Islas divergentes

Lo de dentro y lo de fuera

Forges,

Aquella mañana Arturo se despertó con la luz encendida, la ropa puesta, y un libro sobre la cara. Sin darse cuenta, y aún antes que abrir los ojos, respiró y le llegaron los recuerdos de aquel libro de lengua de tercero, con esos textos que mandaba doña Irene leer en alto. También pensó en los rulitos de goma que se quedaban entre las hojas, imposibles de rescatar, o el tacto de los libros nuevos nada más salir del plástico.

Luego, con una extraña pesadez, levantó el libro de su nariz y se dio cuenta que era una novela de mierda.


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