Islas divergentes

Las criaturas abisales, de Marina Perezagua




Las criaturas abisales de Marina Perezagua dan su bienvenida al lector con una adolescente cazaconejos que, de primeras, pone en alerta al visitante. Y es que la sugerente imagen de portada de Aron Wiesenfeld, The Delegate´s Daughter, muestra un resquicio inquietante de la realidad que atraviesa todos los relatos y los hace únicos.

Parece tópico pero en realidad no lo es. La realidad que palpamos, que compartimos con compañeros de piso, carteros, abuelos, niños y demás seres indescifrables tiene un resquicio de misterio, de mundos increíbles. Vale, desde Cortázar sabemos que esto es así, que la realidad cotidiana cultiva en barbecho monstruos, irracionalidades, entonces, ¿Qué es lo que nos ofrecen de novedoso los relatos de Perezagua?




En primer lugar, están muy bien escritos, que, por cierto, no es lo normal en este tipo de narración en la que se puede caer en un charco pringoso llamado falsedad o quizá en otro que se llama fantasía y donde el lector termina por ver la narración como algo ajeno y superficial. En segundo lugar, las historias que nos presenta son historias muy bien armadas, con una estructura trabajada, dejando siempre, en todo momento, un equilibrio extraño entre lo más extraño y la cotidianidad. Y por último, lo que me atrae personalmente de alguno de los relatos de Marina Perezagua es su capacidad de conmover, de, pese a estar tratando un tema tan "serio" como es el de la senilidad de los ancianos, se atreve a dar un punto de vista crudo y a la vez tan pegado a nuestra realidad que da miedo. Mucho miedo porque los monstruos somos nosotros. Monstruos por haber pensado alguna vez en dejar a la abuela loca abandonada en una gasolinera. Por ejemplo.

También se atreve a presentarnos su visión del amor. Representado en Iluminaria como un amor de ciencia ficción con el que podemos fantasear con la rentabilización del amor como energía renovable que salve el mundo (o que lo condene definitivamente), o tal vez, como el recuerdo de otra época, de amores y sudores de gimnasio, con las carnes fofas de dos los dos ancianos de Bodas de oro. Otro mundo que se presta al mundo híbrido de Marina Perezagua es el mundo del circo, y en ese terreno de forzudos y mujeres barbudas, enanos y atracciones de feria, la autora nos presenta a La impenetrable, una adorable chiquilla que se convierte por razones obvias en la estrella del cartel.

También podemos tirar el relato por la ventana para cear un nuevo mundo de seres acuáticos, que no rehuyen el mar porque es su mundo, su escondite (Nuevo Reino). Y es que, aunque nos empeñemos en poner orden, en tener nóminas (además, como si fuera fácil en estos tiempos), transportes públicos y documentos de identidad,al final, y aunque no nos demos cuenta habitamos rodeados de horizontes; somos vidas fluorescentes que antes vivían encerradas en cajones. Tal vez seamos salvadores del mundo en potencia, seres como el protagonista de La loba, que a través de sus pechos peludos realimenta un mundo postapocalíptico con kilómetros de miedo, hambre y odio.

Así son los relatos de Marina Perezagua. Son recortes valientes y amorfos de historias inverosímiles que, sin saber como, se sientan a nuestro lado y no nos sueltan hasta habernos dejado un rastro de imágenes alucinantes en la memoria.


Criaturas abisales

Marina Perezagua

Editorial Los libros del lince

Diseño de cubierta: Lucrecia Demaestri

Imagen de cubierta: Aron Wiesenfeld, The Delegate Daughter

Primera edición: mayo de 2011

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