Islas divergentes

5 de mayo de 2012

Ella



Acariciaba el café con la cuchara
llenándolo de círculos,
de caminos,
y yo quería ser ese café
y que ella marcara en mi piel
todas las idas y venidas
que le diera la gana.

Cuando ella reía,
bajaba las escaleras de mi cuerpo
soltando los ríos de labios
encendiendo todas las luces de la casa.

Pero nunca fue mía,
nunca conseguí alcanzarla para siempre.

Después de quemarse volvía a su frontera de miércoles
a su piel de ventanas cerradas
a su piel
de siberiana esquiva,
y me dejaba allí tirado
con los cerezos desenrrollados
y la mirada perdida.

Una radical,
volcán con dos patas a la que amo con la locura
que me deja mi cuerpo de lunes.

2 comentarios:

Ange dijo...

simplemente increible! Además me encanta el nuevo look! I miss u! Cuando nos vemos?

Jorge García Torrego dijo...

Muchas gracias Angelilla! ya va siendo hora de vernos de nuevo, no? que hace mucho que no nos contamos!! ;D Te aviso cuando baje a los mandriles...muak