Islas divergentes

31 de diciembre de 2015

Comienzo 31/12/2015 (bis)

Cuando ya no estemos, cuando nuestros cuerpos hayan traspasado el muro de lo invisible y solo quede de nosotros el silencio. En el mundo quedará una cicatriz en los lugares donde fuimos felices, como recuerdo de nuestra montaña rusa juntos. 

Isla arrastrada por la marea que encontró humedal y bosque, otra isla comunicada por un puente de espuma.

Hoy es dos mil quince y punto inicial de la bengala que coincidimos en crear, nadie sabe la profundidad de esta bañera que fuimos y que ya llega a océano. Se acaba este tiempo que bebimos hasta el último grano de arena de la sed. 

Juntos somos el nido que no se deshace, el montón de arena que salió andando de la playa y jugó con el coral a ser imposible. Tenemos un camino que acabará y tendremos los huesos blandos de tanto mojarnos con las lenguas, debilitados y alegres en la noche más fértil del mundo. 

31/12/2015



llegué a ti automático y me volví consciente y presente. Leía libros para escapar del tren que siempre me llevaba al mismo escritorio y te encontré como un fuego artificial en el silencio del tecleteo del móvil. Cómo tu lenguaje y mi lenguaje crearon puentes, y manos, y líquidos ha sido cuestión de camino, de seguir el trote de los cuerpos que se sienten vivos todavía.

Acaba el año 2015 y quiero viento mientras velocidad en tu pelo, mientras escondemos avellanas en nuestro piso diminuto, escapatoria del imperio de la ciudad. Un año más explorando tus profundidades, tu ojo de centro de bosque al encontrar las mejores manzanas del supermercado, el desayuno contigo es celebrar las palabras que nos quedan.

Contigo no temo ningún manglar donde suenan coches y vendedores de paraísos. Hacia ti me lanzo y en ti crezco como las pelusas de nuestra casa. Voy desapareciendo pero tú me dibujas, me devuelves con color y relieve al mundo. Tenaz frente a la muerte que nos acecha y nos vigila jugando la lotería del próximo cuerpo. Contigo soy el trineo que combate el frío, somos el escondite y el huerto de humedades que nos habitan, profundas y escondidas aún.

Tengo tu cuerpo apretado al mío en las noches redondas, tu sonrisa perpendicular al trabajo, los políticos, rompiendo todo y dejando la sagrada intemperie donde somos templo. ¿Sabes que todas mis cicatrices tienen tu nombre como horizonte, como barco a punto de naufragio?

No me canso de tu silencio, el lago sin basura donde apareces. Te veo estudiar desde el fondo de la casa, enganchado a la miel de tu pelo revuelto, tu despiste que formatea mi lista de deberes y dudas. Podría encontrarte ciego en un centro comercial, en una playa, en un estadio de fútbol. Reptar hacia ti siguiendo el camino del recuerdo que cae por la incertidumbre inabarcable del futuro.

28 de diciembre de 2015

Participación en Saber y Ganar 26/12/2015 y 27/12/2015

El pasado fin de semana aparecí en los programas de fin de semana de Saber y ganar. En las siguientes imágenes podéis ver los programas. 


26/12/2015

27/12/2015


26 de diciembre de 2015

26/12/2015



Esta es mi huella fosilizada que nadie encontrará, el resto del océano que estoy intentando ser, el humo del incendio de mi camino. Soy el veneno del tiempo pero aún no sé cómo derrotar sus columnas infinitas y tomar el sol en sus escombros. Huyo de mí para llegar a otro cuerpo mío que ya se acaba y ya no queda nada del animal desconocido que fui hace 10 años. Mi memoria no tiene cobertura con esta rapidez hacia delante.

Dónde llegaré en este tren de otoño y en la tarde. Cada día es más caro pelear por un asiento pero no me importa ir de pie porque mi ceguera es alimento de grillos y caracoles.

Vamos a darnos prisa en quitarnos los clavos. Tú también te mueres con los ojos mirando hacia otro lado y esto solo es una mancha en tu mapa del tesoro. Me juré ser el vino que  hiciera sonreír a los huérfanos que buscan en la noche la luz desconocida.

Intento escribir el mi desgaste, mi huida del mundo, el intento de continuarme en otros cuerpos y otras calles. En un hombre se almacenan todos los caminos pero ninguna respuesta y yo palpo el mundo con las manos como cuando era pequeño, buscando respuestas suaves.

Cada muerte es un tic en el ojo, un espacio irrepetible, un tsunami de vacío en el mundo. Cada persona caída en el pozo hace que la tierra se seque, que se contamine el bosque con raíces mudas. Hay que pelear por la muerte por cada uno de nosotros, no dejarle ningún verano que convierta en invierno.

Tengo veintinueve años más que los que no han nacido. El agua asesina me llega por las rodillas y ESTA VOZ ME PERTENECE.
Esta voz me pertenece.
Esta voz me.
Esta voz.
Esta.

Morir es el dolor del silencio.


24 de diciembre de 2015

Automático 24/12/2015



Digamos tres años atrapado en el suelo, queriendo salir para decirnos “he vuelto, hacía frío en lo oscuro”. Digamos que fuiste un abrigo cuando me lancé fuera de casa a buscarme los límites y era intemperie, claro, ese Santiago de Chile recién abierto. Alberto, amigo, primo, negro, que tenías manos como grandes palomas de arcilla y te reías de mí cuando no me atrevía y me decías, “weón, disfruta y relájate”. Y yo que era pequeño y plumón veía tu ejemplo en las huellas del vino de tu vaso.

Tres años ya que no estás y yo miro tu perfil en el facebook, doy vueltas pensando si llamar al timbre de aquella casa que compartías con la flaca, con África, aquel puente tan delgado y firme que nos unió al principio. Hoy es 24 de diciembre y te echo de menos. Es tu cumpleaños, un cumpleaños que se alarga no sé donde ni como, pero que espero estés compartiendo con amigos, como siempre.

Me llamó África desde Chile, allá. Chuta weón, caleta de recuerdos en esa llamada. Yo que Chile lo tenía casi puesto en un estante, ahí arriba, donde guardo los mejores libros. Me dijo “siéntate, cariño” suave, así como habla la flaca que parece que te está acunando. Lo sabes bien. “Alberto. Tuvo un accidente hace una semana. Y...está muerto”. Y yo que no sabía por dónde salía el manantial del dolor. Que no tenía amigos perdidos, de repente, te me fuiste. Te nos fuiste. Te escurriste de nuestras manos que te pedían que aún no, que era demasiado pronto, que ya estaba lista la mesa. Sé que fue poco tiempo y que nuestra amistad fue intensa. 

Recuerdo aquella noche en la casa de tus padres en Los Andes, durmiendo juntos en un colchón inflable que perdía aire por todos lados. Nos contamos los secretos que nos chocaban la piel por dentro y ahí se nos hizo eterna esta amistad ya curtida. Eso era, amigo, lo que te quería decir. Que te recuerdo, que no te olvido, y gracias por todo aquello y todo esto.

  

12 de diciembre de 2015

Automático 12/12/2015



El capitalismo te sopla la nuca en la fila del supermercado, saca la cartera, quieres bolsa, quítate del medio, déjame pasar, date prisa, ¿eres del club? ¿Qué club? ¿Quieres una bolsa o no? Son quince con veintisiete segundos de tu vida, quiero decir, euros. ¿Tienes veintisiete céntimos sueltos? Dese prisa, el siguiente.

Se llamaba Montse pero a ella también se le olvidó su nombre porque capitalismo no es palabra oscura, es photoshop brillando en modelos como signos de exclamación y matando niñas que no pueden meter más tripa en las fotos.

El Capitalismo sube una escalera con los peldaños de tu padre y tu abuelo. El que le roba su hijo a la madre que no puede parar de apretar tuercas. Capitalismo tu compañero de escuela que no te deja copiar, que no te cuenta los misterios. Nos rodean de dinero y nos cortan las manos. Hace tiempo que el burro se cansó de la zanahoria, ahora quiere un IPAD y un móvil para poner una zanahoria en twitter. Hay que alimentar al monstruo del nosotros mismos. Todos son enemigos.

El amor es una estrategia de mercado, un marketing de selfies borrachos. El capitalismo nunca envejece, se alimenta de tus hijos llorando porque no tienen la última play, ni el peinado de Cristiano. Capitalismo mundial de amiguetes y tecnología que esconde esclavos. Te pago un móvil por ocho horas al mes de trabajo. El salario es un flash y una foto en facebook con muchos me gusta. Aparta la muerte. No pienses en ella. Luce y compra la última moda. Todas quieren ser como aquella heroína en 3D que nunca existió. Todos quieren tener cuadraditos.


No son palabras raras. Capitalismo mezclado y agitado atravesando tu garganta. Capitalismo tu, y yo, y todos los compañeros. Capitalismo machacando gatos y perros en las autopistas y vendiendo el espectáculo en un vídeo de youtube. Capitalismo jugando contigo, cuánto vales, qué tienes para mí en este combate a muerte. 

11 de diciembre de 2015

Automático 08/12/2015


Arropan los bosques a las montañas en este invierno de polución. Suben los niveles de cansancio y queremos huir con las ratas del subsuelo. No estamos hecho para esto. No podemos silenciar el cristal roto de nuestro pecho, y mudos seguimos cualquier norte.

Hace tiempo que no me veo con ninguna de mis rótulas. Tengo abandonado mi cuerpo y me sigue por cariño, por no discutir, pero ya no le escucho. Tenemos intereses distintos. Me decía que el cuerpo es lo importante y yo le decía que lo virtual es importante, y que internet nos multiplica.

Estamos llegando a la última caja de ceniza. Un gato nos queda más lejano que cualquier tubo de escape. Ya nadie hace volteretas para llamar al cuerpo y vivimos a ciegas, metidos en nuestro día a día de alimentarse, whatsapp y morir. Quiero volver al territorio del barro, al silencio del mundo en las noches de verano con estrellas.

Vivo en una ciudad que tose asfalto por las tardes, cuando empieza el frío. Aquí todo el mundo lleva chaqueta y gorro, pero nadie cuida civilizaciones de libros perdidos. Confiamos en la columna de humo que salía a lo lejos y pusimos nuestros mejores años en la mochila de la universidad y otros mecanismos. Qué idiotas en nuestra barca de competición escuálida. Crecemos en la ciudad del miedo y no queremos mancharnos. Qué ingenuos con nuestros planes para hibernar rodeados de libros y plantaciones de tomates.

Digamos que hay que volver a las letras porque las pantallas no paran de tener hambre de nosotros. ¿Quién visitará a los náufragos que se esconden en estanterías que nadie quiere?

Hoy en día un libro contamina más que cualquier tostadora. Más que las turbinas que fabrican la niebla, y mucho más que un cementerio de coches.

Agárrate a un libro y no te hundas. He oído que vienen a rescatarnos. 

10 de diciembre de 2015

Automático 07/12/2015



Los viejos olían a sopa fría. Mezcla de colores apagados, niños que llegan al otoño y tienen frío del invierno, que es donde se acaba todo. Se mueven lento los viejos, como si tuvieran cariño al suelo y no quisieran abandonarlo. Son mezcla de olivo y engranaje, tienen la piel marcada con las agujas del trabajo, como signo de sequía.

A pesar del tiempo siguen aquí, como actores secundarios e inválidos. Son libres en su espacio frágil de papel y espinas, varados con los ojos húmedos aún. Tienen un tiempo gastado en el cerebro y saben que no volverá el rocío antiguo.  

Los viejos caminan en las tardes para recordar el mundo que fueron, la velocidad de sus tendones, la fiebre que tuvieron los primeros días. Se dan la vuelta y se vuelven niños. Necesitan la guía para desaprender el mundo y dejarnos aquí, solos.

En su cansancio hay un mensaje para nosotros. Poco tiempo nos queda de pelo y poco tiempo de celebrar las noches. Pocos días para apretarnos a las revoluciones y los amigos, que aquí todo se acaba y se cierra la función. Sigue esperando el hijo que no te atreves. Tu yo del futuro desea que dejes ya ese trabajo de mierda. Tu viejo tú lo sabe.

Se mueven en grupos porque la muerte les ataca cuando se quedan solos. Edificios a punto de caerse, gafas y papeles amarillos. 

Personas que están bajando la cuesta, que todo su futuro son recuerdos y volver a caminar el paseo de su recuerdo, pero su recuerdo ya no existe. Las casas ahogadas en hormigón moderno no dejan ver su memoria. El campo, los ríos, las alpargatas y el amor con los animales. Vértices de aquel tiempo en blanco y negro desde aquí, desde el presente asesino que no olvida a sus víctimas. 

9 de diciembre de 2015

Automático 06/12/2015



Solo un niño manchado de barro y risa. Mi mundo de palabras escuálidas y olas de carne y voluntad para hacer un niño salvaje y bello. Ser el canalón por donde la lluvia cae y levanta su curva fértil de aprendiz de mundo. Abrirme los pechos destinados al ego para levantar toboganes míticos, dejar que me atropelle con su triciclo a 10 kilómetros por hora.

Dejarme llevar por sus ojos a punto frescos como renacuajos. Ser el bastón que se parta por la mitad para que él no toque nunca el suelo.

Tener un hijo como quien tiene un sueño. Dejar de ser yo para que él pueda ser. Hacer lo contrario a multiplicarme, dejando que se escurra por los huecos de mi tiempo.

Una niña que navegue todos los charcos y que sonría con cada gota. Sus coletas de salvaje que imiten a Pippi Langstrum o las cataratas de Iguazú. Un niño, una niña que corran tras la pelota del mundo y que no se cansen nunca.

Enseñarle a leer. Abrir la puerta de un libro y que puedan jugar todo lo que quieran, como en los pueblos. Como en los ríos que atraviesan y se cruzan con las calles. Invertir todas mis arrugas en el ángulo de su risa. Abrigarle y tener un nido para cuando vuelva cansado. Ser con mi novia un pedazo de su pasado, la sujeción que le impida caer al suelo al hacer puenting, el trozo de tierra donde empezar el brote.


Empezar a hablar de nuevo. Volver a mirar desde el ángulo esencial de un niño. Desnudar mi historia de mi cuerpo y acercarme a su aprendizaje con el teatro de lo ya vivido. Dar pasos para atrás y acompañar sus primeros pasos y ser el cauce por donde salga al mar. 

5 de diciembre de 2015

Automático 5/12/2015

París, 1956 (by Robert Doisneau).

Hacíamos una hoguera con aquellas horas de estudio y madrugones y la prendíamos fuego los viernes, en la cima de la semana, justo donde empezaba la cuesta abajo y sin frenos.

Nos olíamos y nos buscábamos durante la semana. Ansiosos por descubrir colores nuevos en la oscuridad fértil de las noches de viernes y sábados. Allí donde jugábamos a perder y donde íbamos creciendo y ardiendo.

El ritual empezaba en el supermercado con la búsqueda de dinero colectivo para los vasos, el vino, los hielos y la cocacola. Brillábamos como luciérnagas siniestras que atraviesan la noche contaminando las calles tranquilas del pueblo hasta llegar al parque, escondidos de las ventanas de los vecinos y de sus vidas mansas de corderos.

Entre minis y besos íbamos desgastando la noche, bañándonos en ella como linternas que van ganando energía con el movimiento de las mareas. Como chispazos jugábamos a las cartas, nos hacíamos fotos y fumábamos sin que ningún humo empañara nuestros ojos.
Desde el pueblo llegábamos a Madrid a meternos en ese recorrido de bares escondidos, desaparecidos durante la luz, que tan solo nuestros cuerpos conocían. Nunca dejarse llevar fue tan fácil y el agua tan clara. 

¡Éramos la barca de cerveza y kalimotxo con la que descubrir la temperatura de la noche!

No conocíamos el cansancio y solo nos dejábamos llevar. La noche era un imán que huía del frío de la mañana y nosotros demasiado frágiles para soportar la eternidad en nuestras gargantas.

Creímos inventarlo todo y tan solo pasamos por ahí, por ese espacio dulce y agrio que se nos queda pegado a la lengua y que recordamos toda la vida. Amigos como altares de la complicidad y del mejor momento de nuestras vidas. Atados por siempre a aquellos momentos en que nos creímos únicos, y lo fuimos, pese al veneno del tiempo que ya estaba derribando la puerta. 

4 de diciembre de 2015

Automático 04/12/2015

salida de la noche. Aparecida en medio de la casa como cada mañana sin que nadie lo investigue,  sin que nadie venga a estudiar esta brecha en el espacio tiempo. Te levantas y creces en mejillas y la el recuerdo de aquellas risas que tienes en la cara. Esas arrugas curvadas que dicen “aquí hubo fiesta en días azules, soy un huerto para carcajadas futuras”. Y tus hoyuelos como pozos de agua fresca, banco de peces como flechas a mi felicidad.

Me levanto y en tus ojeras diminutas, como barricadas de cansancio, planto yo mis manos torpes para intentar derribarlas. Restriego mi lengua de gato viejo y torpe para curarte los relámpagos de pesadillas. Llevamos meses sin ir al supermercado a por fruta. Desde que duermes conmigo, cada mañana aparecen plátanos, maracuyás, phisalys y mangos de debajo de la cama y esto se nos ha ido de las manos.

Eres el camino por donde vuelvo al mundo, el escondite donde salgo de él. Los días de la semana que sí que paso contigo los guardo como canicas únicas en el mundo. Como piedras de río que trabajamos con la lija de nuestros cuerpos.

Me estoy llenando de ti desde el fondo. Como si fueras radioactividad o mercurio llegas hasta el fondo donde tu sustancia no se diluye. Soy la bombilla que lleva 30 años apagada y de repente llegas tú, me enciendes, y te desnudas.

Ya puedo tirar toda mi sed antigua a la basura porque esta sed nueva no quiere esa agua. Quiero un agua filtrada por ti, tu sudor, el recreo de los delfines.


Lagartija que nunca pierde la cola, puñado de coral encontrado en una esquina de la ducha, un trozo de mar atrapado en un cuerpo. Los días sin ti se alimentan de plomo y no quieren irse nunca.

¿Qué imperio dejaste atrás para unirte y sujetar a este árbol que intenta fruto?


3 de diciembre de 2015

Automático 03/12/2015

Los desiertos quieren ser playas y las ciudades sueñan con la escalera de verdes de las junglas de verdad. En las tiendas los precios rompen las herramientas, los paquetes de leche y el dinero gotea y moja los pies de los descalzos.

Amanece poco tiempo en Madrid y ya salimos los poetas en las noches a buscarnos las letras como quien se busca un hilo suelto. Así somos de grifos. Así somos de grillos agitando las patas del desconcierto y de las vocales.

Miro los mapas y se me enredan como los cables de los auriculares. Las calles no hablan el mismo idioma líquido que mis venas y no sé qué pieza soy y si este es mi puzzle. Hay miles de hogares en Madrid y todos ellos tienen cepillos de dientes que limpian los sueños crecidos en la noche como malas hierbas. Qué misterio este de la gente que no se saluda por la calle. Qué misterio este de la gente que no se cuida y no se mira.

Millones de submarinistas entran en las oficinas y saben que no van a descubrir galeones ni sirenas. El oxígeno contado en los tiempos del océano de plomo. Las mujeres siguen apaleadas por traer al mundo a sus crías y nadie escucha el grito del futuro. Todos viejos y nadie que aprenda a caminar y a limpiarse los mocos.


Estar en paro es un pause, la hora del recreo entre matemáticas y economía. Voy a quedar contigo a tomar un café que me haga ser humano. Azúcar, tú, nuestro pasado, contarnos el tiempo. Voy a escuchar cómo desenrollas el papiro de tu día a día porque me interesa. Estoy haciendo un cursillo para escuchar a los amigos. Dan 10 créditos en la universidad y se convalida con mil horas en facebook. Vamos a ser oasis en la autopista de la ciudad. 

2 de diciembre de 2015

Automático 02/12/2015

bailo cansado el silencio de la noche que tu dejas detrás de ti como moscas muertas.
Paladear el ruido de campanas que amanece cuando te levantas de la cama y me miras la médula para que todo siga bien, enganchado todo al rayo vegetal que somos juntos.

Te eché de menos como las fieras, golpeando mi cabeza contra el muro de tu silencio y espacio vacío. Como ducha caigo en tu piel en los días calientes de sogas y ladrillos gastados. Estoy buscando el país que soy, el territorio que he sido siempre y que quiero llenar de maleza. Hierbajos sagrados que permitan el refugio de los zorros y las perdices, aterrizaje para el sol de las 8.15 de la mañana.
Vas al trabajo y en el camino queda el imperio de saliva que fuimos en la noche. Yo cuido la cabaña y desordeno el aullido. Caliento la casa golpeando las paredes para que cuando vuelvas manchada de ciudad puedas calentarte los labios.

Juego de parejas con frío y calor, somos la órbita de los locos que no alcanzan nunca el centro del fuego sin palabras pero que extienden sus manos como brújulas.

Tengo una casa que no es mía y ya es refugio antinuclear por la energía de los libros empotrados en la pared, moviéndose en espasmos, como turbinas que quieren enchufarme su latido. Aquí compartimos el amanecer continuo de tiempo. En este rectángulo infinito de 30 metros.

Para llegar a ti, volveré a buscar abrigo para todos los niños que fui y que pasan frío entre mi húmero y mi muñeca. Ahí alojo yo los recuerdos pero noto un exilio. Ya no recuerdo el escenario para mis juegos y no se escucha viento. Algo se me escapó de las manos y yo solo miraba hacia delante, aunque me moje de muerte a cada paso no puedo dejar de mirar hacia delante.


A veces meto la mano en el fondo de mí, como el mago o la comadrona, y encuentro trozos de carne que te regalo, como hace el lobo con sus crías. 

1 de diciembre de 2015

Automático 01/12/2015



Amar la caída sagrada. El bache en el camino que nos rompe la costra del ojo para vernos. Necesaria la velocidad, el desequilibrio y amar la mentira de los mapas. Se me acaba el contrato y empieza todo lo demás. Amar puñados de letras vomitadas en el último momento y leídas frente a gente desconocida que bebe café en el vértice de la mañana. 

Amar la mugre que se acumula en las máquinas grasientas de la memoria y que rescato a media noche. 

Soy un yonki de mi esqueleto, armazón líquido de salivas viejas por el túnel de las quemaduras. Allí donde escribí mi nombre con las letras que ellas me decían. Baile eléctrico que desajusta el acero de mi cerebro, fundido por las grapas de la responsabilidad, de la vergüenza, y afilarme en el ángulo de los acantilados.
Un día.
Un día antiguo y presente dormí en un autobús sagrado que me bajó a las cuevas de la tierra donde me quedé desnudo. Viajando volví a la casa. A los pedazos de mí que encontré en los abrazos de los otros. Quien dice Chile dice Miraflores o dice sábanas baratas.
Abandono. 

Soy el quiebro que me salve la vida. Es tarde ya y pronto para empezar la fiesta. Ya hay muchos como yo en el mundo y yo me espero a mí mismo allí donde fui feliz.

Me agarro a la sombra que los hermosos van dejando por el camino que dejan detrás. Seré uno de ellos. Miembro de tendones poderosos y misteriosos del grupo de los viajantes. Me pongo firme, se secó el río de mi yo admirable y formal y trabajador. Siempre seco el cauce responsable encima de la mesilla de mi madre. 

Donde yo soy no hay nómina. Donde yo soy el invierno de Madrid llega y se da la vuelta. Hay un viaje que me da vueltas en la tripa, lavadora oráculo de futuros. Nunca tan feliz como entonces. Allí fuera, el tiempo invisible corre paralelo a mi tiempo. Tengo prisa y voy bufando a recuperar el tiempo que no fui. 

Veo documentales de la 2 para llenar mi currículum, preparando mi salto en paracaídas,
quiero llenar todos los caminos, no repetir ninguna huella, quiero ser el cartero que me reparta las cartas que escribí en aquellos momentos felices donde mi hambre no terminaba.

27 de octubre de 2015

"Momento Meki", poetas unidos para levantar una escuela en Etiopía

Justo hoy se cumple un mes del evento "Momento Meki", en el que varios poetas nos juntamos en el Campo de la Cebada de la Latina, en Madrid, para, a través de nuestros poemas, donar todo lo recaudado para construir una escuela en Etiopía. 




Más de 40 poetas nos colocamos frente a las máquinas de escribir (en turnos, desde las 11:00 de la mañana hasta las 19:00 horas de la tarde). Después, la gente que se acercó a la plaza nos pidió poemas sobre los temas que quisieron... y esto fue lo que pasó:





19 de octubre de 2015

Nueva entrada en la Galla Ciencia: Poesía vs Trabajo




digamos que necesitamos sobrevivir. Digamos que para poder llevar dinero a casa (ay, llevar a dinero a casa, como si esa casa fuera nuestra y no estuviéramos solamente de paso) hace falta hacer cosas que no nos gustan, que nos hacen tener sueño, que nos hacen estar malhumorados y ocupados. Pongamos que esto es así y que lo asumimos. Vale, ahora nos quedan 16 horas libres al día (como mucho).


(...)

(para ver la entrada completa, pincha aquí)

9 de octubre de 2015

El vagón que transita mundo, de Olaia Pazos y Con versando, entrevista que le hizo Paloma Corrales

Ayer estuve viendo la obra de teatro de Olaia, El vagón que transita mundo, en el teatro del arte, en el barrio madrileño de Lavapiés. Después de verla, me quedó la sensación de haber visto a alguien que no es de aquí, sino de otro tiempo, otro espacio más limpio, más protegido. 



Es una desajustada, salvaje: libre. No mantiene el control en ningún momento porque las cosas buenas no mantienen el control. Olaia es otra cosa. Se mueve como acunada por un viento. Un viento que algunos hemos sentido alguna vez, pero que ella tiene dentro como los demás tenemos riñones, pulmones o recuerdos. Es una bestia y por eso hace lo que quiere. Pequeñita y rebelde. Amazónica y gallega y urbana y víctima. Heroína del nervio de la adolescencia camina, no, no camina, corre hacia adelante y nos enseña su viaje. 

Merece la pena, mucho. 

Y para que conozcáis a este animal de letras y brazos largos y hambrientos, aquí os dejo la entrevista que la periodista y poeta Paloma Corrales le hizo a Olaia en el bar Diablos Azules hace unos años:


1 de septiembre de 2015

Nueva entrada en La Galla Ciencia: salir a fumar

Llevamos ya cuatro años de ley antitabaco. En este tiempo he pasado por diferentes actitudes ante el tabaco (y ante esta ley, claro) que solo he conseguido revelar de manera sincera ante Vicente, mi médico, y que van desde el  “yo no fumo”, a “bueno, algún cigarro que otro”, o a “un par de cigarros al día”. Hasta ahora. He conseguido sincerarme conmigo mismo y ya llevo una semana sin fumar, evitando acompañar cualquier cerveza o café con el magnífico tándem que supone un cigarro (y más con el attrezzo perfecto que supone el terracismo con su calor y tal). 

(para ver la entrada completa, pincha aquí)

3 de agosto de 2015

Nueva entrada en La Galla Ciencia: dejar en paz los tiempos muertos



Montar en el metro, en el tren o en el bus tiene algo de pausa. Durante un rato (cada vez más con la falta de medios en los medios, mira qué cosas) tenemos que enfocarnos en un libro o en una aplicación del móvil o yo que sé, pero ¡ah!, si se te ha olvidado el móvil o el cuaderno o el libro, ¿qué hacer? ¿Que qué hacer? Pensamos en qué hacer como si nuestra vida fuera el agua de un cubo y estos pequeños tiempos muertos e “inútiles” la raja por donde se escapa nuestro “aprovechamiento”. ¿Qué hacer? Pues hacer lo que se ha hecho siempre, mirar a la gente, o el paisaje, o pensar en tus cosas o yoquésé.


(para ver la entrada completa, pincha aquí)

15 de julio de 2015

arrastrarse por el día hasta llegar al pozo de nuestros cuerpos
prueba olímpica sagrada donde dejamos atrás el cascarón de la piel
chocar con el almíbar de las verticales que nos recorren.

Lamer el musgo que crece en nuestros huesos
bajar a lo húmedo y liberar pájaros atrapados en la oscuridad.  

Cansarnos y descansarnos todo en la misma rama de hombro o de labio.
Salir a celebrar el zumo de nuestro amor con cerveza y amigos y bares sucísimos y alegres.
En la espiral de las calles nos dejamos llevar como peonzas líquidas, héroes en la caza del kraken de carcajada que atraviesa la profundidad abisal de la noche de Madrid.

Bucear en las grutas hasta quedar aparcados en las orillas cuando se secan los vasos.

Sujetos uno al otro en la resina de la lengua y llegar a nuestra casa,

atléticos de tendones y fiebre tropezamos con el hormigueo tropical que nos sacude y nos acerca al misterio, al descanso, a la barca que cruza la oscuridad y nos lleva desnudos a la mañana y a la resaca de las olas. 

12 de julio de 2015

Éramos el río donde chocaba la lluvia


A veces paso por la calle con los ojos no tan abiertos hacia afuera, hacia el día repetido que sea, ya puede ser lunes o miércoles o diciembre. Hay esos días que se repiten como conchas en la nieve, muy al fondo, en su recuerdo. Y es en esos días extraños y escondidos cuando pienso que estoy yendo a las fiestas de mi pueblo. El esqueleto de mi pueblo se llena de chicas de Madrid, vienen los colegas, y es aquí donde el verano descansa. Aquí. Tendré diecisiete y hay trozos de electricidad oscura en el aire. Todos sabemos que es un pueblo como cualquier otro, que no somos nadie, que no somos mejores, pero estamos aquí y hoy lo pasaremos bien. 
Alguien aparece. Alguien a quien hacía mucho que no veíamos. No existía mensajería instantánea y por eso las relaciones no se reblandecían y morían como ahora. Todo se interrumpía en Otoño, en lo alto, encrespado, y se mantenía así en el recuerdo, furioso. Y nos abrazábamos como nunca más nos abrazaremos. ¡Abrazos olímpicos en un pueblo pequeñísimo! No hacía falta decirnos nada, sonreíamos como descubridores del fuego y alguien preguntaba

¿Quién pone pasta para esta noche?

Nadie tenía pasta, ni casa, ni coche, ni horarios. Luchábamos contra la superficie de la normalidad con nuestras películas japonesas, alemanas o peruanas, yo qué coño se. Éramos extraños y no queríamos cambiar el mundo. Queríamos que el mundo se mantuviera así, en alboroto, a punto de empezarlo todo pero no aún. Celebrando el cambio que llegaría al día siguiente del domingo. Cuando la resaca nos deje movernos. 
Después cada uno volvía a su casa y la telaraña de los puestos callejeros, de la comida grasienta y perfecta nos atrapaba como aviadores ciegos. Nadie nos llamaba por teléfono porque no lo teníamos o lo teníamos en un cajón, para que no se perdiera. Éramos el río donde choca la lluvia. Así nos sentíamos. Buceadores de la adolescencia y os juro que apreté con fuerza los dientes. Os lo juro porque me muera ahora. Quise que se repitiera ese carnaval sincero y cuesta abajo. Quería ir con todos ellos, con todos y con todas, todos nosotros, veinte o treinta, qué más da, atravesando las calles y los años, camino al mejor parque del mundo donde dejarnos caer por el misterio del kalimotxo. Así, y las novias no eclipsaban el mundo que se nos abría. La mañana estaba lejos como los planes de pensiones. Teníamos la boca abierta para reír, para darnos enteros como animales en llamas. 



19 de junio de 2015

horror vacui

Parece que ya no quedan huecos. Todo se ha llenado de actividad y actividades. No se puede parar. No puedes esquivar esa penetrante y repetitiva sensación de estar perdiendo el tiempo, estar cada momento más cerca del fin, de la inactividad total. Y mientras tanto, solo importa cómo aprovechas el tiempo. Llenarlo de dinamismo, de aplicaciones de móviles, de películas, de música e, incluso, de libros. Parece que aprovechar el tiempo significa embutar la cultura, la formación, el amor, las amistades. Apretar todo bien, ponerle una goma al paquete para que no salte y aprovechar el tiempo. Si piensas en un día cualquiera, desde el momento en que te despiertas hasta el momento en el que cierras los ojos (porque incluso acostado también tienes que ser activo), no dejas nunca de hacer cosas. Esas rendijas, esos ratos “muertos” no serán “muertos” nunca más. Escribir el whatsapp mientras escuchas música mientras intentas leer un libro mientras abres el twitter y una página de internet. ¿Ratos muertos?
El aire es un lujo que no nos podemos permitir. No ser activo es morirse, dejarse morir mejor dicho. Si te mueres mañana, al menos, que no te digan que no aprovechaste la vida.

18 de junio de 2015

tenemos los ojos puestos en el espacio cercano y no podemos ver más allá. No podemos dejar de mirar la comida porque nos morimos de hambre. No podemos apartar la vista de la televisión porque nos desconectamos y eso es el fin. Dejarse llevar, dejarse vivir sin estridencias.
Lo cómodo te arrastra, la dificultad te levanta. 

15 de junio de 2015

Entrevista anónima 1


¿Cuál es tu mejor recuerdo de la infancia?
Bueno, no se si es el mejor pero es uno muy interesante, que me gusta mucho y en el que me he recreado algunas veces y es un barco pesquero que había abandonado en la playa de Huelva, cuando vivía en Huelva. Era un barco pirata en el que, bueno, no lo era no, pero era un barco en el que me podía subir, en el que investigaba, tenía aventuras. Molaba un montón, porque además mi vieja había montado una historia, y era de mi casa a la playa y vuelta, había personaje de cuentos que vivían en alcantarillas, en edificios abandonados y eso molaba un montón. Eso era emocionante.
¿Qué es para ti la cultura?
La cultura es todo lo que somos, para mi. Mis profesores se enfadarían por no recordar la definición de cultura que estudié hace dos años, pero la cultura es todo lo que somos, todo lo que transmitimos lo que nos identifica y lo que vamos conformando día a día. Es lo que construimos que nos identifica, como grupo humano. Y también lo que heredamos. Lo que construimos mezclado con lo que heredamos. Vamos modificando lo que heredamos para actualizarlo. Es que a veces no somos conscientes de que jugamos ese papel y se nos va de las manos.
¿Crees que se puede cambiar la sociedad, o es algo que no se puede modificar?
Pues depende del día que tenga (risas). Depende del día que tenga. Si, si se puede cambiar. De hecho cambia. A cada instante cambia, con cada decisión que tomas y cada cosa que haces la sociedad cambia. Lo que pasa es que a veces no sabemos, no tenemos la capacidad o la consciencia de decidir hacia dónde cambia ¿no? hacia dónde la cambiamos.
¿Crees que el amor es algo necesario, o se puede vivir sin amor? (amor entendido como pareja)
¿Dónde dices que va a salir publicado esto? (risas) ¿Quién lo va a leer esto? Yo creo que es importante y es una experiencia básica para conocerse a uno mismo y creo que está sobrevalorado. Y creo que está muy infravalorado aprender a vivir sin pareja, que creo que es una parte muy importante. No es como decía, tampoco me quiero poner redicho, pero en el libro de La abolición del trabajo en el que Platón decía que los trabajadores manuales no tenían tiempo ni para ejercer de ciudadanos responsables ni de amigos, pues creo que hay un cierto parecido con la pareja.
¿Qué opinas de la tecnología? móviles, ordenadores, whatsapp, ¿nos acercan o nos separan?
Hombre, con gente con la que no tienes posibilidad de compartir espacio físico evidentemente te acerca. Pero si dejas de cuidar o de participar en los espacios físicos en los que se comparte con las personas físicas por estar conectado con gente que no está en ese momento ahí, creo que te aleja de la gente más inmediatamente cerca. Creo que nos atomiza mucho, nos aliena. Te abstrae mucho de lo que tienes que hacer, en el momento en el que estás, en el sitio en el que estás. Y ya poniéndome tierno, te abstrae de a qué huele, a qué temperatura está el aire, qué textura tiene la mesa o el suelo, porque quieres estar en diferentes sitios hablando con diferente gente de diferentes temas y el que mucho abarca, poco aprieta.
En este momento de tu vida, ¿cuáles son tus necesidades con respecto a tus necesidades por cubrir?
Pues, mis prioridades ahora mismo son. Bueno, por decir algunas, que supongo que hay muchas. Hay algunas que son manifiestas y conscientes y otras que no. Pero hay una que me inquieta que es la realización personal. La realización personal y la construcción moral y la justicia en general.
¿Qué crees que necesita el mundo de nosotros los seres humanos?
Pues que lo dejemos en paz ya, que nos extingamos (risas) porque es que ya no va a dar abasto, tío. No lo se, yo creo que muchas cosas. Que cambiemos radicalmente, no, yo creo que el mundo necesita que cambiemos, que dejemos de interactuar con él como lo estamos haciendo ahora, no. Que seamos capaces de cambiar los paradigmas.
¿Cuánto hace que no introduces un cambio en tu vida prioritariamente para romper tu rutina? ¿Cuál fue el último?
Pues el último fue, bueno, quizá ha habido algún otro, pero así que me salte ahora mismo, que me venga a la cabeza, el dejar de fumar el lunes pasado. Dejar de fumar el lunes pasado ha sido un cambio voluntario, necesario, que rompe mi rutina, que rompe mi forma de vivir el día a día, de entenderla y de participar.
¿Cuándo fue la última vez que sentiste que te ponías a prueba o buscabas tus límites?
El sábado pasado con la bici (risas), lo pasé muy mal, si, si. Más allá del cansancio, más allá. Es una especie de meditación el deporte. Cuando realmente eres capaz de apagar la mente y luchas por respirar, por sobrevivir y llegar un poquito más lejos y te conviertes en una… no es una máquina pero si es un animal, eres una máquina animal, a quien le importa el momento, lo que estás haciendo, importa el momento, estás concentrado en ello y dejas lo accesorio de lado.
¿A qué te gusta dedicarte al margen del trabajo? ¿Qué te hace disfrutar, te inquieta o interesa?
Bueno, la bicicleta por supuesto, pero es algo demasiado obvio. La política, las relaciones humanas, una cosa que me fascina, y el aprender.

EL COMIENZO

Yo creía que todo esto sería más fácil. Ya sabéis, lo de la eme con la a ma, y todo eso. Algo mecánico y suave, que se pudiera seguir sin prestar demasiada atención. Como quien escucha la radio o quien se lava las manos. Pero la cosa se complicó poco a poco. En el colegio, el instituto, y en la vida de media distancia no se notaba tanto, pero para la corta distancia había que tener mucho cuidado; las palabras se afilaron.
Pudimos ver a nuestros hermanos llorar, a nuestros padres llorar, discutir, pelear. Las palabras se envenenaban. O se cargaban de palabras suaves y cálidas. Cuidado. Esto no te lo enseñan en el colegio. Te quitan las palabras peligrosas de la lengua y te dicen, ala, apáñate. Pero hay veces que eso no es demasiado y no se puede decirtienes los ojos llenos de niebla, por ejemplo, igual que se dice deme una barra de pan, por favor. Las palabras peligrosas no se aprenden en la escuela. No, no se puede, porque
el lenguaje es el camino que aprende el ciego.

25 de abril de 2015

Comentario de "La mirada del otro", obra de teatro en La Cuarta Pared


El próximo día 7 de mayo, y hasta el día 16 del mismo mes, vuelve a la sala Cuarta Pared de Madrid, la obra La mirada del otro, de la compañía Proyecto 43-2. Dirigida por Chani Martín, y con los actores Ruth Cabeza, Pablo Rodríguez y María San Miguel, La mirada del otro nos cuenta el proceso de sinceridad y valentía que supuso el encuentro en 2011 entre ex miembros de ETA y víctimas directas o indirectas de los ataques terroristas, con la preparación previa de mediadores.



Y con esa materia real, fresca e intensa, se ha creado La mirada del otro. El espectador entra dentro de la escena quiera o no quiera. La exposición de posturas es tan franca y tan sincera que nos encontramos del lado del asesino sin darnos cuenta. Y de la víctima, claro. Los regates del diálogo, trabajadísimo y muy buen interpretado y dirigido, no nos dejan acomodarnos en un punto de vista, sentarnos a mirar la obra desde un único punto de vista. 

Aitor era un chaval cuando le pusieron una pistola en la mano y le dijeron a quién matar. Pum, esta es mi tierra, mi refugio. Y veinte años después, después del silencio, después de la educación y la reflexión en la cárcel, llega la culpa y decide pedir perdón. 
Las cosas no se arreglan a tiros, decía el Aita, padre de Estíbaliz y víctima de ETA, de Aitor. Presencia durante toda la obra, articulador y plaza donde se juntan los enemigos. Estíbaliz, con el odio gastado después de tanto tiempo, quiere saber, quiere respuestas, quiere saber cómo alguien puede matar a otra persona sin apenas conocerla. Y se atreve a acercarse al asesino de su padre, al monstruo, y escucharle. 



Hay un proceso de acumulación en La mirada del otro. Según avanza la obra, la empatía con ambos actores crece a un ritmo similar. Somos víctimas y verdugos a partes iguales. Y esto es muy jodido de conseguir. El mérito de este equipo, tan amante del teatro en su nervio más potente e interno, es conseguir despejar a las personas de su plomo ideológico para que podamos verles la cara, la lágrima, la mirada. Se trata de un acto de sinceridad con una tragedia humana y cercana, mucho menos política que humana. La mirada del otro es un acto de reconciliación, de pacificación, muy necesario que podrá disfrutarse, como dije antes, del día 7 al 16 de Mayo en Madrid, en la sala Cuarta Pared.  





Este montaje es la segunda parte de una trilogía sobre Euskadi, de la compañía Proyecto 43-2.
Este grupo trabaja con la memoria colectiva y la convivencia con el otro, pretendiendo establecer una nueva forma de entender la realidad social utilizando como medio el teatro y el diálogo conjunto con el público.

13 de abril de 2015

Los nadies, de Eduardo Galeano

Sueñan las pulgas con comprarse un perro
y sueñan los nadies con salir de pobres,
que algún mágico día
llueva de pronto la buena suerte,
que llueva a cántaros la buena suerte;
pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy,
ni mañana, ni nunca,
ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte,
por mucho que los nadies la llamen
y aunque les pique la mano izquierda,
o se levanten con el pie derecho,
o empiecen el año cambiando de escoba.

Los nadies: los hijos de nadie,
los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados,
corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos,
rejodidos:

Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones,
sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos,
sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal,
sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies,
que cuestan menos
que la bala que los mata.


Gracias Eduardo, 



 

2 de marzo de 2015

aquí



aquí nadie apunta a la muerte,
que no contamine la lengua su silencio
que no ponga sus paraguas reventados en nuestra puerta.

Pero la muerte es una vena podrida que explota,
una esquina
el vértice de una boca con miedo.

Está aquí, la muerte es nadie y centro,
el eco del esqueleto del pájaro.

Hay que vigilar su velocidad de ausencia
que no se ponga cómoda en los despertadores,
que no se encapriche con tu pelo mitológico.

Algunas personas sienten que se acerca la lluvia porque le duelen los huesos.
Así siento yo la muerte,
escondida en la arena de los espejos, con su tambor de silencio bajo mi ropa
soplando la cerilla encendida de mi lengua.