Islas divergentes

Ciudad



Los edificios son las vísceras de la tierra

gritando en silencio

expuestos al sol y al óxido de nuestro odio.  



Escucho bostezar al tren cuando rompe la mañana

cansado de transportar pereza

no hay esperanza para lo que ya está muerto. 



Si hubiera tan solo un hombre de plata en la ciudad

solo uno que cogiera los órganos goteantes de tristeza y los metiera

a la fuerza

bajo los pies

ocultos al sol y sus enjambres de personas

qué alegría

de tierra y hierro reconciliado

caricia de gusanos y oro 



esperanza para minerales moribundos.


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