Islas divergentes

8 de abril de 2013

Nos robaron a Dios




Y no nos dejaron ni una pierna
ni un dedo,
ni una costra de esperanza,
tan solo esta melena de vagabundo
llena de incienso.

No hay Dios para todos.
Hay Dios para los que van de negro,
para los que se entierran las manos para que no sientan.

Se lo quedaron todo,
un Dios lleno de clavos,
un Dios lleno de sangre,
un Dios lleno de odio.

Ya nunca estará Dios en las madrugadas
ya nunca en los orgasmos,
ya nunca con nosotros,
huérfanos y ateos ,
de su aire siniestro.