Islas divergentes

Fortuito


Eduardo Anievas Cortines


 Disculpe,
se le ha caído la médula en mis ojos,
y he chorreado la acera.

Siento molestarla, pero su pasear es amarillo
tirando a limón
y yo le noto el olor.
Desde que tropecé,
con sus corolas, sus ojos,
la vida es otra.

Pero aún
hay coches y chaquetas
todo corre por el gris
incluso tu envés de granizo duro
que se lanza,
y huye
se desliza
caracola de sabor
impúdica reventadora de cotidianos,
dejándome
aquí,
blando y febril,
hablando solo.

3 comentarios:

Hostal mi loli dijo...

No puedo decir nada más que .... me gusta lo que escribes. Un beso.

Jorge García Torrego dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Tomás Rivero dijo...

No me gusta ese formato, que veo se repite en muchos blog de poesía, de centrar los versos. Soy más clásico.

El poema es un poema surrealista de la escuela de Lezama Lima, más que de la de Bretón, eevidentemente. Y me ha recordado "Muerte de Narciso".

Las impúdicas reventadoras de cotidianos son así. No les des tus ojos que se toman las médulas. Las gafas de sol ayudan a borrarlas de las calles.

Y recuerda que no puedes hacer comentarios. Norma del Club.
Saludos.