Islas divergentes

5 de marzo de 2012

El internet de Morel




Influenciado por el cuento La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares



Morel era un niño callado, extraño. En la escuela los niños no le llamaban para jugar porque siempre estaba hablando de cosas raras; duendes, dragones y magia. El día de su undécimo cumpleaños, y viendo la afición de su hijo por quedarse en casa y no jugar con el resto de niños, sus padres le regalaron un ordenador por su cumpleaños. A partir de entonces Morel y su máquina se volvieron inseparables.

Durante los años de colegio e instituto, Morel pasó las tardes en su cuarto jugando al ordenador, peleando y viajando por lugares digitales llenos de píxeles y princesas, píxeles y monstruos, píxeles y juegos.

Pasó el tiempo y Morel creció. Se le pasó la adolescencia delante de una pantalla, y también se le pasó la oportunidad de jugar de manera real.

Ya con veintiún años, Morel empezó a preocuparse por su porvenir y se propuso inventar un videojuego para ordenador totalmente revolucionario. Consistía en que el jugador se introdujera en el juego de forma total: física, mental y emocionalmente.

Para aplicar su idea eligió su mundo favorito, el del videojuego Battle 3000. Este mundo virtual representaba un mundo fantástico plagado de duendes, hadas y bosques gigantescos.

El jugador, para introducirse dentro de aquel mundo, debía registrarse a sí mismo como un avatar independiente. Y para ello, su cuerpo debía ser analizado y comprimido a escala. Alteró la webcam que usaba para hablar con sus amigos seguidores del Bottle 3000 y consiguió elaborar un artefacto que lo reprodujo a escala reducida en un entorno digital.

Después pensó en el aparato Abdo Max de su padre para ejercitar los abdominales. Le cortó las ventosas que se ajustaban a la barriga y se las puso en la cabeza. Dos en la frente, otras dos en cada lado, y otras dos en la nuca.

Después unió las ventosas a unos cables que llevó hasta un puerto USB alterado que conectó al ordenador. A través de un software especialmente adaptado por él, consiguió transferir sus ideas al ordenador.

Por último, para enviar sus emociones al computador, Morel no tenía ninguna idea. La verdad es que las emociones no eran algo común en él. Pensó en lo que le hacía feliz: conseguir tesoros y monedas en Lortio, ciudad del puerto de Battle 3000, y lo que le ponía triste: ver morir a algún amigo digital. Sobre todo, aquella vez que Excalibur murió por esas flechas orientales lanzadas a traición.

Con estos pensamientos revueltos en la cabeza, volvió a ponerse las ventosas del Abdo Max y transfirió sus sensaciones. Como un nuevo Adán, el Morel virtual tardó poco tiempo en ser configurado. Aquí no existía el barro, y fueron los bits lo único que necesitó el pequeño Dios para hacer su doble perfecto y digital. Y, agotado, esa noche se fue a dormir.

Al día siguiente Morel se sintió liviano, muy liviano. Las manos se le clareaban y en su estómago se podía ver descomponiéndose el sándwich con queso que se había comido el día anterior para cenar.

Asustado salió de la habitación pero cuando llegó el baño ya solo le quedaba un pulmón, 3 uñas del pie derecho, los dos pezones, una ceja y medio codo. A los pocos segundos desapareció completamente.

El nuevo Morel, desprendido del mundo atroz y real, saltará, cabalgará y luchará por las selvas del mundo de Battle 3000 , feliz por ser eternamente aceptado.