Islas divergentes

Errante

Rodaba y rodaba por los caminos. Mi casa la llevaba sobre las espaldas y no necesitaba más. Era joven e inquieto y nada se me resistía.Ni siquiera en el amor.
Ellos y ellas caían seducidos continuamente bajo mi embrujo sin salida posible.
Eran buenos tiempos. La yerba abundaba y no paraba de consumirla con todos mis amigos.
Mis días comenzaban cuando nacía la oscuridad. Me cargaba la casa al hombro, y me iba de viaje.Eran buenos tiempos.Ahora sin embargo tengo familia e hijos, pero sigo acordándome que yo en otra vida fui un caracol.



2 comentarios:

Sara Zapata dijo...

La estela que deja un caracol nunca se borra. Ay, la juventud!!!

Jorge García Torrego dijo...

Aaays, la juventud que no se nos quita de la cabeza pero sí del cuerpo!