Islas divergentes

Entrar en el bosque



 Henri Rousseu, Tiger in a tropical storm


Tu cuerpo manglar en la noche, dejarme caer, confiar que tu aullido me alimente. Somos los neandertales huidos de la tribu, atragantados de piel, descubriendo pliegues y yesca para hacernos lumbre. Coincidir y más allá. Borrarnos las fronteras, revuelto confuso, quedarnos dentro del otro, huesos molidos. 

Dejar mi cuerpo a la deriva, coger tu cuerpo a la deriva, las noches llegaban y morían y nosotros agricultores de semillas en la boca o enfermos de amor, plantas riendo hasta convertirse en Secuoya o cucharada pura de viernes 20 años. Nuestro escondite asimétrico se salvará de la paz de los cansados, de la lengua de madera ejecutiva.  

La noche nace en nuestros cuerpos y nos da de comer. Somos las cebras devorando a los leones, lanzar una piedra a un espejo. Corremos a sprint en cada beso que se nos escapa y abrimos el lenguaje para encontrar el ritual que se esconde. Me muerdes temblor de esquinas y en la oscuridad nuestras lenguas se dilatan como polillas confundidas. 

Voy y vengo, vas y vienes, y hay una isla cubierta de sábanas y verano, ponemos timbres en cada heiser que nos nace y no te vayas lejos, que mi boca es un naufragio si tu no le das cuerda. Nuestra respiración arrastra un olor a mar y no nos secamos. Vamos a nombrar este encuentro, llamarlo descubrimiento de américa o renacimiento de acuarelas, tú eliges.
Seremos susto cuando la grieta nos apunte, seremos ropa mojada y la casa cerrada, pero qué mierda importa nuestra derrota si ya nos multiplicamos por dentro. Qué importan nuestros huesos si ya nos quedamos sin aire en la cima, conociendo la víscera escondida, el origen músculo de nuestra poesía.

En tu cuerpo se esconde un pájaro

y voy a encontrarlo con mis manos.


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