Islas divergentes

Mi indio



lo encontré en la calle
montañas corintias de basura lo rodeaban
buscaba una piedra que atarse al zapato
miedo de los taxis omnívoros
alegría por las Apaches de melena.

Le duele la yerba
paloma sucia y cigarros
se abren puertas
pero él no cabe en ninguna.

Me dijo que en la ciudad no hay horizonte
se lo comen los ascensores
y quise vomitar horario
acercarme a su galope.

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