Por decir algo (24/7/19)

Cerraba los ojos y escuchaba cómo corría el agua bajo la cama.
Como un sonajero frío en la garganta del verano,
como un viernes en las manos de una lagartija, como el horizonte para un gorrión recién desenfudado de alas o como se reconocen letras y calores en una lengua desconocida. 

Cerrando los ojos entrábamos en la piscina del placer: 
la caída de tu asfixia en mi asfixia, 
cada dedo era un puente, ¿recuerdas?, cerrábamos los ojos, desaparecíamos, y luego había que volver a crearse con la arena caliente que era nuestro cuerpo líquido por el placer.

Tus manos fundidas a mi cuerpo y mis manos fundidas con tu cuerpo,
telaraña de color tierra y sudor, 
así se formó esta arcilla que descansa en el recuerdo esperando que algún niño la rompa. 



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