25/04/2020

Esta cuarentena ha evidenciado que vivíamos en la prisa, sin tiempo, con la comida a medio comer y la vida a medio vivir, de aquí para allá, precariados a más no poder. Y aún así nos adaptamos y conseguimos crear, fíjate tú, qué bravos y qué orgullosos somos los escritores. Sacamos nuestra palabra adelante. Leímos como posesos las palabras de otros, aprendimos, nos dejamos seducir y modificar por ellas y no tuvimos más remedio que escribir.

Así, nuestro órgano creativo está más accidentado que un mapa físico, es un hilo que se adapta a nuestra apretada agenda. 

Pero ahora que todo ha cambiado, que el tiempo ya no nos persigue, que la prisa no nos muerde, ahora que tenemos tiempo de CREAR, así, desde la nada, en la intemperie de estar encerrados en casa, sin vivir, parece que no podemos dejar de hacerlo y nos sentimos raros, incómodos, abrumados por el vacío. Así que no, no tenemos que crear ni ser útiles, ni conseguir todas aquellas metas que no pudimos alcanzar por culpa de la precarización. Porque después de que nuestra escritura viviera tanto tiempo en sótanos y bares cutres, menospreciada, ahora que ya tiene tiempo para salir a la superficie, lo mismo está aún alucinando por tanta luz.

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