Islas divergentes

Bocas

La Mona Lisa, Leonardo Da Vinci

En la boca ardiente y profunda de una mujer
encontramos todas las letras
recorriendo
suaves
el agua
los dientes.

Todos los sabores.

Todos los vientos nacen en sus bocas
caracolean y juegan
con la lengua y los peces.

Cada tormenta que rompe el aire
afilando los labios de la noche
es hija de la sangre y la saliva
la niebla del cigarro
y los suspiros.

Cada boca ha inundado
de lluvias
de vapores
a miles de amantes despistados.

Lo inolvidable de una entrevista con Eduardo Berti





Antes de leer un libro siempre miro la foto del autor. Si no la encuentro, el libro ya me cae mal, como si me estuviese escondiendo algo. Pero el libro de cuentos de Eduardo Berti (Buenos Aires 1964) Lo inolvidable tiene foto. Y la foto me intriga. Un autor argentino, con cara amable, de buena gente, y con unos caracteres chinos en la pared del fondo. Este autor tiene algo que contarme.Y lo que encuentro es un libro que busca. Un libro que, a través de unos certeros y variados relatos, perfila algo esencial, inolvidable. Y esto inolvidable no lo encontramos en historias lejanas, fantásticas, lo encontramos, por ejemplo, en padres e hijos, en mendigos, en trabajadores solitarios o en viejos directores de cine. Personajes de la calle, normales, sin estridencias, pero que ocultan algo eterno, valioso.

En primer lugar Eduardo, quería preguntarte, recordando el cuento fantasmas, ¿De dónde nacen tus cuentos? ¿Qué tipo de oscuridad es la propicia para que puedan aparecer?

Los cuentos nacen de varias maneras: una anécdota que me han contado, un episodio que veo en la calle (y que completo con mi imaginación o con algo que acaso no merezca ser tildado de imaginación…), una información que leo en un libro o una revista, un hecho autobiográfico, una situación que se me ocurre de cabo a rabo o, con frecuencia, variaciones en torno a elementos o acciones concretas: es decir, cuando juego con hipótesis del estilo “qué habría pasado si en vez de ocurrir A o de tomarse la opción A, hubiese ocurrido B o se hubiese tomado la opción B”. Ahora bien, yo siento que los temas son los que me escogen a mí. Que hay ciertos argumentos que se imponen, mientras que hay otros que no encienden ni propician la escritura. Sé que puede sonar algo trillado, pero esto último es lo que ocurre en mi caso.

Once cuentos en once años, ¿crees que, aparte de un aspecto común que les da unidad y les hace compañeros, encuentras diferencias de estilo o de recursos utilizados en los cuentos escritos hace más tiempo y los más nuevos?

Cada relato ha tenido un proceso distinto. Hay uno que fue inspirado por algo que leí en un cuaderno de notas de Somerset Maugham, hay otros que fueron inspirados por diferentes experiencias de mi vida personal o profesional (como redactor en un diario, como guionista de cine, como periodista un tiempo especializado en música popular) y otros que nacieron a partir de una idea, una imagen, una intuición. Son once cuentos de atmósferas y formatos diferentes, pero atravesados por temas comunes: la lectura, el miedo al olvido, el misterio de la memoria y otras obsesiones.

Sobre el cuento formas de olvido, ¿Crees que te puede pasar como a Romueldo Avella? ¿Temes que en algún momento se acabe la inspiración?

Creo que todos los que escribimos o nos consagramos a alguna actividad artística (componer canciones, pintar cuadros, hacer películas) tenemos la misma fantasia o el mismo temor. Como en el fondo no terminamos de entender de dónde viene eso que muchos denominan inspiración, sentimos que es algo que no depende tanto de nosotros como de alguna voluntad que nos excede. Es una idea un poco romántica, lo sé. Y yo trato de no plegarme a ella porque no creo en la inspiración como un rayo divino que baja del cielo y golpea benévolamente en nuestra nuca. No creo que la inspiración sea lo que dispara el trabajo y el acto de escribir; pienso que es al revés, que hay que sentarse a escribir, con tenacidad y con paciencia, y que el trabajo nos otorga a veces el premio de la “inspiración”.

¿Crees que tus anteriores libros de textos breves, Los pájaros (publicado en Argentina en 1994 y reeditado por páginas de espuma en 2003 ), La vida imposible(Emecé editores) o Los pequeños espejos (Meet) tienen un estilo más espectacular, más alejado de lo cotidiano y posible?

La verdad que no pienso de esta manera. Creo que mis libros de cuentos comparten un cierto juego con los límites, a menudo muy delgados o difusos, entre lo real y lo “fantástico” o insólito o extraño. Son cuentos que están, me parece, con un pie en lo cotidiano y otro pie en lo inusual o “inolvidable”, lo irrepetible o singular… Se trata, claro está, de un coqueteo con lo fantástico que no es el fantástico clásico de ciertos cuentos gótico o romántico. La diferencia, como apuntaron antes que yo muchos teóricos, que este “neo-fantástico” apela a un uso intelectual (no tanto “emocional”) de lo “extraño”: como metáfora, como ironía, como reflexión narrativa de los fantasmas, temores y deseos del hombre contemporáneo.

Unos pendientes tan idénticos a los falsos que por un instante pensó que eran una copia sin valor de los que ahora faltaban. ¿Cree que, al igual que las perlas del cuento La mentira o la verdad, cada vez es más dificil distinguir lo auténtico de la copia, la verdad de la mentira o lo inolvidable de lo desechable?

Lo falso está más divulgado, tal vez, porque la tecnología se democratizó. Cualquiera puede hacer hoy, por ejemplo una foto muy bien trucada en su casa; antes, una fotografía era una prueba casi inapelable… Era muy costoso y muy raro trucar bien una foto, enseguida se advertía. Pero la copia y la falsificación existieron siempre en el terreno del arte, como reflexiona Orson Welles enF for Fake. Lo mismo que la impostura, como nos cuenta Bram Stoker en su libro Famosos impostores. Lo que cambian son los métodos, claro.

Francisco Garzón Céspedes dice que “hacen falta muchos relatos para construir un relato”, ¿Para construir este libro de relatos, qué autores ha tenido que leer y releer Eduardo Berti?

A lo mejor tendría que responder que todos los que leí, ni uno más ni uno menos. Tal vez sea como aquel cuento de Ray Bradbury en el que un hombre viaja al pasado y, pese a que los organizadores del viaje en el tiempo le dicen que no se aparte nunca de la pasarela suspendida y que no toque nada de lo que hay alradedor, por accidente él pisa o rompe una hoja (creo recordar) y, de regreso, advierte pequeños cambios en el mundo cotidiano. Me tienta fantasear que si hubiese leído un libro de más u uno de menos, habría pequeñas diferencias en estos relatos que acabo de publicar. Sé que la idea es un poco fantasiosa y bastante exagerada, pero supongo que puede aplicarse, eso sí, con los libros y autores que fueron decisivos para mí. En ese sentido, no habría escrito lo mismo de no haber leído, supongo (y me ciño al terreno del cuento, en esta lista), a Virgilio Piñera, a Felisberto Hernández, a Roald Dahl, al mismo Bradbury, a Maupassant, a Cortázar, a Borges, a Bioy, a Silvina Ocampo, a Kipling, a Hawthorne, a Horacio Quiroga, a Kafka, a Chejov, a Dino Buzzati, a Italo Calvino… Podría seguir un buen rato, pero no te quiero aburrir con intereses personales…

Lo reconozco es una pregunta típica pero querría conocer tu respuesta, ¿Cuándo te diste cuenta que querías, que necesitabas ser escritor?

Aunque resulte curioso, no recuerdo que en un momento determinado yo tomase la “decisión” de ser escritor o de escribir cuentos y novelas. Es algo que empecé a hacer con naturalidad a los 6 ó 7 años de edad, cuando iba de visita, sobre todo los los fines de semana, a la casa de mis dos tías profesoras de literatura, las que aparecen (sublimadas, modificadas) como personajes de mi última novela: La sombra del púgil. A una de estas, la tía más joven, le robaba su máquina de escribir Olivetti, que me resultaba más ágil que la inmensa Remington que mi padre tenía en casa y que él me prestaba muy a regañadientes. Muchos años más tarde, muertas mis dos tías, encontré algunas de las cosas que había escrito de niño y quedé perplejo al ver que un brevísimo texto de infancia se parecía mucho a uno de mis primeros cuentos.


Últimamente, con la publicación de algunas antologías sobre cuentistas españoles, como por ejemplo La banda de los corazones sucios de la editorial Baladí, o la extensa antología organizada por Andrés Neuman para Páginas de espuma,Pequeñas resistencias, ¿crees que el cuento como género está ganando importancia en el panorama español?

Creo que sí. Que está recuperando importancia y protagonismo, por fin, luego de que muchos lo consideraran, erróneamente, como un género “menor” o de “aprendizaje (como el cineasta que se “ejercita” haciendo cortometrajes). Pero esto no ocurre sólo en España. Cuando publiqué en Argentina mi primer libro de cuentos (Los pájaros) un periodista me dijo: “Ahora que publicaste cuentos y aprendiste a escribir, pasarás por supuesto a escribir novelas”.

Si es así, ¿Crees que se debe a un aumento de la calidad, a una mayor implicación con el género de algunas editoriales, o que se trata, por sorprendente que parezca, de una mayor demanda por parte del público?

A las tres cosas, pienso. Y principalmente a que hay de nuevo espacios (fuera del clásico espacio del libro impreso) para que se escriban y lean cuentos: tanto en internet como en diversas revistas. No hay que olvidar que el boom del cuento desde la época de Poe y Dickens hasta los comienzos del siglo XX (en EE UU, en Francia, en Inglaterra) se produjo, entre otras razones, porque explotaron las revistas (no sólo las estrictamente literarias) y desde allí se les pedían cuentos a los escritores.

Hace unos años iniciaste una nueva editorial, La Campañía, con presencia en España y Argentina, ¿Qué espacio cree quepuede cubrir esta nueva aventura tanto en el mercado argentino como en el español?, ¿En qué se diferencia su propuesta?

Hay dos principios básicos a la hora de elegir nuestros libros: por un lado, obras “oscuras” o poco conocidas de autores que nos parecen fundamentales; por otro lado, libros que nos parecen fundamentales o muy valiosos pero que pertenecen a autores “oscuros” o poco conocidos. El primer caso es el de “La desdichada”, de Ivan Turgueniev, por ejemplo; el segundo caso es el de los cuentos breves de Jacques Sternberg, por ejemplo, o de los cuentos de William Goyen. En ambos casos, tratamos de suplir una carencia: la ausencia de esos textos o autores en las librerías.

Por último querría preguntarte por tus próximos planes, por los nuevos caminos que piensas recorrer.

Terminé de escribir una nueva novela hace pocos meses. La estoy reescribiendo, puliendo, corrigiendo. Supongo que estará lista para mediados o fines de año. Mientras tanto, sigo escribiendo cuentos y empecé a escribir, a tientas aún, otra novela. Veremos qué pasa…

  • Lo inolvidable

  • Autor: Eduardo Berti
  • Editorial: Páginas de Espuma
  • 128 páginas

Hastío, por Álvaro Cuadra

Hace pocas décadas atrás, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, el planeta estaba dividido en dos bandos irreconciliables. El mundo asistía al siglo de las revoluciones y las contrarrevoluciones, en que cada país del orbe era apenas una pieza en el gran ajedrez de la política internacional de las grandes potencias. La Unión Soviética y los Estados Unidos estaban enfrascados en lo que se llamó eufemísticamente la “Guerra Fría”, que no por “fría” dejó de ser una “guerra”.

En todos los continentes surgieron líderes que reclamaban el padrinazgo manifiesto o implícito de uno de los dos gigantes. A decir verdad, nadie solicitaba credenciales de transparencia y democracia a los líderes que surgían por todo el Tercer Mundo. La norma fue más bien, al contrario, que en ambos bandos se apadrinó a figuras tan carismáticas como equívocas. En rigor, el discurso “ético político” era una cuestión prescindible, acaso exótica o extemporánea, de la que se ocupaban los rotarios y uno que otro intelectual tenido por díscolo.

El ocaso del socialismo real y las profundas transformaciones culturales que ha sufrido el mundo entero ha producido una nueva sensibilidad de masas. Las nuevas tecnologías han hecho posible que los medios de comunicación y las redes sociales hayan diseminado este “nuevo ethos” capaz de “catalizar” cambios sociales allí donde se dan condiciones de posibilidad. Las imágenes del nuevo mundo son aquellas sedimentadas por las sociedades de consumidores del mundo desarrollado.

Los medios de comunicación instan a todas las sociedades humanas a una “Cultura Internacional Popular”, estadio actual de un capitalismo libidinal mundializado, un discurso que conjuga el goce del consumo suntuario, la exaltación del individualismo hasta el narcisismo y un clima “democrático” mínimo que permita la expresión de la singularidad personal, a imagen y semejanza de las sociedades occidentales. En todos los rincones del planeta tierra, nadie quiere quedar fuera de esta vida prometida en cada “spot publicitario”, en cada imagen de cine, televisión o Internet.

Esta nueva Cultura Internacional de masas posee la fuerza deletérea de la seducción, una fuerza capaz de destruir las tradiciones más arraigadas o los regímenes más verticalistas. Esto fue cierto en el este europeo a fines de la década de los ochenta, y lo es hoy en los distintos países del norte de África. Las actuales insurrecciones en el Medio Oriente apuntan a regímenes claramente alineados a la derecha, como en Egipto, pero también a regímenes que apelaban a un discurso anticolonialista, como en Libia.

Más allá de las circunstancias políticas de cada país en que se están desarrollando estos cambios, su denominador común es el “hastío profundo” de las masas frente a una situación de sometimiento y pobreza. Más que a un renacer del fundamentalismo religioso, asistimos a un reclamo social, político y económico con matices culturales propios del mundo islámico. Este es, en primer lugar, un llamado de atención a los países desarrollados que en nombre del pragmatismo no han terminado de desmantelar sus estrategias de la Guerra Fría, sosteniendo o consintiendo, todavía, satrapías en muchos lugares del orbe. Se trata, también, de una advertencia sobre la vetusta y precaria institucionalidad política internacional en un mundo sometido a una mutación sin precedentes en la historia de la humanidad. Por último, es bueno recordar que el hastío profundo de masas en el Oriente Medio no es otro que el de millones de seres dispersos en todo el mundo pobre.


El sacapuntas Número Dos


Hola, esta tarde estará disponible en los estancos de Torrelaguna y en la biblioteca el segundo número de la revista literaria El sacapuntas, que podréis adquirir por 1 €.

¡Daos prisa, que está recién hecha!

Amor bursátil




Suben un 3 % los pulgares.

La ropa baja un 15. Record histórico en caída libre. (En el parqué tiemblan los sillones, el cesto con sus mandarinas brilla bajo las bombillas).

Los activos no suben tanto como deberían. Los pasivos se sientan en los sofás, intuyendo el siguiente movimiento bursatil.

Inesperadamente, hay desencuentro de botón y ojal que provoca que la nieve caiga dos puntos. Doscientas persianas se abren en Brasil y entra el sol en las oscuras chabolas. La línea de botones y ojales se resquebraja y entra en bolsa con fuerza "www.calzoncilloslimpiosyconbuenolorparadíasdefiesta.com". Su entrada produce que la curva de su valor económica quede erecta hasta rozar, suavemente, al grupo LMQBYE (LaManoQueBuscaYEncuentra).

Los especuladores especulan, bucan nuevos caminos donde prosperar. Manejan y mueven sus activos, deseosos de prosperar, de encontrar la rentabilidad y la carne.

La saliva hace una expansión de capital. Sus empleados, con trajes y corbatas cabalgan unos senos , se frotan contra el trampolín del cuello, estallan contra la curva erecta y caliente que emerge, con potencia económica, desde el fondo de una empresa frigorífica.

El ritmo es ágil. Se invierte en torrentes rabiosos, en las llamas que queman los bosques, en ojos, de gente desnuda.

Las manos se expanden y arden por su miedo a la estabilidad, al estancamiento monetario. Todos quieren apostar, confiar, y los señores grises y secos del parqué bursatil hace tiempo que son jóvenes salvajes y vivos que se rompen los trajes, que se besan y ríen, percutiendo los músculos, agitando las pestañas.

Los activos están a punto de alcanzar el tope, llegar al acantilado de la curva de crecimiento. Los porcentajes y los dedos se aprietan, chocan y chorrean materias primas recién elaboradas.


Petites parcours, corto de Elvira Amor Melones.




Porque hay veces que lo que se intenta decir, lo que aún no ha salido de la boca, lo que se remueve y da vueltas ya lo ha dicho alguien hace tiempo. Una amiga. Un corto.




El arte en equilibrio





Cuando vi la película El sol del membrillo, una de las cosas que más me sorprendió fue el encuentro del pintor Antonio López con dos chinos que habían ido a su casa para verle pintar. La chica, sin cortarse un pelo le dijo: “me he dado cuenta que usted no pinta como el resto de pintores”. Claro. Cuando un pintor se pasa meses pintando, perfeccionando eternamente la sutil curva de un membrillo, se trata de un arte concentrado, especial. Antonio López antepone la obra al tiempo, a las vicisitudes de los cambios, a lo relativo, y pretende encontrar algo más allá fuera del espacio y del tiempo. Andy Goldsworthy, el artista retratado en Ríos y mareas, es una especie de Antonio López pero más creador y más “ecológico”.En primer lugar, Andy Goldsworthy es uno de los principales representantes del movimiento Land art, tipo de arte que consiste en realizar obras con elementos de la naturaleza como piedras, hielo, hojas, agua…Normalmente se exponen al aire libre, y el paso del tiempo provoca que algunas, (la mayoría), desaparezcan y que solo las podamos recordar por su fotografía.

T. Ridelsheimer, en esta obra valiente y cocida a fuego lento, nos muestra la manera de trabajar de Goldsworthy. Sus horarios, sus fracasos, sus éxitos, sus motivaciones y su filosofía de vida, tan respetuosa como sus obras de arte efímeras. Andy se puede levantar antes de que salga el sol para conseguir los trozos de hielo y el entorno único que necesita para crear su escultura. Y después de crearla, después de tanto esfuerzo, de tantas horas y minutos de esfuerzo, sale el sol y la escultura se funde y se pierde. Y vuelta a empezar.

Una buena metáfora del objetivo que quiere mostranos el artista escocés es el río. Andy usa este camino natural para crear una serpiente verde hecha de hojas, para que navegue libre por el río, dejándose llevar sumisa por él. Andy quiere ser parte de la naturaleza, crecer como las plantas, dejarse caer como la lluvia, o bailar el vaivén del viento como las ramas de un árbol.

Esta es la mentalidad de Goldsworthy; quiere hacer pequeños nudos artísticos, breves y sutiles, en el fluir eterno de la naturaleza. No perjudica, no entorpece, solo moldea y crea figuras preciosas. La música de Fred Rith acompaña y embellece aún más su arte. Habrá gente que diga que la película es lenta, “que no pasa nada”. Puede ser. O puede que no. En este documental no hay amores ni explosiones, eso es verdad, pero en el fondo de las obras de arte del artista escocés encontramos algo sencillo, único, que estamos perdiendo con tanta superficie, con tanta explosión, con tanto arte espectáculo.

  • Ríos y mareas
  • Título original: Fluß der Zeit
  • Año: 2001
  • Estreno en España: Agosto 2008
  • Director: Thomas Riedelsheimer
  • País: Alemania
  • Música: Fred Frith
  • Guión: Thomas Riedelsheimer
  • Duración: 90 minutos
  • Premios: Mejor documental en los festivales de Montreal y San Francisco de 2002.
Lo puedes encontrar también en Koult.es: http://www.koult.es/2011/02/el-arte-en-equilibrio/

El artículo de Álvaro Cuadra: Egipto: El ojo del huracán

El actual reclamo norteamericano por una transición pacífica a la crisis egipcia está lejos de ser un gesto democrático y se inscribe en una nueva estrategia geopolítica para la región. Por de pronto, se ha neutralizado a las fuerzas armadas en dicho país, para evitar incendiar todo el Magreb. La salida será política o no será. Convengamos en que el presidente Mubarak es un cadáver político, pero que todavía puede ser un instrumento útil a los intereses occidentales.

La prestigiosa revista británica The Economist, plantea una interesante idea en torno a los acontecimientos en Egipto, en cuanto la actual crisis en Egipto ofrece una excelente oportunidad para promover reformas en la región, estancada por décadas en regímenes autocráticos. La verdad sea dicha, los niveles de pobreza extrema y la falta de libertades ciudadanas en Egipto y otras naciones de la región, resultarían inaceptables en cualquier país europeo y, ciertamente, en los Estados Unidos. No obstante, digámoslo con ruda franqueza, las grandes potencias occidentales que han enarbolado la bandera de los Derechos Humanos y las reformas políticas en cada oportunidad que les favorece directa o indirectamente, silencian esta protesta si existen intereses económicos o militares de por medio. Tal ha sido el caso con varios regímenes del Oriente Medio, desde Sadam Hussein a Hosni Mubarak. Mientras un mandatario o reyezuelo sea el “hombre fuerte” al servicio de las inversiones extranjeras y dócil a las estrategias de los imperios político-financieros, a nadie parece importar el coste político y humano para pueblos enteros.

Para la Casa Blanca, la cuestión es clara: Se trata de crear las condiciones para una apertura democrática controlada que garantice su presencia hegemónica en la región y muchos de los equilibrios geoestratégicos alcanzados. Así, cualquier transición democrática debe contemplar la ratificación de los tratados de paz con Israel, el libre flujo de mercancías por el canal de Suez y garantías explícitas a las inversiones extranjeras de las grandes corporaciones en dicho territorio. La peor pesadilla sería la irrupción de un nuevo Irán en la región. Los Estados Unidos promoverían, de este modo, elecciones libres en el más breve plazo, mantendrían la cuantiosa ayuda militar y ampliarían el apoyo político a la naciente democracia, convirtiendo a Egipto, como lo ha sido el Chile post dictatorial, en una nación modelo para todo el Magreb.

Tal como ha señalado Hillary Clinton, asistimos a una tormenta perfecta en todo el Oriente Medio. Las nuevas generaciones no están dispuestas a seguir sumidas en la exclusión y la pobreza que alcanza niveles que bordean el 40% en país de alrededor de 80 millones de habitantes. Es claro que se requieren urgentes reformas, pero al mismo tiempo, la ecuación geopolítica es tan compleja que el camino se augura difícil y no todo lo rápido que se espera. Ante una oposición dividida, las elites y el ejército, con el apoyo estadounidense, apuestan a una transición programada, lo cual significa ganar tiempo y calmar a las masas con placebos, preparando el terreno para un eventual recambio democrático en septiembre del año en curso.

Si bien Egipto es, por estos días, el ojo del huracán, lo cierto es que el reclamo del pueblo egipcio expresa un estado anímico compartido por la mayoría de los pueblos de la zona. Por tanto, no es impensable un efecto de contagio que ponga en jaque a varias autocracias de la región. Por ello, el desenlace de la actual crisis es crucial, en la medida que de ella surja un modelo de sociedad tal que conjugue las justas aspiraciones de los pueblos a una vida digna y los intereses estratégicos de las potencias involucradas.

Las autoridades iraníes insisten en que estamos ante una nueva “conciencia islámica”, no obstante, pareciera que el reclamo se aproxima más a fundamentos sociales y económicos. Lo que se está reclamando es más la frustración de una mayoría tan indignada como menesterosa frente los beneficios de una modernidad globalizada que un retorno teocrático al estilo de Irán. En este sentido, el “peligro islámico” parece más una coartada de las elites gobernantes que una realidad política tangible.

Cualquiera sea el curso de los acontecimientos, es indudable que este corresponde, en rigor, al pueblo soberano de Egipto, más allá de los poderosos intereses en juego y del poder mediático, diplomático y político de las potencias occidentales. La situación actual puede ser descrita como la de un mandatario aferrándose al poder contra la voluntad mayoritaria de su pueblo, pero también, como la voluntad de las potencias occidentales, Estados Unidos en primer lugar, de aferrarse al poder que han detentado en la región por décadas. Washington sabe perfectamente que cualquier desequilibrio derivado de la actual crisis en las tierras del Nilo puede tener consecuencias catastróficas en su mapa geopolítico, o como suelen decir en
Washington, un riesgo inaceptable para su seguridad nacional.

Renacer


Xul Solar

Al buscar entre los escombros del accidente del avión, un operario encontró un cuaderno medio chamuscado. Lo abrió y en la última página escrita pudo leer:

Cuando el avión se lanzaba en picado contra el suelo, Matheu abrió su cuaderno y empezó a escribir”


Grieta

Rousseau, Gitana dormida


A veces tengo un pálpito de bondad

de cálido recuerdo

de serenidad y manta.

A veces todo me sabe a jabón

a sábanas límpias y a cerveza sin alcohol.


Pero pronto,

como una mirada oscura

caigo loco

en tus manos ásperas y ardientes

donde tropiezo

con la oscuridad y el pecado.


Y es entonces

ahí justo,

en lo sórdido de la felicidad

donde me siento orgulloso de haber caído,

tropezado y encontrado

contigo.

El artículo de Álvaro Cuadra: GAME OVER

Hace ya tiempo que mi profesor y amigo Álvaro Cuadra, me manda por mail algunos de sus interesantes artículos en los que reflexiona sobre conceptos que tienen que ver con la política, el arte, o la actualidad. Creo que su calidad justifica que los suba al blog y que les de un poco de la mucha más difusión que deberían tener. Empezamos con GAME OVER:

Por estos días, asistimos a la más profunda mutación del escenario político mundial en el norte de África. El epicentro es el Egipto de Hosni Mubarak. Una ola de protestas recorre el Magreb, alterando los cuidadosos equilibrios construidos por décadas. Quizás por ello muchos analistas de temas internacionales de atreven a comparar estos acontecimientos con la caída del muro de Berlín en la década de los ochenta.

Cientos de míles de ciudadanos egipcios siguen el ejemplo de sus hermanos tunecinos y han salido a las calles a protestar contra un régimen autoritario y corrupto encabezado por Mubarak. Las nuevas generaciones no están dispuestas a seguir marginadas en su propio país. La globalización de la información, de la mano de las redes sociales creadas gracias a las nuevas tecnologías han ido sedimentando una nueva percepción de sí mismos y del mundo que les toca vivir.

El clamor en las calles de El Cairo es fuerte y claro: Game Over. El reclamo debe ser entendido literalmente, por una parte significa poner término de manera inmediata al régimen de Mubarak, quien torpemente se aferra al poder utilizando formas de violencia callejera y artimañas de última hora. Lo cierto es que en una semana de protestas, el desprestigiado líder ha perdido la credibilidad y el apoyo de sus protectores: La Casa Blanca y las potencias europeas.

Pero hay más. Game Over significa, además dar vuelta la página a décadas de autoritarismo y avanzar hacia una sociedad más pluralista y democrática, con todos los riesgos que ello pudiera implicar. Esto cambia totalmente el panorama en el mundo árabe, un mundo políticamente fosilizado, regentado por dinastías o elites corruptas enriquecidas por petrodólares. En fin, un mundo que daba garantías a las potencias occidentales para asegurar los buenos negocios petroleros, el flujo de mercancías a través del canal de Suez y una paz permisiva hacia el estado de Israel. Game Over significa, ni más ni menos, reabrir el expediente de la “Pax Americana” en la región.

Es prematuro, todavía, delinear el nuevo mundo que está naciendo en el Magreb, pero no cabe duda de que cualquiera sea el alcance y la profundidad de los cambios que se anuncian, éstos serán determinantes en la política mundial de los próximos decenios. Por ahora sólo se pueden plantear inquietantes interrogantes sobre el tipo de gobierno que prevalecerá en una zona tan sensible del planeta y cómo van a reaccionar los Estados Unidos, Israel y la Unión Europea. Cabe preguntarse sobre el papel del Islam – en todos sus matices - en la nueva configuración política de dichas naciones y, más concretamente, cual será el decurso de la cuestión Palestina.

Lo que sí parece inevitable en el corto plazo es el ocaso de muchos regímenes mimados por intereses occidentales, que abusaron del poder de espaldas a sus propios pueblos. La frustración de muchos años se manifiesta hoy en las calles de muchas ciudades del mundo árabe con inusitada violencia. Aunque, por el momento, nadie sabe a ciencia cierta hacia donde conduce esta ola de protestas, no cabe duda alguna que se trata del fin de una época y el comienzo de otra muy distinta. Una época en que ya no es concebible gobernar de espaldas a las mayorías marginadas. Como en un videojuego: Game Over significa, precisamente, poner fin al injusto juego que se estaba desarrollando hasta el presente y reiniciar una nueva partida en el siglo XXI.


Lo de dentro y lo de fuera

Forges,

Aquella mañana Arturo se despertó con la luz encendida, la ropa puesta, y un libro sobre la cara. Sin darse cuenta, y aún antes que abrir los ojos, respiró y le llegaron los recuerdos de aquel libro de lengua de tercero, con esos textos que mandaba doña Irene leer en alto. También pensó en los rulitos de goma que se quedaban entre las hojas, imposibles de rescatar, o el tacto de los libros nuevos nada más salir del plástico.

Luego, con una extraña pesadez, levantó el libro de su nariz y se dio cuenta que era una novela de mierda.