Islas divergentes

21 de mayo de 2014

Antonio Vega, tu voz entre otras mil (u otras maneras de quemarse)




El documental sobre la vida de Antonio Vega empieza en un cajón familiar en el que los fantasmas de las drogas y los orgasmos de la música se presentan lejos, casi paralelos en lo alto del horizonte. Todo muy bucólico, familiar y suave como cualquier infancia con jardín. 

Podemos ver cómo se empezó a mover algo en Antonio Vega, antes de los focos y las sombras, antes del éxito, cuando ser diferente era una losa para cualquier familia, incluso para una comprensiva.  Familia numerosa, padres cercanos y un nervio sin pulir.

Más de dos horas de pedazos de Antonio, de sus amigos, de su música, de su cara reflejada en los que estuvieron cerca de él, pero también una reintrerpretación para formar un puzzle "Antonio Vega" que deja al espectador con una sensación de éxtasis y decepción. 

Y así nos va mostrando Paloma Concejero, la periodista que ha realizado este enorme trabajo, un mosaico de vida familiar, alcohol y un río de talento que se sale de todos los cauces y los ¿justifica? Poco a poco, sin prisa, se nos muestra la Nacha Pop inocente, la Nacha Pop cumbre y la Nacha Pop reventada en dos cabezas. También la locura, la droga, la paranoia, el alcohol y la soledad de un genio. Si, un puto genio que no supo frenar la moto y andar a pie, que se estrelló en lo más alto de un Do o un Fa y le importó una mierda el cuerpo, el calendario y la herrumbre de la rutina. 

 

¿Qué qué me ha parecido el documental? Pues muy bueno, cojonudo, porque Antonio Vega me parece un loco con un talento rascacielos, y porque en este documental se ha hecho un currazo de documentación, ordenación y reinterpretación, que quizá es lo más jodido. 

Además, me gustó ver al Antonio que nos ahorró la arcada de verle manso, sin dientes, como el mar que tanto quería sin una sola ola.