Islas divergentes

Aquí estamos donde la ropa nos separa

 Photo by Alex Iby on Unsplash

 
donde tu belleza es madriguera en el grito de la ciudad,
una concha, una mano aprendiendo a nadar en la noche.

Somos esta suma de ríos, amuleto escondido,
limpiar la casa y mantener el cuerpo sucio, vivo,
multiplicado en la magia de la ducha donde no acaban los brazos.
Ensayo de mar en la espuma cayendo por tu espalda
como una catarata perezosa:

nieve ardiendo al caminarte.




10 libros para cazar al vuelo

(publicado originalmente en LaGallaCiencia, en 2017, pero sigue vigente)



1. Olalla Castro, Entre-lugares de la modernidad, publicado por Siglo XXI, 2017


Y sí, me diréis, tiene un título larguito. Y sí, os diré, es un ensayo. Y si lo pongo aquí, en el noble espacio en blanco del blog de la GallaCiencia es porque creo que es el libro que más pegado al cerebro se me ha quedado en este año. Un boom en toda la cara a los posmodernitos insulsos sin chicha filosófica, porque no toda la literatura iba a ser la publicada por las editoriales chicle de usar y tirar (Frida, Brisa ediciones, etc.). Olalla se cuestiona si es posible recuperar las ruinas de las grandes epopeyas modernas (comunismo, ilustración) y, más allá, si es viable después de haber visto en qué cristalizaban dichas propuestas (Stalines y tal). Pero lo mejor de este libro es que pone el suelo para que otro pensar sea posible, que esta amalgama posmoderna (llámese mercado bajo piel deloquesea) llegue de una vez por todas a su fin.

-Publiqué una reseña en Ocultalit.com, por si quieres darte un paseo. Aquí.

2.Bárbara Butragueño, Casa útero, Calambur, 2016

Este libro fue recibido con ansia, con sed. Bárbara llevaba muchos años sin publicar (3 en concreto, desde Incendiario), pero la sensación (térmica, si se quiere) dejaba caer que era mucho más. Descarnado, surrealista, imágenes con su espacio para llegar a construir metáforas. Libraco.

3. Andrea Mazas y Antonio de Pinto, Mi columna vertebral, Baile del Sol, 2017

Libro + disco de Andrea y Antonio que celebran la vida, joder. Hacía tiempo que no me contagiaba de tanto buen rollo cercano, hogareño. Qué difícil es hacer esta poesía, esta música, pero qué necesaria. Muy buena combinación para echarse un buen rato leyendo al lado de la lumbre/escuchar en el coche (que es el único sitio donde, por desgracia, se siguen escuchando los cedés).

4. Emilio Gancedo, Palabras mayores, un viaje por la memoria rural, Pepitas de calabaza, 2017 (3a edición)


Lo que hace la editorial logroñesa Pepitas de calabaza es para levantarse el cráneo. Además de su corriente más puramente ácrata (de la cual también soy seguidor), que den espacio a libros como este, de Emilio Gancedo, merece que les vaya tan bien como seguro les va. En este libro se pone la vista en aquellos territorios que vemos en menos de un par de segundos cuando vamos en coche de ciudad a ciudad, o a tamaño hormiga desde nuestros vuelos baratos. Hay un espacio en el mapa abandonado con personas, con historias, con recuerdos. En «Palabras mayores» os llevan de viaje.

5. Daniel Pennac, Las novelas del señor Malaussene: La felicidad de los ogros, El hada carabina, la pequeña vendedora de prosa, el señor Malausséne, Los frutos de la pasión, Moros y cristianos), publicados por Mondadori, 1989-2013


Volví a Daniel Pennac a echarme unas risas, a asomarme a la habitación de la novela e intentar reproducir sus mecanismos (sí, ando en esas ahora, intentar escribir una novela), y me enganché (me volví a enganchar). Daniel Pennac engatusa con su ecosistema ecléctico, divertido, muy francés y misterioso. Os recomiendo, obvio, que echéis un ojo a su primera entrega y ya de ahí me contáis qué tal va el contagio.

6. Laura Rodríguez Sayd, Ama de casa, editado por Ediciones en huida, 2017

 

En este primer libro de Laura podemos ver intensos meandros emocionales que suponen la vida de una ama de casa pero ¡ey!, cuidado, pese a ser un poemario «casero», la poesía de Laura sube la voz para que vaya mucho más allá de la casa cárcel que la sociedad predispone a la mujer-madre. ¡Ah!, y que no se me olvide, la poesía de Sayd encaja muy bien con la crudeza e intensidad del rojo y negro de las ilustraciones de Estefanía García Valencia.

7. Revista de poesía OcultaLit en papel, primer número, 2017

Siempre da bastante subidón ver a otros locos de la poesía allende tu casa, tu habitación, pero cuando ya conoces cómo se las gastan dichos locos, la alegría es doble. OcultaLit lleva ya un tiempo en los mares de internet dando cabida a poesía, ensayo, artes varias, y todo desde un prisma crítico bastante necesario. Hace apenas un mes apareció su primer número en papel (osados) para que disfrutemos sus disquisiciones en papel y tinta. ¡Bienvenidos!

8. Lucía Rodríguez, Cercanías y distancias apócrifas, Hiperión, 2016


A ver, sí, aquí saca la patita mi ego y dice «mi Cercanías fue primero» (saqué un libro en 2016 que se llamó Cercanías, con vías de tren en la cubierta). Pero más allá de esta tontuna, sí que me hizo fijarme en esta vía de escape que es «Cercanías y distancias apócrifas». Sutilmente te va llevando a terrenos extraños, en el cerca-lejos, juegos de manos en los que no sabes hasta dónde llega tu casa, tu cuerpo.

9. Angélica Liddell, Perro muerto en tintorería. Los fuertes, CDN, 2007

Bueno, sí, es teatro y fue publicado hace diez años,pero es que lo he descubierto hace poco y aún sigo recogiendo trozos de mi esquema mental previo por el suelo de mi casa. Una pasada. Una hostia al mundo actual, lean este trocito:

Gracias al tráfico
las clases populares
ya tienen su baño democrático de sangre
en nombre de la libertad.
 

Es el coste sangriento, ¿entendéis?
Sólo en este país,
3.000 muertos al año.

Es el coste sangriento
de la revolución tecnológica.
Vacación y sangre.
Playa y sangre.
Montaña y sangre.
Un coche te hace más libre.
De manera que la sangre
vuelve a contribuir
a la consolidación de la superioridad
de nuestro magnífico sistema.

Además de todo eso,
los neumáticos,
están compuestos de azufre.
4.000.000 de toneladas en Europa,
sólo en Europa,
expeliendo azufre,
el infierno sube.


10. María Sotomayor, Nieve antigua, La bella Varsovia, 2017



¿Sabes? Hace cinco años bajaba de las montañas hasta Madrid cada martes para ir al bar Diablos Azules. Jam Session lo llamaban, palabreja. Y cada martes bajaba de las montañas, una hora y media de bajada, una hora y media de subida. Tres horas. Ese peregrinaje tenía un motivo, la poesía. Y es gracias a poetas como María (y otros, claro, como Carlos Salem, Toño Benavides o Batania) que la poesía es parte constitucional de mi organismo. Más metida en mis tendones que el 155 en la ídem española.

Desde entonces sigo la pista de María Sotomayor, una poeta misteriosa que «iba a su bola», con una poesía exacta y misteriosa como una estrella de hielo, mientras yo andaba con mi pararrayos, captando ondas, relámpagos, cigüeñas. María sigue en la búsqueda y cada año que pasa las pepitas que encuentra son mayores.

Presentación de El despertador de Sísifo en Torrelaguna



No puedo evitar escribir poesía, leer poesía, intentar saber qué es lo que pasa, por qué pasa así y no de otra manera. La poesía es mi martillo y mi lupa, una selva y un tomate. A través de ella os veo a vosotros y a través de ella me véis, aunque no os déis cuenta. No es fácil la mayor parte de las veces. Muchas veces duele, pero otras veces, cuando encuentro en un poema una manera de decir que me explica, cuyo mecanismo dulce de piezas y respiraciones me dice que no estoy solo, me siento feliz.

Sé que es difícil de explicar pero puedo decir que en la poesía conozco mejor y más intensamente. A pesar del daño, como decía.

Este viernes tengo una lectura, una presentación de un libro en mi pueblo, Torrelaguna, y sé que es complicado explicar cómo me sentía cuando tenía 13 o 14 años. No voy a saber explicar cómo no puedo deciros tantas cosas, aunque quiera. No puedo contaros como, aunque parezco normal, por dentro estoy siempre a medias, sin entender, escribiendo y reescribiendo poemas y pensando y pensando en aquello que no fue. No puedo hacer todo esto, no puedo explicarlo más allá de la poesía.

Como decía, este viernes voy a Torrelaguna a presentar un libro, pero es que en este libro soy yo más que en cualquier red social (obviamente), más que en cualquier charla de cerveza y juerga o más que en cualquier partido de baloncesto, por ejemplo.

Soy yo porque en la poesía me encuentro e intento encontraros, saber qué es eso que nos une y hace posible la comunicación.


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De aquel palacio del amor solo quedan cenizas


De aquel palacio del amor solo quedan cenizas

De aquel palacio del amor solo quedan cenizas. Poema


Tu pelo escondido en las sombras del nunca más, y en tu nombre ya no hay chimenea ni playa. 


Construí un palacio al amor: cada ladrillo en estas manos, cada puerta este pecho, cada balcón estaba hecho de golondrinas.
Un palacio para el amor, decía, un palacio para el amor que tuve, como un hallazgo, arropado y caliente, contigo. 


Y en aquel palacio, en aquella certidumbre de presente y bocas rojas, de repente, no estuviste. Te habías ido hacía tiempo ya. Tan cegado en subir las persianas del amor, en quitar las telarañas del no, alimentar las arrugas de las sábanas. 


Hace tiempo ya que aquel palacio no existe. Podridos los cimientos, sin hambre ningún edificio mantiene las ganas de seguir interrumpiendo el cielo. 


Hoy ya no quiero palacios, me basta este imperio que pedaleo en un ahora llamado incertidumbre.

17 de febrero de 2019

olvidado tu cuerpo sobre mi cuerpo,
ancla en la memoria será la silueta del calor que hiciste sobre mí
como una periferia de lo amado
una costra
un recuerdo deshecho en las manos,
aquellas manos que dejaste en mi piel
y fueron raíz y brasa.

Y así arrastro el cuerpo y su peso de cicatrices
duelo entre pasado que no se apaga y futuro que no reverdece,
así camino tu recuerdo,
tu mejor letra, la imposible
y lamo este archipiélago de daño que un día
ya casi deshecho
fue mi única patria.

Automático 20/1/2019


















porque me vienen las voces de tantos lugares solo necesito silencio y que el río se calme. Busco volver al camino donde me perdí, 
ausente de mí y devoto de ti, 
así me dijeron el querer, 
pon tus manos en la tierra cálida del camino y déjate llevar. 

Pero me fui tan lejos de mí que ya no sé volver. 
Atragantado de caminos en internet me pierdo. 
Atragantado de llamadas me ausento y estoy solo, 
sin poder empezarme de nuevo. 

Busco silencio pero antes intento de nuevo el cimiento de un amor que me haga tener destino, no ser sustancia amorfa y débil, 
un cuerpo extraño en la boca para que sea posible el aullido donde todo empieza. 

Te puse en el centro del asterisco, 
el centro del cimiento 
y encima yo
bailando las dudas calladas por tu sonrisa, 
creyente ciego del templo que eras. 

Solo tú yo sabíamos los rincones del laberinto de la memoria única y compartida, 
solo tú y yo hicimos el juego de manos donde nos creímos tan dichosos. 
Y ahora que no estás siento esa memoria amputada y muda,
no consigo completar el puzle de aquel hogar que fuimos. 
Entrar tan adentro de ti y ahora todo oscuro sin la luz que fuiste. 

Estoy volviendo de la deriva, 
naúfrago que ensambla en la playa los restos del desastre y así se construye, 
se da sentido de nuevo, 
construye otro barco que es él mismo. 

Respiro largo cuando te recuerdo intentando expulsar los restos, vaciarme por fin. 
Solo en el vacío es posible el yo. 
Porque yo soy el que me importa ahora y aquí me empiezo.