Islas divergentes

Automático 03/12/2015

Los desiertos quieren ser playas y las ciudades sueñan con la escalera de verdes de las junglas de verdad. En las tiendas los precios rompen las herramientas, los paquetes de leche y el dinero gotea y moja los pies de los descalzos.

Amanece poco tiempo en Madrid y ya salimos los poetas en las noches a buscarnos las letras como quien se busca un hilo suelto. Así somos de grifos. Así somos de grillos agitando las patas del desconcierto y de las vocales.

Miro los mapas y se me enredan como los cables de los auriculares. Las calles no hablan el mismo idioma líquido que mis venas y no sé qué pieza soy y si este es mi puzzle. Hay miles de hogares en Madrid y todos ellos tienen cepillos de dientes que limpian los sueños crecidos en la noche como malas hierbas. Qué misterio este de la gente que no se saluda por la calle. Qué misterio este de la gente que no se cuida y no se mira.

Millones de submarinistas entran en las oficinas y saben que no van a descubrir galeones ni sirenas. El oxígeno contado en los tiempos del océano de plomo. Las mujeres siguen apaleadas por traer al mundo a sus crías y nadie escucha el grito del futuro. Todos viejos y nadie que aprenda a caminar y a limpiarse los mocos.


Estar en paro es un pause, la hora del recreo entre matemáticas y economía. Voy a quedar contigo a tomar un café que me haga ser humano. Azúcar, tú, nuestro pasado, contarnos el tiempo. Voy a escuchar cómo desenrollas el papiro de tu día a día porque me interesa. Estoy haciendo un cursillo para escuchar a los amigos. Dan 10 créditos en la universidad y se convalida con mil horas en facebook. Vamos a ser oasis en la autopista de la ciudad. 

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