Islas divergentes

Comentario de Cuaderno del delirio, de Elvira Daudet



Aquí podéis ver el poemario de Elvira Daudet. 

Pero yo sigo, sin esperanza pero sigo. Así se nos presenta Elvira Daudet en este Cuaderno del delirio, libro publicado en la red por Alacena roja el pasado mayo y que, a 20 de junio, lleva 15.016 lecturas. Casi nada para un libro de poesía.  Y estas cifras, y las que vendrán, se deben a que Elvira cautiva, te lleva, te trae, escribiendo a un paso del delirio y sobre la fuerza de la emoción. Gracias a Luisa Navarrete, Elvira publicó este poemario en internet para, como dice en la dedicatoria, poder ofrecérselo como regalo a los lectores.
Lo admito. He tardado en entrar en este libro porque, además de tener mala conexión a internet y ver el poemario era una odisea, la imagen que tenía de Daudet era la del dolor, un dolor cercano, sin dramas, previsto y doloroso. Voy a comentar cada poema porque hacer un comentario general sin meterme en los intestinos de cada parte, sería esquivar el objetivo de esta crítica, que es, simple y llanamente, que os lleguen estos poemas como a mí me han llegado. 

SOBRE PATRIA DEL TIEMPO (10)

En este poema que inaugura el conjunto, Elvira nos enseña una felicidad que se volvió refugio, paraíso inaccesible por culpa del tiempo. Elvira era joven y París retumbaba de pobreza y de felicidad, de amor por la persona amada a partir de ese instante, /París con 
sus tesoros era nuestro.

CONDICIONES (13)

Condiciones para amar, para darse hazme un hueco en tu piel por esta noche/ y déjame partir cuando amanezca, para jugarse la vida por otro aprovechando que hace calor y un río de jazmines me brotó en la cintura/y una gran rosa roja floreció de mi cuerpo. Aprovecha, dice Elvira al lector, aprovecha y que tus condiciones para amar no sean muros porque un día desperté y ya no estaba.  

TE BUSCABA (16)

Te buscaba es un poema de la adolescencia, de la aventura, del descubrimiento del cuerpo y de los cuerpos, de la sangre. Gemido intermitente, te buscaba/ en el silente nido del reptil. Es un poema de búsqueda, antes de que Elvira sufriera, esa búsqueda que no se olvida porque es derrota y dolor: ¡Ay, derrota, que insistencia en buscarte/y qué difícil es ahora olvidarte!

SIN EL CUERPO (18)

Este poema es el que más me ha dolido de todos los que he leído en este Cuaderno del delirio. Qué dolor, qué entrega, qué lucha por la persona amada que no devuelve, que no es, que no es cuerpo para amar sino solo para ser evocado. Mientras yo, cual bulto en la noche abandonado, / agonizo en el lino de una blanca camisa/sagrada por tu aroma.

DESPEDIDA (20)

Y comenzó la muerte que no acaba, como este poema, que se queda clavado en algún sitio del pasado, del presente, del futuro. Elvira enumera y pone el daño, la ausencia encima de la mesa. Sin ocultar nada. Sin mentiras, sin filtros. Auténtica.

SORPRESA EN JUEVES SANTO (23)

La infidelidad es un puñal en este poema, un puñal del que se sirve Elvira para, a modo de justiciera herida, acuchillar a su amor y su vergüenza. Me parece un híbrido entre un poema y un relato, y creo que pierde un poco la fuerza al ser más narrativo que, por ejemplo, Sin el cuerpo.

VELLOCINO DE ORO (27)

Este poema es un poema de amor. Con espinas pero de amor, con otras mujeres que susurran al amado. Es un poema de amor porque hay aliento, dientes, sueño y un caníbal perdonado por una niña: tú también me amaste; /lo gritaban tus ojos deslumbrados/por la luz que emanaba de mi cuerpo de niña/en su primer desnudo.

¿HASTA DÓNDE? (29)

Aunque parezcan infinitos, el amor y el odio tienen fin y en estos versos intenta acotarlos, saber hasta dónde y cómo pueden existir. Y surge la pregunta, el amado, ¿seguirá vivo? ¿seguirá amado?, ¿seguirá amando? y si ya no vive, si ya no pasea su corazón inmóvil, limón verde/brutalmente arrancado de la rama/ hacer girar enloquecido el cosmos, para qué seguir, a qué seguir pegado, si Los momentos felices me golpean la aorta/como clavos ardiendo.

PERITO EN DESTRUCCIONES (33)

Cuando el amor va más allá de la piel, de los días y desborda incluso la vida, sucede un poema como Perito en destrucciones. Un poema con fe que vuelves a mi batiendo las alas de la muerte/como vuelven las águilas al nido/me besas las heridas/y me clavas de nuevo los colmillos. En este texto se puede ver un sentimiento que está atravesando este poemario, de adentro a afuera. Es el sentimiento de amor-odio, de necesidad y daño, de amor con garra, de amor con labio, de amor con veneno dulce que cambia la vida de las personas. Elvira sufre, pero sobre todo ama.

MUERTE DE ULISES (35)

A través de esta historia clásica, La Daudet evoca y halaga la aventura de su amado, haciéndolo un ser casi mítico a sus ojos, derrotado en un fin trágico pero restablecido por ella con las palabras y el amor.

NO ME PREGUNTES (37)

Y poco a poco su vida: él, sus mañanas: él, su pregunta: él, su respuesta para el dolor: él, y aferrada al ansia de encontrarte, /para andar más ligera me quité los zapatos,  /me desvestí las ropas que acortaban mis pasos/vacié los huesos de la médula/y me olvidé la vida en cualquier parte. Poema breve pero que recoge con muy pocos versos esta fascinación, esta  mirada de amor entregado que también está presente en otros poemas del Cuaderno del delirio.

CELOS (38)

Quiere saber. Quiere conocer ¿qué lengua se introdujo glotona en tu sonrisa/borrando con su baba la huella de mis besos? ¿Quién fue la que provocó el dolor tan enorme? La autora, a través de unas preguntas que van dirigidas a su amado pregunta el porqué, el quién que ha supuesto un enorme dolor, como se puede ver en los últimos versos, como una flor de fuego, que arrasó nuestra casa/ y llenó de cenizas mi corazón.

AMANTE DE LA NOCHE (40)

Se anhela al amado aunque esté muerto, porque si las personas mueren, los sentimientos no tienen por qué hacerlo.  Este, su amado, viene por las noches, en los sueños, en lo incierto, pero en cuanto amanece, desaparece a lo que Elvira no se resigna ya que sé que tengo una cita con tu escombro. La muerte no es óbice.

NOCHES DE ABRIL SIN TI (42)

Qué hueco,  qué ausencia tan dolorosa en estos versos donde Elvira vuelve a gritar por la ausencia de todo. De su amado y de todo, porque sin este, lo demás se hace yermo y seco. Qué lava de dolor por dentro de su cuerpo, impetuosa lava que el tiempo no detiene/que vence todo límite y avanza. ¿Podrá llegar abril sin él, sin el que todo lo originaba? Lo veremos en los próximos poemas, y si Elvira consigue coger aire de algún sitio, para seguir respirando y no morir como pez sin mar que aún respira/sobre la blanca arena.

HUESOS COMO DARDOS (45)

Dardos lanzados a quien más le quería, por esa muerte inesperada y que a través de estos poemas Elvira intenta descifrar, desarmar, a través de tantas preguntas pendientes, tantos, sentimientos, como dice la poeta, y arrojarme a los ojos tus cenizas, /y al corazón tus huesos como dardos.

Y PESE A TODO VOY… (47)

Elvira decía que no paró de llorar al escribir estos poemas y yo me lo creo. Intenta escapar, huir del dolor que ya es acompañado por el amor y a la presencia, ya sea evocando un pasado placentero, dónde él aún no era  refugiarme en la ausencia donde tú no existías (…) o bien en el futuro, el descanso de la piel y del corazón donde venga la muerte a rescatarme.

UN SOLO DE SAXO (50)

Al ausente no solo le echa de menos ella, sino que fue tal su presencia que las películas de Orson Welles le echan de menos, un solo de saxo, los amigos en común. Todos los trozos de vida que han dejado de significar para permanecer callados, mudos, ante esta ausencia que trastoca todo el universo que rodea a Elvira. Pero,  ¿dónde está tu victoria? ¿fuiste feliz al menos?

TUS LABIOS TODAVÍA (52)

Para mí, el mejor poema de todo el Cuaderno del delirio junto a Sin el cuerpo. Entre todos los escombros, entre todos los casquetes de recuerdos en punta que se clavan, unos labios, unos labios,  dulces gajos ayer de la granada, que aún refrescan la memoria y la boca de la poeta. Pensaremos que estos son, además, un símbolo para algo parecido a la esperanza, para seguir adelante.

LA MONEDA DE CARONTE (55)

Pese a todo, te espero cada tarde frente al mar, aunque sea mentira y él no vuelva. Que nadie le de la moneda a Caronte, porque tiene que volver como un preso fugado para  ver a la novia.

REGRESO (57)

En este poema, en el que Daudet deja un poco de lado la figura del amado, recuerda su época más joven, cuando todo era aún atrevido y auténtico, rodeada de amigos, personas queridas que hoy ya no están o no la entienden, hoy el rojo corazón es hueso negro.

¿QUIÉN SOY YO? (60)

Como colofón a este poemario visceral y de ausencia, Elvira Daudet se pregunta ¿quién es ella?, y más en concreto creo que se pregunta ¿quién soy yo después de este vacío, después de mi otra muerte, después de tener que vivir con un hueco a cuestas? Mientras tanto,  Al borde del abismo camino a ciegas, / sin comprender quien soy ni lo que espero.

Cómo se desangra Elvira Daudet en este libro. Cómo nos deja entrar en su milímetro más cercano de ausencia, de dolor, pero también de amor, que la hizo entregarse a una persona en letra, cuerpo y alma.

3 comentarios:

Elvira Daudet dijo...

Querido Jorge:

Gracias por haber derrochado tu precioso tiempo -de amar, de hacer la revolución, de vivir a pleno pulmón- en este generoso comentario, lleno de talento y de sensibilidad.

Más gracias por tu disposición, casi fraternal, para, desde tus pocos años y, sobre todo, de tu condición de varón, ponerte en el lugar de la otra mitad de la "naranja": la mujer victima de un amor desmedido que la subyuga, al que se rebela y grita de dolor, y siempre es derrotada. Tu comprensión, desde tu doble condición de hombre y joven, es tan sorprendente como gratificante.

Lo es también la penetrante interpretación que haces de los poemas, uno a uno. Gracias por este trabajo de chinos, tan exquisito y minucioso, que da la medida exacta de tu altura moral como poeta y persona cabal.

Perdona si no me extiendo más, como me gustaría: he estado toda la mañana de pruebas en el hospital y estoy muy cansada. Si no hubiera sido por disfrutar tu delicado regalo, ya estaría en la cama.

Ah, se te ha colado una errata tan perversa como divertida, en el último verso del poema Huesos como dardos, dice: "tus huesos como enanos"; debe decir: "tus huesos como dardos"

Un fuerte abrazo
Elvira

Jorge García Torrego dijo...

Gracias a ti Elvira. Es un libro que aún me está doliendo ,y lo menos que podía hacer era recomendarlo. Un abrazo.

Isolda dijo...

¡Caramba Elvira! qué magnífica interpretación de tus poemas. Jorge, creo que, ya te lo ha dicho ella, sabes leer en el alma femenina y lo transmites muy bien. Casi he releído los poemas con tu reseña y casi me emociono de nuevo.
Un beso para ti, por tu trabajo y otro para Elvira, ponte bien cuanto antes.