30 de julio


Quizá la certeza de poder hacer bosques, hacer salones o senderos a través de las palabras nos ha endiosado. Nos ha hecho creer que nosotros tenemos el líquido único y escaso de la razón, el rocío que escapa del dolor y de la risa en el último segundo. Que somos nosotros, y nadie más que nosotros, los que pisamos el charco de la esencia de lo humano antes de que se seque, antes de que llegue lo banal y efímero.

Sin embargo, yo creo en una poesía que llegue caliente, recién hecha, a las manos y a los ojos del lector. Una poesía que no solo embellezca sino que también alimente, que sirva para ser leída y para apuntar la lista de la compra. Una poesía, en definitiva, de aquí mismo, de las líneas de la mano y de las líneas del horizonte, pero también de la línea que hace la comba donde saltan los niños.

Sean bienvenidos, sean bienvenidas a mis palabras.



HISTORIA DE LA BASURA

Vizcarra

Hubo un tiempo en el que la atención de la población estaba centrada en pocos caretos. Hubo un tiempo en el que había una élite para el cuchicheo, por llamarlo así, de los dimes y diretes. Una élite en forma de monarquía, con su abolengo y su poder. Sus amantes, sus traiciones, sus palacetes. Más tarde, esa basura, ese ser ser el foco del cotilleo de los demás, se expandió y llegó a profesiones como toreros, cantantes, actores y escritores que, como además de generar interés por su labor profesional,también generaron intéres por sus «líos de faldas» y vida disoluta. Aquí vienen los programas de televisión de chismes, de cotilleo y de #TELEBASURA.

¿Recordáis cuando se hablaba de TELEBASURA para referirse a estos contenidos?, ¿Será inocente este contenido zafio, estúpido, superficial, machista y clasista? No, no lo creo. Porque los medios de comunicación, además de un espacio que refleja el interés de la población, también es un arma de manipulación.

Y llegamos al día de hoy. Desde la expansión de los realities, cualquiera puede ser famoso. Y no hace falta, como antes, que haya nacido nobleza o que sepa torear/cantar/escribir decentemente. Hoy, lo que importa, es que pueda difundir sus privacidades de manera generosa. Ya no importa el contenido, qué profesión realizas sino que seas un foco de atracción, que tu superficialidad sea atractiva para los demás, que generes cotilleo y chismorreo ya que esto atraerá más que el objeto de tu profesión.

Entonces, ¿para qué sirve el estudio, la formación, el rigor en carreras artísticas y/o culturales si solamente se viraliza y se pone el foco en la estupidez y el chismorreo a través de redes sociales?

En definitiva: se ha democratizado la basura. Hoy todos podemos ser famosos, pero los seremos gracias a la basura que difundamos, no por talento.

7 de julio



En la foto de mi perfil estaba en una caseta de la feria del libro.
Iba a firmar mi último libro.
Me puse camisa.
De manga larga.
De flores.
Hacía calor.
Llevé la mochila llena de libros.
Pero no vino nadie.
No firmé ningún libro.

Y por eso me hice esta foto, para decirme a mí mismo:

Aunque nadie venga,
aunque nadie se acerque a leer lo que escribes,
ponte una camisa de flores,
llena la mochila con las palabras que quieres compartir,
sonríe, aunque sea un poco,
y sigue haciendo lo que tienes que hacer.