Islas divergentes

27 de diciembre de 2012

Fuego y ceniza






Cuando nació tu cuerpo se inventaron el fuego y la ceniza,
se inventaron las camas frías
y los ojos antorcha.
Cuando llegaste
cerré mi niño en el recuerdo
para salir corriendo
a buscarte.
 No cabía tu melena en mis manos tartamudas,
no encajaba tu río de viernes, 
imposible tu lava en mi piscina vacía.

Nunca levantas el acelerador de la esperanza,
y a mí solo me queda aprender:

para alcanzar tu temperatura
hay que convertirse en fuego
y ceniza
y no preocuparse por la herida.