos estamos entendiendo usted y yo. Los papeles, y por favor, dígale a sus amigos que dejen de mirar las tetas de nuestras mujeres.
-Mire, usted no entiende. Nosotros debemos cristianizar y humanizar estos lugares para la gloria de nuestro señor Jesucristo. Aunque sea por la fuerza.
-No hombre no, tampoco es eso. Yo he venido aquí a pedirle los papeles y eso, pero es más una formalidad que otra cosa. Es que mire, nosotros aquí estamos bastante tranquilos, entonces, para una vez que pasa algo, pues, claro, hay que aparentar que se hace algo porque si se entera el jefe que no les he pedido la documentación y todo lo demás…menuda me lía. Por eso, tampoco vamos a perder la cabeza, ¿no? venga, vamos a tomar algo al bar del Unset, que pone unos rones que no veas.
-Me parece bien, pero luego os conquistamos en el nombre de Dios, de Castilla y de la Reina Isabel.
-Que si, pesado, que si…