15M (1)

 


Es verdad que todo estaba como siempre y nada raro debería haber pasado. Y lo de siempre era una reunión de unos cuantos chavales y unos cuantos viejos que no aceptaban cómo eran las cosas y salían a decirlo por las calles. Pero aquel día me di cuenta de que de que algo sí que era diferente: la cantidad de gente.

Como una ley o una fórmula matemática aquel que estudiaba y se esforzaba encontraba trabajo de lo suyo, podía elegir su futuro a través del esfuerzo y la dedicación. Había esperanza y esta se construía día a día. Pero esa ley empezó a deshilacharse y se volvió fraude. Ya teníamos la sospecha, pero fuimos muchos los que, pese a no legitimar del todo esta correa de transmisión llamada obediencia, la aceptamos: estudiar, prepararse, esforzarse para estudiar algo que nos motivara y formara para trabajos cómodos (o más cómodos y retribuidos que otros, al menos).

 

La mayoría teníamos ese perfil: familias de clase media que, con esfuerzo, habían podido ofrecer tiempo y oportunidades a sus chavales. Sin embargo, toda esa esperanza, todo ese anhelo por la justicia se transformó en frustración y engaño. Y así, en esa manifestación, buscando esa justicia, encontramos que no estábamos solos. Y quizá, como a mí me pasó, encontramos a otros que compartían nuestras reclamaciones. A otros que tampoco habían aceptado el futuro que habían tenidos sus padres y sus abuelos, y junto a ellos caminamos y gritamos las consignas que sentimos como verdaderas:


¡Que no, que no, que no tenemos casa!

¡Lo llaman democracia y no lo es!

¡PSOE, PP, la misma mierda es!

 

Y no, el origen no fue un déficit democrático, una intención de abolir la monarquía o echar abajo el sistema del bipartidismo sino una visión individualista, concreta. No fue en realidad por la democracia sino por nosotros mismos. Nosotros, la generación más preparada de la historia, que creíamos que nos podríamos salvar de la mediocridad y tener una vida cómoda, también fuimos tragados por la frustración y la falta de oportunidades. Pero dijimos no.

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