25/04/2020

Esta cuarentena ha evidenciado que vivíamos en la prisa, sin tiempo, con la comida a medio comer y la vida a medio vivir, de aquí para allá, precariados a más no poder. Y aún así nos adaptamos y conseguimos crear, fíjate tú, qué bravos y qué orgullosos somos los escritores. Sacamos nuestra palabra adelante. Leímos como posesos las palabras de otros, aprendimos, nos dejamos seducir y modificar por ellas y no tuvimos más remedio que escribir.

Así, nuestro órgano creativo está más accidentado que un mapa físico, es un hilo que se adapta a nuestra apretada agenda. 

Pero ahora que todo ha cambiado, que el tiempo ya no nos persigue, que la prisa no nos muerde, ahora que tenemos tiempo de CREAR, así, desde la nada, en la intemperie de estar encerrados en casa, sin vivir, parece que no podemos dejar de hacerlo y nos sentimos raros, incómodos, abrumados por el vacío. Así que no, no tenemos que crear ni ser útiles, ni conseguir todas aquellas metas que no pudimos alcanzar por culpa de la precarización. Porque después de que nuestra escritura viviera tanto tiempo en sótanos y bares cutres, menospreciada, ahora que ya tiene tiempo para salir a la superficie, lo mismo está aún alucinando por tanta luz.

Luz 6


Frente al mar,
bajo el sol canta tu brazo en mi memoria,
su oro es un campo de trigo,
y el pan se cuece, acumula sabor.

Canta tu brazo al sol en mi memoria,
yo cierro los ojos,
recojo las migas de felicidad,
hacen camino en el futuro. 


Luz 5


bajo tierra
jugando con las raíces que sujetan el hoy
dormida y húmeda, la luz de mañana coge fuerzas
calcula cómo caer en tu espalda
cómo mojar tu frente
cuál es la mejor manera de llenarte de dicha.


Luz 4

encerrados,
sin sol,
sin ruptura que bautice nacimiento,
tendremos que labrar la luz que nos impulse,
sacarla de cualquier recodo,
de la pereza de un ladrido,
del botón de un beso.

Encerrado,
sin sol,
repito la plegaria de la luz,
recorto su sombra
dejo que pase el amor.