Islas divergentes

18 de octubre de 2012

Los rotos


Transformar el imaginario boliviano, por Catalina Bartolomé


Ellos no supieron nacer en el centro de la sábana, crecieron fuera, aún más allá, con los pies saliendo por las ventanas cayendo, rotos, en las mansiones de basura. Son los rotos porque siempre tienen descomposición en las manos y se les ve fuera de juego, como a los juguetes negros.

Tierra seca lloran cuando no pueden alcanzar un trozo de manzana y se dejan las uñas largas para no echar de menos los espejos. Los rotos tienen un pájaro gris que les cruza el pecho como una pelusa y no conocen el paro porque siempre tienen lombrices en los pies con ganas de bailar.

Ellos están rotos porque los atropellamos con nuestros toros relucientes, los cortamos con nuestras tarjetas de cianuro azul y les damos los animales muertos que dejamos en las carreteras.

Nunca saben de qué color es la ducha en los grifos de oro y luchan para conseguir las patatas que nuestros niños usan como balones. Los rotos tienen ojos como faros de llamas, como gritos de viento y no dejan que nadie les compre el hambre al precio de mercado.