Islas divergentes

27 de noviembre de 2011

Exorcismo fallido


Catalina Bartolomé

Ya no eres aquel animal tranquilo que me besaba desde lejos
con los labios fríos y los ojos calientes.

Eres un recuerdo y no te puedas frotar conmigo
no me quemas cuando te acercas
(porque ya nunca te acercas)
y echo de menos las quemaduras en el centro mismo
de la herida.

A veces la carne recuerda y me lleno de caricias extrañas
pero que huelen a ti.
Siempre vuelves
vengadora
y mi carne se hace nudos, se choca y te ladra con la noche en la boca
pensando en tus dedos ágiles
dulces
y llenos de espinas.

Mis recuerdos son tuyos y no puedo matarlos:

mis manos solo llegan hasta el borde exacto de mi carne.

23 de noviembre de 2011

Y mañana día contra la violencia machista (relato consecuencias)



Incluso los del primero escucharon los gritos, los golpes. En el primero A subieron el volumen, en el B, se fueron a dormir un poco más temprano.

Más arriba, en el segundo, no había nadie. Estaban fuera cenando. En el tercer piso, había miradas esquivas, de miedo, pero todo estaba bien, aún, en sus salones.

En el cuarto explotó un vaso contra el suelo. No pasa nada. Alegría, alegría con sonrisas forzadas mientras los niños se tuvieron que poner zapatillas. En el quinto una pareja estaba abrazada, sufriendo los golpes y aún más los gritos.
En el sexto nacían y morían los gritos, los golpes, y todo era dolor. Pero ella, en un descuido del dolor, consiguió escapar y bajar sangrando las escaleras, para pedir ayuda.
En el quinto sus golpes en la puerta juntaron más a la pareja. En el cuarto, su llamada llegó tarde. Los niños son lo primero, dijeron entre ellos. En los terceros y segundos tuvieron miedo, ¿Quién será?, dijeron. Nosotros no hemos hecho nada malo. Cuando ella llegó a los primeros, todo el mundo soñaba o veía la tele. La irrealidad siempre viene bien en estos casos.

A la mañana siguiente, la mujer del quinto piso tenía un ojo morado, en el cuarto, los niños gritaban y gritaban y sus padres solo podían llorar y pegarlos para que se callaran. En el tercer piso, a la mañana siguiente, había trozos de platos rotos por el suelo y algunas gotas de sangre. En el segundo, seguían durmiendo, soñando con colores y formas diversas. Los del primero A, encontraron el suicidio de la televisión en el salón y en el primero B nadie pudo dormir. Los ojos no se podían cerrar.  




16 de noviembre de 2011

Escritores




Rafa Zubiría, No way home



Nos creemos reyes por coger un boli y escribir cosas raras.
Nos creemos dioses, pero aún somos aquellos niños feos
aquellos niños raros que tenían aparatos en la boca
y que sonaba chof
chof
cada vez que dábamos patadas a la pelota.

Tres insultos en la frente
y lágrimas rotas de niño solo.

Ellas eran tan guapas
y tu nunca
nunca.

Qué raro, qué solo
qué granos viscosos de poesía verde en la frente.

No encajábamos
no encajamos
y chof cuando nos sentimos solos
chof cuando te miro a los ojos
chof cuando te imagino desnuda
tan lejos de mi. 

No encajamos y escribimos poesía,
arreglamos el tejado para que las piedras que el vecino nos tira
no hagan chof en nuestras cabezas de niños solos.   

12 de noviembre de 2011

Poesía


Joan Brossa, Clau



Hacer un poema como si te rompieras un brazo
y se lo dieras a ella.
Hacer un poema, bajar las escaleras
y sentarse al lado de aquel que no puede subir.

Llenarte de hojas,
vivir despeinado y calvo,
tener las suelas llenas
los dedos gastados,
y que todo lo demás no importe porque huele a ella
mientras escribes el poema.

10 de noviembre de 2011

Pasado



Christies Lucian Freud


Ya nadie me hace fotos.
Ya nadie me dice que sonría
"qué guapo sales"
salía.

Ahora nadie me mira a los ojos
escondida
tras un aparato mecánico
(qué cobarde eras).

Ya nadie se me acerca y me recuerda las sábanas que tenemos muertas.
Ahora los muertos somos nosotros,
lo nuestro. 

Mi madre es un pez


(Texto publicado originalmente en koult.es)




Como dice Rodrigo Fresán en su relato La sustitución de los cuerpos y que forma parte de esta antología familiar de Libros del silencio,tarde o temprano, siempre acabamos descubriendo que los otros nunca son como uno pensaba. Y es verdad, pero con la familia, pasa aún más.
Y por eso, porque la familia sorprende aunque la veamos todos los domingos, aunque nos haya criado, aunque nos haya dado azotes y nos haya enseñado a leer, había que dedicarle una gran antología de relato a este círculo que nos acompaña toda la vida. Y tenía que ser precisamente de relato para que cada autor pudiera crear una familia, un entorno y lo presentara en sociedad.
Sergi Bellver, un tío muy interesante que sabe estar en los sitios adecuados y con los proyectos adecuados (como aquel libro imprescindible que fue Chejov comentado) se dio cuenta de esta extraña cercanía-lejanía familiar y decidió, junto a Juan Soto Ivars, proponer relatos familiares a una selección de escritores bastante adecuada.
El entorno familiar, con sus madres cercanas y crispadas, como cuando se le pasaban las judías al fuego pero lejanas al mismo tiempo, padres que detrás de una supuesta dureza esconden agujeros y hermanos cabrones, es un flotador que nos ayuda y que también nos condena a veces. Un caldo de cultivo perfecto, una excusa fértil y muy bien elegida para esparcir.
Los que cumplen, Fresán, Jabois o Berta Marsé, por ejemplo. Los que no, los que han hecho un relato para cumplir y que me han decepcionado por anteriores libros con un nivel bastante alto son Ortuño y Candeira. Uno, el mexicano, ha hecho un relato plano que no llega, y el otro, una narración que repite (y agota) el recuerdo que tengo de su genial Antes de las jirafasPor otro lado, los que se han salido del tiesto, los que han cogido la propuesta y la han convertido en literatura son unos cuantos. Andrea Jeftanovic es una, medalla de oro por ese relato tan conseguido y Aixa de la Cruz y Paula Lapido la acompañan en un podio de escritoras amazonas. Salvajes y poéticas. Celso Castro también me gusta mucho, con ese tono de niño que rompe y Sergio Lifante escribe bien, tiene un buen relato, pero me deja inquieto. Otro escritor que me llega es Ricardo Menéndez Salmón que consigue atrapar el cansancio del matrimonio (¡casi nada!) y convertirlo en lógico, inevitable (como todos sabemos que en realidad es). Otro que lleva fuera del tiesto un tiempo es Olmos, que ya no sorprende a nadie sobre su calidad literaria pero si sobre sus relatos.
El resto de cuentos me parecen complementarios, no destacan pero acompañan a los textos que ya he mencionado. De alguna manera completan la foto de familia de unas grandes historias y ayudan a valorarlas en su justa medida. Una familia en la que no encaja, lo siento, Eduardo Mendoza. Me parece que su epílogo es demasiado plano, demasiado “esto ya lo he oído yo” y no, no encaja dentro de un libro lleno de historias desubicadas.
En definitiva, este Mi madre es un pez es un buen libro de relatos que no cansa pese a versar sobre un único tema y tener casi cuatrocientas páginas. Un libro con muchos caminos, con muchos discursos, con muchas madres y padres, con muchos recuerdos propios que el propio lector reencontrará en sus páginas.

8 de noviembre de 2011

Vegetaciones




Joan Brossa, la massa del temps




La primera vez que vi tus ojos fue en aquel programa dedicado

a los leopardos.

Te escondías como un recuerdo,
entre pelícanos y tarzanes.

Me cazaste,
y tu generosa humedad de iguana me dio tres besos.

Te acercaste y fuiste dócil,
parque urbano con tus niños en bicicleta,
el césped rojo,
y tu lago de agua
aún tan caliente.

Yo te paseaba
te meaba en las esquinas alejadas
tocaba la tierra
y las escamas de tus peces.

Te acercaste tanto que ya no puedo dejarme cazar
fumarme los cigarros en tu césped rojo,
lamiendo y aspirando el humo
como si tuvieras
aún
savia en los árboles.

3 de noviembre de 2011

Raíces


Math Creative Studio






Aquellas noches nos penetramos las raíces que no eran nuestras
siquiera.

Aparecían por la noche en la oscuridad que atropellábamos
y los ojos abiertos.

Eran raíces que ardían
raíces que quemaban la ropa y la hacían montoncitos pequeños
de ceniza.

La noche,
más acá,
nos convertía en bestias hambrientas
y suaves.