Siempre contra las dictaduras, los reyes y los explotadores. Siempre con el ser humano. Siempre con y por la fraternidad.



¿Quién dijo quédate debajo, en el lado oscuro de la tierra?

Quién dijo yo obedezco la palabra de Dios y Dios es amor y miedo. Somos los nietos del asesino que nunca preguntó hasta dónde llega la culpa. Los negros se hunden en el estrecho porque el estrecho es una palabra y ellos no tienen boca.

Los que llegan ya no quieren boca, no hace falta, ellos son mobiliario urbano, el animal precioso para el safari de Madrid. Tienen una pregunta que les da vueltas y vueltas en la tripa pero no tienen boca. Nosotros tenemos boca pero nos rodeamos de espejos.

Caminamos el silencio de la herida que no se acaba, herida que no duele con agua de mar y cuerpos cayendo como plumas de pájaros enfermos.

¿Qué infierno hay en el fondo del mar?
¿Cuántos huesos hacen falta para crear una isla?
¿Cuántos litros de sangre negra se necesitan para pudrir los muros de la vergüenza?

Miremos a Dios y pidamos ayuda. Él nos dirá paraíso si nos sacrificamos, si creemos en su silencio. La tierra es un órgano de cada cuerpo y no nos duele que se llene de cadáveres. Nadie nos enseñó a mirar a los ojos ni a construir barcos, ni puentes, ni bocas.

Somos tan poderosos que nos envenenamos.
Cruzamos el estrecho y somos Dioses. Cruzan el estrecho y son ceniceros para nuestro incendio.

Se estrellan contra el mar porque quieren. Como quiere el niño morir en un incendio. Europa no puede ser para todos. Que nadie nos quite nuestros juguetes. Nuestras ciudades necesitan cimientos de mierda y ellos nos sirven, por ahora. La distancia entre tu corteinglés y su hambre es lo que nos hace felices.

Mala suerte, pero aquí no hay sitio.

Muérete en otro suelo, hueles diferente y nunca serás
Obama.

(Poema que pertenece a mi Libro Cercanías, publicado por @bailedelsol en 2016).

https://jorgegarciatorrego.com/cercanias/

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